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¿Son seguras las velas aromáticas? Expertos contestan a la pregunta incómoda sobre si son perjudiciales

Por su valor estético y emocional, las velas se han convertido en un básico del bienestar doméstico, pero su uso plantea también interrogantes. Para entender qué ocurre realmente, hablamos con especialistas que aportan contexto científico y claves prácticas

Los estudios de tendencias de compra en Europa sitúan el consumo medio de velas entre 5 y 15 unidades al año por hogar, concentrándose principalmente en los meses de otoño e invierno. A este dato hay que sumarle el hecho de que, en cuestión de velas, el tamaño importa: el auge de las velas ha derivado en una diversificación de sus tamaños y formatos, que pueden ir desde los 70g hasta los 2.8kg en el caso de firmas como Trudon, considerada la cerería más antigua del mundo en activo. “Las velas están de moda”, confirma Miguel Bartolomé, Marketing & Communication manager de Isolée. “Este auge refleja no solo una tendencia estética, sino también una evolución del perfume hacia experiencias sensoriales más amplias, donde el aroma se integra en el espacio doméstico como parte del estilo de vida”, prosigue. Sin embargo, en paralelo al interés que suscitan las velas por parte de firmas y consumidores, crece la preocupación por el impacto que pueden tener estas en la salud y en la calidad del aire de los hogares y espacios donde se usan. “Existen estudios experimentales y de calidad del aire interior que muestran que determinadas velas —sobre todo las aromáticas y las fabricadas con parafina— pueden emitir contaminantes al quemarse. Estos trabajos han sido publicados en revistas de toxicología ambiental y calidad del aire interior, y también han sido revisados por organismos como la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EE. UU.) y la OMS (Organización Mundial de la Salud) en documentos sobre contaminación intradomiciliaria”, explica Juan Bertó Botella, doctor en Medicina y neumólogo en Clínica Universidad de Navarra. Un trabajo publicado por la revista Scientific Reports demuestra que, al encender una vela aromática, las partículas permanecen suspendidas y se dispersan a varios metros, pudiendo superar en determinados casos los valores de referencia de calidad del aire interior. Otro estudio en Environmental Science & Technology confirma que la composición química de las emisiones varía significativamente según la cera, la mecha y los aditivos aromáticos, subrayando que la calidad del producto es determinante. El doctor Bertó Botella concluye: “La evidencia disponible no indica que el uso ocasional de velas suponga un riesgo grave para la población general, sino que pueden contribuir, en determinadas circunstancias, a aumentar la carga contaminante del aire interior”.

Las velas aromáticas se conforman esencialmente de cuatro elementos, como explica el experto Miguel Bartolomé: “La cera, que puede ser parafina, cera vegetal (como soja, colza o coco) o cera de abeja; la mecha, normalmente de algodón o de otras fibras naturales; la fragancia, que puede provenir de aceites esenciales naturales, de compuestos sintéticos o de una combinación de ambos; y, en algunos casos, colorantes que aportan estética al producto”.

Arturo Álvarez-Bautista químico, doctor en Nanomedicina y director científico y fundador de la marca cosmética Arturo Alba, añade que “una vela aromática es, en esencia, una fórmula bastante sencilla. Una cera (parafina, soja, colza, coco, cera de abeja o mezclas), una mecha (preferiblemente de algodón o madera y sin metales) y una fragancia. A eso se le pueden añadir colorantes o estabilizantes. Más que obsesionarnos con la lista de ingredientes, lo realmente importante es cómo está diseñada la vela para quemarse de forma limpia y estable”. El químico, además, establece una curiosa comparación: “Muchos productos de limpieza liberan grandes cantidades de compuestos volátiles de forma directa, a veces en espacios poco ventilados. En muchos hogares, la carga química diaria de un limpiador fuerte o de un ambientador en spray es mayor que la de una vela bien utilizada. La diferencia está en el abuso y en la falta de ventilación, no en el objeto en sí”.

De dónde vienen las dudas

“Al quemarse, algunas velas pueden liberar partículas finas (PM2.5); compuestos orgánicos volátiles (COV), como benceno, tolueno o formaldehído; hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) en pequeñas cantidades; fragancias sintéticas, que pueden actuar como irritantes respiratorios”, detalla el neumólogo de Clínica Universidad de Navarra. “Las concentraciones detectadas en estudios con uso doméstico habitual suelen ser bajas y, en la mayoría de los casos, se mantienen por debajo de los límites considerados peligrosos para la población general. Los efectos adversos aparecen sobre todo con exposiciones repetidas, en espacios mal ventilados o con un uso prolongado y simultáneo de varias velas”, tranquiliza el doctor.

Entonces, ¿qué problemas de salud pueden ocasionar las velas? “Desde el punto de vista respiratorio, los posibles efectos descritos incluyen: irritación de vías respiratorias altas (nariz, garganta); empeoramiento de síntomas en personas con asma, EPOC o rinitis, cefalea o sensación de aire cargado, más relacionada con los COV. No hay evidencia sólida de que el uso ocasional de velas cause enfermedad pulmonar crónica en personas sanas. Los efectos son fundamentalmente irritativos y reversibles, y afectan más a personas con patologías respiratorias previas”, concluye Bertó Botella.

Claves para elegir una vela (y usarla mejor)

Bartolomé, de Isolée, sugiere que la elección de materiales (y por ende la calidad de la vela) influye directamente en la emisión de contaminantes. El químico lo confirma: “La parafina, al ser un derivado del petróleo, puede generar más subproductos de combustión si la vela no quema bien. Algunas moléculas aromáticas pueden ser irritantes o sensibilizantes, y es cierto que existen fragancias que pueden contener compuestos con posible actividad como disruptores endocrinos, pero eso no equivale a toxicidad directa ni inmediata. Todo depende de la dosis, la frecuencia y la forma de uso”.

