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Ginecólogas influencers: cómo están transformando la salud femenina en redes

Desde la menstruación hasta la reproducción asistida, cada vez más doctoras como Míriam Al Adib, Martina Vila y Matilde Gómez usan las redes sociales para empoderar a las mujeres frente a la desinformación

Míriam Al Adib acumula 223.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Empezó a divulgar en 2011 a través de Facebook y de un blog porque buscaba ampliar la información que no podía explicar con detalle a sus pacientes en la sanidad pública por falta de tiempo. Tenía claro su objetivo: empoderar a las mujeres para que tomaran decisiones informadas sobre su salud. “Lo más complicado, a veces, es traducir conceptos médicos complejos a un lenguaje que pueda entender cualquiera. Para mí es un reto constante y siempre intento contar las cosas de forma sencilla, sin que haga falta tener estudios previos”, señala.

Hace 15 años, esta labor divulgativa era poco común y, según explica Al Adib, se veía incluso como algo poco profesional entre los propios compañeros. Sin embargo, con el tiempo se ha ido normalizando y cada vez más ginecólogas están usando redes sociales para divulgar cuestiones que importan a miles de mujeres como la menstruación, la sexualidad, la menopausia o la salud reproductiva. Reconoce que, aunque hay una parte menos amable de las redes, con gente que aprovecha el anonimato para criticar o atacar sin motivo, intenta quedarse con lo positivo porque cree que la divulgación es muy necesaria: “Si no lo hacemos los profesionales, lo harán otros sin formación y ahí es donde entran la desinformación y la pseudociencia”.

En la última década, redes como Instagram han adquirido un papel relevante como fuentes de información sobre salud. Un estudio publicado en la Revista Española de Salud Pública en 2024 señala que el uso activo de las redes sociales como fuente de información sanitaria se asocia con un mayor nivel de alfabetización digital en salud en la población general. Según Lucía Carton, doctora en Ciencias de la Salud y una de las autoras del estudio, informarse así es hoy casi inevitable: más del 70 % de la población las utiliza para información sanitaria y, aunque no se busque activamente, estos contenidos acaban apareciendo en el día a día. Esto, para la experta, convierte a las redes en un espacio con un enorme potencial educativo, especialmente cuando los profesionales sanitarios comparten información basada en evidencia científica de forma clara y cercana. “En el caso de la salud de la mujer, las redes cumplen además una función especialmente importante porque permiten hablar con naturalidad de temas tradicionalmente invisibilizados o rodeados de tabú”, dice.

En Instagram, Martina Vila reúne una comunidad de casi 80.000 seguidores. Comenzó su labor divulgativa en 2020, en pleno estallido de la pandemia, cuando detectó un aumento preocupante de la desinformación en torno al embarazo y el parto. “Había muchísima angustia. En aquel momento, en muchos hospitales, las mujeres daban a luz sin la pareja, se hablaba de protocolos que no se cumplían correctamente y la situación era bastante caótica”, recuerda. Ante ese contexto, decidió empezar a aclarar cómo se desarrollaban los partos y cómo los abordaba ella misma en su práctica profesional. “Queríamos mostrar que los partos seguían realizándose y que, al menos en nuestro caso, se apostaba por partos humanizados y respetados. Había profesionales luchando para que así fuera”. La respuesta de las usuarias fue inmediata. Sus contenidos comenzaron a difundirse y su comunidad creció mucho más de lo que hubiera esperado. Con el paso del tiempo y una vez superada la fase más crítica de la pandemia, Vila orientó su contenido hacia su ámbito de especialización: la fertilidad y la reproducción asistida. Sin embargo, insiste en que la divulgación en redes sociales no está exenta de dificultades. “Lo más complicado es encontrar tiempo y, en ocasiones, ganas”, manifiesta. También apunta que tener muchos seguidores da cierta autoridad y permite llegar a más gente, pero conlleva una enorme responsabilidad. “Creo que debería existir algún tipo de regulación que distinga claramente a los profesionales médicos que aportan información fiable de quienes, sin formación sanitaria, comparten contenidos sobre salud en internet; es importante que los expertos estemos presentes y proporcionemos información rigurosa y basada en evidencia”, sostiene.

