Ir al contenido
_
_
_
_

Estas son las principales variables de salud que miden los wearables (y su uso)

Aunque no se trata de dispositivos médicos recogen multitud de datos que ayudan a conocer mejor nuestro cuerpo o detectar tendencias

Variables de salud que miden los wearables

¿Sabes que tu reloj inteligente puede avisarte de que estás a punto de ponerte enfermo antes de que te des cuenta? Quizá sea debido a un aviso de que has pasado gran parte de la noche en sueño ligero y tu respiración ha sido irregular; porque tu temperatura nocturna haya subido 0,6 grados y tu frecuencia cardíaca en reposo esté por encima de lo normal; o que la frecuencia cardiaca sea más alta de lo normal mientras entrenas.

Es solo un ejemplo de lo que las mediciones de variables relacionadas con la salud de tus wearables —los smartwatches, pero también anillos inteligentes o pulseras de actividad— pueden hacer por ti. Y es que, aunque no sean dispositivos médicos y convenga recordar que la información que recogen en ningún caso va a sustituir a un diagnóstico médico, son herramientas que ayudan a conocerte mejor, mejorar tu entrenamiento, optimizar tus descansos e, incluso, detectar señales tempranas de malestar.

Las variables que miden

La mayoría miden las mismas variables, incluso los más económicos, aunque es cierto que hay ciertas diferencias, por lo que, a la hora de comprar uno de estos dispositivos, conviene asegurarse de que incluyen los sensores necesarios para medir lo que nos interesa. Los principales son:

  • Frecuencia cardíaca (FC): este sensor, que proyecta luz sobre la piel y mide los cambios en el flujo sanguíneo para estimar los latidos por minuto, ayuda a conocer la frecuencia cardiaca en reposo y ayuda a hacerse una idea del estado de forma o a adaptar los ejercicios adaptándonos a las conocidas como ‘zonas de entrenamiento’.
  • Frecuencia cardíaca en reposo y variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV): el primero es el número de veces que el corazón late por minuto cuando el cuerpo está en completo descanso, sentado o acostado; el segundo, la variación en el tiempo entre latidos —un HRV alto suele asociarse con buena recuperación, menos estrés o buen tono del sistema nervioso autónomo—.
  • Oxígeno en sangre (SpO₂): muchos dispositivos ya incluyen un pulsioxímetro para estimar la saturación de oxígeno en sangre, usando luz roja e infrarroja; esta cifra puede alertar sobre posibles problemas respiratorios o simplemente ayudarte a observar cambios nocturnos (por ejemplo, en personas que tienen apnea del sueño sospechada).
  • VO₂ máx / capacidad aeróbica: el VO₂ máximo es la cantidad máxima de oxígeno que tu cuerpo puede usar por minuto y por kilo; una cifra que se estima a partir de datos como la frecuencia cardíaca, el acelerómetro, el GPS y otros sensores. Es un buen indicador de tu capacidad de resistencia aeróbica y puede ayudarte a planificar entrenamientos o conocer tu progreso físico.
  • Sueño: los wearables usan acelerómetros para detectar movimiento y tienen en cuenta los cambios en frecuencia cardíaca, temperatura o variabilidad del pulso para estimar fases de sueño (ligero, profundo, REM) y duración. Luego, muestran métricas que permiten tener una visión de cuánto duermes, cuándo te despiertas o cuánto tiempo pasas en cada fase y tomar ciertas medidas para mejorar los hábitos.
  • Temperatura corporal: los modelos de smartwatches, anillos inteligentes y pulseras de actividad más recientes miden la variación de temperatura de la piel durante la noche y pueden indicar recuperación, enfermedad o cambios en el ciclo menstrual, entre otros.
  • Electrocardiograma (ECG): algunos relojes inteligentes realizan un ECG para detectar ritmos cardíacos irregulares, como fibrilación auricular.
  • Ciclo menstrual y salud femenina: registran los ciclos menstruales para predecir la fecha de la menstruación, de la ovulación o hacer un seguimiento durante el embarazo.

¿Para qué sirven estos datos en la práctica?

Como decíamos, en ningún caso los datos que registran los wearables pueden considerarse un diagnóstico médico, pero sí ayudan a conocernos mejor. Por ejemplo, si tu HRV baja mucho o tu temperatura sube, podría ser señal de fatiga, estrés o enfermedad; y variables como la temperatura o la respiración pueden ayudarte a detectar estrés o cambios fisiológicos relacionados con tu ciclo, viajes o posibles alteraciones de salud.

Además, tener en cuenta el VO₂ máximo estimado o la FC a la hora de hacer ejercicio permite diseñar entrenamientos más eficientes (resistencia, velocidad, recuperación…), y combinar los datos del HRV y la FC al despertar sirve como indicador para saber si tu cuerpo está listo para un nuevo esfuerzo o necesita todavía más recuperación. Y con los datos de sueño puedes entender si necesitas mejorar tu higiene del sueño (menos luz, más regularidad) o si te conviene descansar más ciertos días.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_