Gregoris Pyrpylis, maquillador: “Es labor del director creativo reflexionar sobre si una propuesta tiene sentido más allá del ‘marketing’”
Hermès nunca renunció a una lógica fundacional que prioriza el oficio o la función de sus objetos. Lo sabe bien su maquillador, Gregoris Pyrpylis


Las oficinas de la división de belleza de Hermès están a pocas manzanas del emblemático número 24 de Faubourg Saint-Honoré. Hace tiempo que el edificio al que Charles-Émile Hermès trasladó la casa que había fundado su padre en 1837 se quedó pequeño para acoger a todos sus oficios. La Beauté, el dedicado al maquillaje, fue el número 16, el último en llegar en 2020. Lo hizo heredando una tradición y una manera muy particular de hacer las cosas, desde un respeto que roza la adoración por las sustancias y los procesos. “Hermès siempre ha honrado la materia prima, ya fuera cuero, seda, porcelana, metales preciosos… y en mi caso la materia sobre la que trabajo es la piel, es un elemento noble y busco cuidarla”, explica Gregoris Pyrpylis (Agrinio, Grecia, 39 años), director de creación de la Beauté Hermès.
El maquillador lleva cuatro años en la compañía en los que ha sabido cincelar una visión muy singular, pese al panorama saturado: “Hasta yo que me dedico a esto me siento abrumado con todas las marcas que aparecen a diario. En belleza existe una idea de hiperconsumo a la que me opongo. No busco crear cosas estridentes o sin intención, sino colecciones deliberadas, generalmente más pequeñas. Por ejemplo, con el último labial, podíamos haber lanzado 24 tonos porque exploramos todos los imaginables, pero decidimos dejarlos en 14. Creo que es labor del director creativo hacer una edición sobre lo que va a proponer, tomarse tiempo para reflexionar si una novedad tiene sentido más allá del marketing”.
Su tarea a la hora de comisariar es tan certera como su conversación, en la que cada palabra cuenta: aborrece el término viral glow (en inglés, brillo), “porque es algo que no se puede controlar; nosotros preferimos hablar de luminosidad o resplandor, que parten de cierto equilibrio”; tampoco le gusta opinar de looks, porque sus propuestas son más bien gestos que se incorporan sin artificio. “Las palabras tienen poder, siempre les he prestado atención. Así es también en Hermès, así que ya caminábamos por rutas paralelas antes de que yo empezara a trabajar aquí”.

Pyrpylis creció viendo a sus padres, farmacéuticos, despachar a diario. Estudió Literatura Inglesa y un día el mundo se le puso del revés al maquillar a una amiga por diversión para salir de fiesta: “Recuerdo que había una barra beis que le puse por todas partes. No sabía usar los productos, pero tenía claro lo que quería conseguir. Es lo que les digo hoy a los que están empezando, que la técnica es algo que construyes practicando, pero es más importante tu visión, saber qué quieres y dónde te gustaría llegar”.
Su trabajo, aunque impregnado de ese halo de atemporalidad que es sello de la maison, no es ni nostálgico ni inmovilista. Es emocional, pero contenido. “La tradición y el legado no implican que no construyamos mirando al futuro”. Eso sí, a un ritmo propio que no se mueve con los ciclos de las tendencias: en la empresa todos lo llaman el tiempo Hermès. “Es muy respetuoso con quienes trabajan aquí, pero también con nuestros clientes o con el medio ambiente. Se puede extender a muchos niveles porque consiste en hacer las cosas correctamente, sin prisa, y lanzar solo cuando algo esté listo. Eso sí, a veces puede ser hasta frustrante, si quieres crear, tienes muchas ideas y necesitas darles salida. Aquí hay que parar y reflexionar. Yo me quedo con que esta cadencia nos permite ser mejores”.
Un buen ejemplo de ese ritmo sería su última novedad, un fondo de maquillaje que ha requerido de cuatro años de cocción lenta. La firma creó un bálsamo coloreado en 2022, pero la nueva base es la primera con cobertura media, algo que sus clientes venían demandando. Su acabado parece otro oxímoron: mate luminoso. “El planteamiento es una piel radiante, como si hubiera sido acariciada por el sol, por el aire fresco, es una belleza viva”, aclara el experto. “Mi filosofía desde que empecé a maquillar, hace casi 20 años, siempre ha sido conseguir un acabado natural, que puede ser intenso, colorido o profundo, pero no una máscara. No transformar o alterar, sino elevar y revelar la belleza presente. Porque la belleza está por todas partes, solo tienes que entrenar tu mirada para capturarla”.
Por eso no podía concebir un lanzamiento para aplicar sobre la piel que no incluyera activos de cuidado. En este caso, niacinamida al 2%, ácido hialurónico y extracto de morera blanca, un activo patentado que actúa como antioxidante. “El 82% de la fórmula es tratamiento, es un porcentaje muy alto. Quería una base que reflejara todos nuestros valores, algo natural, impecablemente hecho, pero sin exageraciones, que girara en torno a la luminosidad. Si pienso en un artesano del taller, capturará la luz del cuero para hacerlo más flexible y suave. Así me gusta abordar la piel y esta base, en torno a la idea de la luz”.

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