Mensajes contradictorios y expectativas irreales

La información en redes no está exenta de riesgos, de la desinformación a la sobreinformación. Así lo apunta Lucía Carton. “Por un lado, podemos encontrarnos con mensajes inexactos, generalizaciones que no tienen en cuenta la variabilidad individual o la promoción de productos y tratamientos sin respaldo científico, a veces ligados a intereses comerciales poco claros”, explica. Y por otro, menciona la infodemia, esa sobreabundancia de información que puede generar sentimientos como confusión o inseguridad y la dificultad para saber qué es realmente fiable o aplicable a cada caso. “Disponer de mucha información no garantiza una mejor toma de decisiones. Para que las redes aporten un beneficio real, es clave saber discriminar entre fuentes fiables y no fiables; y que quien divulga lo haga con rigor”, añade la doctora en Ciencias de la Salud.

En este sentido, un estudio de 2018 reveló que la mayoría de los usuarios españoles tienen dificultades para saber discriminar las fuentes fiables de las de dudosa fiabilidad, y sufren la infoxicación al buscar información sobre problemas de salud. Esto ocurre, según Carton, porque la alfabetización digital en salud varía mucho según la edad y el nivel educativo, y no todas las mujeres tienen las mismas herramientas para evaluar la fiabilidad de lo que ven. Aunque considera que las redes sociales pueden democratizar el acceso a la información sobre salud femenina, “permitiendo que muchas mujeres comprendan mejor su cuerpo, den nombre a síntomas que antes vivían en silencio y se sientan validadas”, también advierte que este acceso no garantiza igualdad.

Para Celia Sancho Belinchón, directora del Máster en Periodismo Digital y de Datos e investigadora del Grupo INNOMEDIA de la Universidad Nebrija, el uso de redes por parte de ginecólogas aporta credibilidad, pero advierte de que existe el peligro de que estas profesionales crucen la frontera divulgativa para “generar miedos innecesarios o alarmas colectivas”. También menciona que hay perfiles que buscan ayudar, pero otros ofrecen información incompleta para atraer clientes: “Es fundamental saber diferenciarlo, leer, escuchar y pensar con juicio crítico”, dice. Un juicio crítico que también es esencial cuando aparecen mensajes contradictorios entre profesionales que “pueden generar confusión, especialmente en ámbitos como la suplementación o la terapia hormonal”, reconoce Lucía Carton, que añade que estas discrepancias no reflejan necesariamente falta de rigor científico, sino que la práctica clínica no es uniforme ni universal.

La ginecóloga Matilde Gómez, que supera los 40.000 seguidores en Instagram, también comenzó a divulgar en pandemia, cuando se percató de la gran desinformación que circulaba en internet. “Mi idea era responder a las dudas que surgían sobre salud femenina”, declara. Esto también le dio la oportunidad de conectar con un grupo de profesionales con ideas similares, con quienes formó un frente común para transmitir mensajes más o menos unificados a las mujeres. “La medicina no es una ciencia exacta. Hay evidencia científica, guías clínicas y consenso general, pero también matices individuales, porque no todas las mujeres tienen las mismas necesidades, antecedentes o síntomas”, dice. Por ello, considera que en redes sociales el papel de los profesionales debe ser meramente informativo, explicando por qué se toman determinadas decisiones médicas, en qué se basan y diferenciando claramente lo que dice la ciencia de la opinión personal. “Esto puede ayudar a que las mujeres acudan a su médico más preparadas y con las herramientas para participar activamente en su salud, siempre entendiendo que la información en redes es eso, información”, concluye.

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