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Berberina: beneficios y mitos del mal llamado “Ozempic natural”

Los suplementos basados en este alcaloide han probado algunos beneficios, pero no son equiparables a los fármacos basados en GLP-1

Cápsulas de berberina.Gaston Ernesto Gonzalez Avila (Getty Images)

¿Y si hubiera un “Ozempic natural”? Una sustancia con todos los beneficios que han probado los fármacos basados en GLP-1, pero sin sus contraindicaciones. Sería una panacea que algunas marcas e influencers en las redes sociales quieren atribuir a un complemento llamado berberina. Aprovechan que este suplemento ha demostrado algunos beneficios metabólicos, pero no es Ozempic, no actúa como Ozempic y no sirve para lo mismo.

Es un alcaloide presente en plantas de la familia de las Berberidáceas, con un uso asentado en China, donde muchos estudios respaldan algunos beneficios. Los ensayos clínicos y metaanálisis apuntan a que puede reducir de forma modesta la glucosa en ayunas, los triglicéridos y el colesterol LDL, con resultados especialmente estudiados en personas con diabetes tipo 2, dislipidemia o síndrome metabólico; también hay señales de mejoría en algunos marcadores de resistencia a la insulina y, en menor medida, del peso corporal, aunque este último efecto es más irregular y menos sólido.

Pablo Zumaquero, dietista-nutricionista, explica que, aunque algunos de los estudios podrían ser más robustos o rigurosos, hay tanta evidencia moderada que parece más que razonable atribuirle los mencionados beneficios. Resume su mecanismo de acción así: “Actúa más o menos como la metformina [un medicamento para la diabetes]. Activa un interruptor en la célula y le dice al cuerpo que chupe combustible y deje de fabricarlo”. Es decir, empuja al organismo hacia un estado más catabólico: “Aumenta la oxidación de grasa y glucosa, y su captación”. Dicho de otro modo, favorece que la glucosa entre en la célula en personas con problemas de sensibilidad a la insulina y que el cuerpo utilice mejor la energía en vez de almacenarla.

Pero el especialista pide separar la ciencia del marketing. Su uso, asegura, podría ser beneficioso en cuadros concretos: “En diabetes tipo 2, ovario poliquístico, obesidad, hígado graso no alcohólico y el colesterol”. Sin embargo, cree que un consumo indiscriminado y sin asesoría sanitaria puede ser peligroso: “Tiene sentido para algunas personas, pero eso de tomárselo ‘porque es bueno’ es como consumir un antibiótico o un fármaco para la diabetes porque me han dicho que es bueno”.

Su tesis es sencilla: cuando un suplemento se usa para modificar una alteración metabólica concreta, deja de parecerse a un gesto inocuo de autocuidado y se acerca a una forma de automedicación. “Cuando son suplementos para condiciones médicas, tiene que estar supervisado por un sanitario; cuando algo tiene beneficios reales, también suele conllevar posibles efectos secundarios”, advierte.

Zumaquero alerta de la diarrea como reacción adversa más frecuente, además de “un montón de interacciones con medicamentos”, sobre todo con hipoglucemiantes, y añade que si se combina con agonistas del GLP-1 “puede producir hipoglucemia”. También menciona interacciones con “aspirina, ibuprofeno, metformina y antibióticos”. Por eso rechaza de plano la idea de que pueda tomarse como si fuera un complemento general para cualquiera. “Es inútil: si tengo buena sensibilidad a la insulina, no tengo hígado graso, ¿para qué me lo voy a tomar? Es como si tomara metformina”.

En el capítulo del peso es todavía más contundente. La evidencia, dice, es “muy modesta”. Y, sobre todo, insiste en que el paralelismo con Ozempic es una distorsión interesada. “Lo primero que hace es quitarte el hambre; la berberina no tiene ningún efecto sobre esto. No aporta saciedad, aporta sensibilidad a la insulina”.

Pero esta comparación vende. Son varios los suplementos que de alguna forma usan el reclamo. Recientemente, Kobho Labs lanzó KobhoGLP (en alusión directa a la familia de medicamentos de Ozempic) que, según sus responsables, agotó 60.000 unidades en 15 días.

La doctora Isabel Viña, que tiene una marca propia de suplementos, coincide en que la equiparación de la berberina con los medicamentos basados en GLP-1 está “muy lejos” de la realidad. “No tienen vías metabólicas comunes”, señala, y recuerda además la enorme distancia en resultados: mientras estos fármacos logran pérdidas de peso del “18% o el 20%”, con la berberina se estaría hablando, como mucho, de alrededor del “5%”. “Una cosa es un fármaco y otra un complemento de venta libre”, resume.

Al contrario de Zumaquero, sí cree que puede ser beneficioso para la mayoría de la población, supervisada por un sanitario “idealmente”, pero también si está “bien informada”: “Un tercio de las personas tienen hígado graso, a todas ellas les puede beneficiar. Y a cualquiera le pueden beneficiar sus efectos sobre la grasa hepática, la oxidación de ácidos grasos, la síntesis de triglicéridos y colesterol, e incluso la función mitocondrial”.

Pero Viña subraya que no toda la berberina es igual. “La HCL tiene menos de un 5% de biodisponibilidad”, explica. Y plantea varias estrategias para mejorarla: encapsularla en moléculas como fitosomas y liposomas, que evitan degradación intestinal, combinarla con extracto de pimienta negra y cardo mariano, lo que puede incrementar de forma importante esa biodisponibilidad.

No es un medicamento

Cristóbal Morales, endocrino experto en obesidad y fármacos basados en GLP-1, reconoce también un posible beneficio de la berberina, pero dibuja con claridad los límites. “No es un fármaco”, insiste, sino “un complemento, un suplemento alimenticio, con un perfil beneficioso, pero nunca llega a la potencia de un medicamento”.

Morales es el único médico que ha querido opinar sobre la berberina de media docena consultados en el campo de la obesidad y la diabetes. Reconoce que los facultativos no suelen tener formación en este tipo de suplementos. “Nos sentimos bastante cómodos y seguros con los ensayos clínicos, las publicaciones y las indicaciones aprobadas por la agencia reguladora del medicamento”, explica.

Ese es, dice, “un ámbito bastante controlado”, con procedimientos estrictos y evidencia de eficacia y seguridad. Con los suplementos, en cambio, “hay más sombras”: menos pruebas, menos respaldo en guías clínicas y un terreno mucho más resbaladizo para la práctica asistencial. “No es que estemos en contra, al contrario”, aclara, pero admite que hace falta más formación y más evidencia para poder dar recomendaciones con seguridad.

Ese vacío es, precisamente, el espacio en el que prospera la publicidad. Morales recuerda que estos productos se mueven por una vía regulatoria distinta, mucho más laxa, y que eso facilita mensajes comerciales mucho más ambiciosos.

La OCU advierte de que, además de la mencionada diarrea, puede causar dolor abdominal, estreñimiento, flatulencia o náuseas, hipotensión, disminución de la frecuencia cardiaca e hipoglucemia.

“Aumenta el riesgo de sufrir contracciones uterinas y, consumida durante el embarazo, puede atravesar la placenta y se sospecha que podría afectar al desarrollo del feto, además de que puede pasar al bebé a través de la leche materna”, señala la organización de consumidores, que recomienda abstenerse de consumir berberina a personas susceptibles de sufrir estos efectos secundarios, al menos hasta que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluya una evaluación de seguridad que está elaborando.

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