Bartolomé apostilla: “La cera vegetal se quema a menor temperatura y de forma más estable que la parafina, reduciendo partículas en suspensión y compuestos orgánicos volátiles; las mechas de algodón o madera favorecen una combustión uniforme; y las fragancias libres de ftalatos y bien formuladas minimizan irritaciones”. Y añade: “Además de la composición, el modo de uso es crucial. Ventilar la estancia, no encender varias velas simultáneamente, recortar la mecha y limitar el tiempo de combustión reduce significativamente la exposición a contaminantes”. Paz García, fundadora de Volonté Bougie, firma de velas artesanales y vegetales, refuerza lo anteriormente expuesto: “La elección de la cera determina cómo quema la vela, cómo difunde el aroma y qué libera en el ambiente. Por eso defendemos que no se trata de demonizar las velas, sino de aprender a distinguirlas, elegirlas mejor y usarlas con criterio”.

Cera vegetal versus parafina: la primera tiende a quemarse a menor temperatura y de forma más estable, lo que generalmente produce menos hollín visible y una combustión más uniforme. “La parafina, al ser un derivado del petróleo, se ha asociado en estudios de calidad del aire interior con mayores emisiones de partículas finas y compuestos orgánicos volátiles”, apunta Bartolomé.

Combustión: una mecha bien diseñada produce una llama estable, reduce la combustión incompleta y limita la formación de hollín. “La combustión incompleta es una de las principales causas de emisión de partículas finas y subproductos indeseables, por lo que este detalle técnico sí tiene implicaciones reales sobre la calidad del aire interior”, cuenta Bartolomé, que recomienda las mechas de algodón de calidad sin núcleo metálico. “Una mecha demasiado larga, corrientes de aire o dejarla encendida demasiadas horas seguidas hacen que la combustión no sea limpia. Por eso insistimos tanto en algo tan simple como recortar la mecha y encender la vela con calma, casi como un pequeño ritual”, añade Paz García, fundadora de Volonté Bougie.

Control de calidad: “En marcas de alta gama, la variabilidad entre lotes suele ser menor que en velas industriales. Esto significa que la proporción de cera, fragancia y mecha está más ajustada, lo que reduce el riesgo de una combustión inestable, exceso de humo o liberación inesperada de contaminantes. No es un aspecto muy visible para el consumidor, pero desde un punto de vista técnico sí importa”, explica el de Isolée.

Vaso: “Un recipiente demasiado estrecho dificulta la circulación del aire alrededor de la llama, favoreciendo una combustión incompleta y la formación de hollín y partículas finas. Por el contrario, uno excesivamente ancho dispersa el calor de manera desigual, impidiendo que la cera se derrita uniformemente y afectando la estabilidad de la llama”, explica Miguel Bartolomé.

Encendido y apagado: la forma en la que encendemos la vela también es un factor clave ya que, como expresa el responsable de Marketing y Comunicación, una mecha iniciada con llama demasiado grande o prolongada en exceso puede sobrecalentar la cera y aumentar la emisión de partículas y COV. “Por ello, encenderla con un mechero fino o una cerilla larga permite que la llama se estabilice gradualmente”. También deberíamos prestar atención a la manera en la que apagamos la vela. “Soplar genera humo y dispersa partículas al aire, mientras que usar un apagavelas o sumergir brevemente la mecha en la cera líquida reduce estas emisiones”.

Ubicación: Bartolomé aconseja utilizar las velas en espacios bien ventilados, evitar un uso prolongado en dormitorios y no dejarlas encendidas durante la noche ni cuando nos vamos de casa. Además, es importante colocarlas lejos de corrientes de aire.

¿Qué tipos de velas existen?

En el caso de las velas naturales o vegetales, la composición es similar a las velas tradicionales, aunque varían los materiales empleados. Lo explica Amelia Pérez, creadora de la marca artesanal Los Jabones de mi Mujer especialista en velas hechas a mano con técnicas tradicionales: “La cera de soja 100% vegetal no está mezclada con parafinas. Las mechas de algodón no tienen núcleos metálicos. Esto contribuye a que la llama sea más estable y la combustión uniforme. Pueden contener aceites esenciales ecológicos o puros que, con una buena difusión, no saturan el ambiente. Saber que estás utilizando o quemando en tu casa es importante”, sostiene. En el caso de las de velas de su marca recomiendan mantenerlas encencidas un máximo de 30 minutos.

Beneficios de las velas aromáticas

Es necesario subrayar la relación de las velas con el bienestar emocional, ya que su uso favorece la creación de ambientes relajantes y de desconexión. Miguel Bartolomé lo explica: “La investigación científica ha mostrado que ciertos aromas pueden influir positivamente en el sistema límbico del cerebro, responsable de las emociones y la memoria, generando sensaciones de relajación, reducción del estrés y mejora del estado de ánimo. Otros estudios en pacientes hospitalizados han mostrado que la aromaterapia puede mejorar la calidad del sueño. Sin ser sustitutas de tratamientos médicos, las velas aromáticas se presentan como una herramienta complementaria para mejorar el bienestar y crear ambientes relajantes en el hogar”. García añade: “La clave está en elegir velas honestas y usarlas con intención, no en renunciar al placer. Las velas no curan, pero acompañan. Aportan calma, ayudan a marcar transiciones, del trabajo al descanso, del día a la noche, y crean un espacio emocional más amable”. Arturo Álvarez-Bautista concluye: “No se trata de vivir con miedo a las velas. Hace falta vivir con criterio, y si puede ser, con una ventana ligeramente abierta”.

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