África abre la puerta a las reparaciones jurídicas y económicas por la esclavitud: “La historia no debe ser silenciada”
Tras la aprobación en la ONU de la resolución que reconoce la trata trasatlántica de esclavos como el mayor crimen cometido contra la humanidad, expertos celebran un paso, con capacidad de trascender al triunfo político


El continente africano tiene en sus manos un reconocimiento histórico con el sello de Naciones Unidas. La trata trasatlántica y la esclavitud africana, entre los siglos XV y XIX, son considerados ahora “los mayores crímenes cometidos contra la humanidad”, después de que la ONU adoptara una resolución en la Asamblea General por amplia mayoría el pasado 25 de marzo. Aunque la declaración no es vinculante, tiene un enorme peso moral y político en tiempos convulsos de revisionismo -y negación- de la historia. Y, según los expertos consultados por este diario, si la Unión Africana (UA), los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil saben aprovechar esta oportunidad, podrían presionar jurídicamente no solo para obtener disculpas, sino para agilizar las reparaciones morales, intelectuales o incluso económicas.
La resolución, impulsada por Ghana, y respaldada por 123 países ―la mayoría del Sur Global― de los 193 miembros de la Asamblea General establece categóricamente que la trata y la esclavitud de africanos supusieron “un quiebre profundo en la historia de la humanidad”, con efectos que se sienten hasta nuestros días. También reafirma que estos crímenes no prescriben.
Por eso, exhorta a los países a poner en marcha procesos de justicia restaurativa. Khanya B. Motshabi, profesor titular en la Universidad de Free State (Sudáfrica), explica que se trata de “intentar reparar un daño y restablecer la situación que existía anteriormente” y, para eso, agrega, hay varias opciones: “Una son las disculpas; otra, devolver lo que se tomó, como objetos y símbolos culturales. En ese caso, el derecho internacional y los tribunales tendrán libertad para considerar una compensación”, describe el abogado.
Precisamente, la resolución, establece claramente que en ese diálogo de justicia restaurativa debe incluir “una disculpa plena y formal, medidas de restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción, garantías de no repetición y modificaciones de leyes, programas y servicios para combatir el racismo y la discriminación sistémica”.
Entre las medidas concretas que plantea el documento, que cuenta con el respaldo de la UA y de la Comunidad del Caribe (Caricom), están el refuerzo de la cooperación internacional, la restitución inmediata de bienes expoliados durante la colonización y la promoción de programas educativos, iniciativas de memoria e investigaciones académicas sobre la esclavitud.
Además, solicita a la ONU que, para el periodo de sesiones número 82 (2027-2028), se presente un informe sobre las medidas adoptadas por los Estados miembros para aplicar la resolución y los avances alcanzados en justicia reparadora.
El poder de la resolución, advierte Motshabi, en una entrevista por videollamada, es que puede facilitar la búsqueda de reparación ante los tribunales nacionales e internacionales. “Pedir perdón implica el reconocimiento de la culpa y permite estar un paso más cerca de la compensación”, afirma el abogado, que también forma parte del Centro de Reparación de la Universidad de Free State. “Sospecho que vamos a ver muchas reclamaciones diplomáticas bilaterales”, añade.
Recientemente, algunos países europeos han tenido que pagar compensaciones económicas por los abusos cometidos durante la colonización y la esclavitud en África. En 2013, por ejemplo, Reino Unido otorgó reparaciones a 5.000 supervivientes kenianos que sufrieron tortura durante el levantamiento Mau Mau en los años cincuenta. En 2021, Alemania anunció indemnizaciones por 1.100 millones de euros por el genocidio en Namibia. Y Países Bajos creó en 2022 un fondo de 200 millones de euros para luchar contra el racismo.
Sospecho que vamos a ver muchas reclamaciones diplomáticas bilateralesKhanya B. Motshabi, profesor titular Derecho en la Universidad de Free State (Sudáfrica)
Pero, ¿cómo cuantificar el daño provocado por la esclavitud? La consultoría Brattle Group estimó, en 2023, que las reparaciones ascenderían a una cifra entre los 100 y 130 billones de dólares (86,6 y 112 billones de euros), por los daños causados durante la época colonial y también posteriormente. Antes, el experto en reparaciones por la esclavitud Thomas Craemer había calculado que el coste solo para EE UU oscilaría entre los 5,9 y 14,2 billones de dólares.
Mecanismos legales en camino
La UA, añade Motshabi, “ya está trabajando en cómo hacer que esta declaración sea efectiva en la práctica”. En 2025 creó el Comité de Expertos en Reparaciones (Aucer, por sus siglas en inglés) y el Grupo de Referencia de Expertos Jurídicos en Reparaciones (Auler) para asesorar a los países africanos en procesos de justicia restaurativa. El día de la votación de la resolución en la Asamblea General, Mahmoud Ali Youssouf, presidente de la Comisión de la UA , aseguró que la creación de estos mecanismos eran una señal clara de que “África se está organizando para la justicia”. “Estos pasos muestran que el continente no acude a la ONU únicamente como peticionaria; sino como emprendedora de normas y como un continente decidido a ser coautor de las reglas de la justicia global”, agregó en el hemiciclo.
No obstante, el camino hacia las reparaciones no será sencillo. Awalou Ouedraogo, director del Departamento de Estudios de Equidad de la Universidad de York, explica que la UA, en colaboración con Caricom, “de forma lenta, pero segura” elaborará un marco jurídico integral que se centrará en la reparación". “Este es un asunto sumamente complicado debido a la oposición de Occidente”, explica en entrevista por videollamada. Precisamente, en la Asamblea General, EE UU votó en contra de la resolución y la Unión Europea se abstuvo.
Varios expertos consultados por EL PAÍS coinciden en que un desafío es que incluso dentro de África hay opiniones encontradas acerca de cómo deben ser esas reparaciones . “Hay un grupo de expertos que cree que solo debemos quedarnos en el aspecto simbólico”, explica Ouedraogo y otro que habla de reparaciones estructurales que vayan desde lo monetario y la restitución de tierras y objetos culturales expoliados hasta el fortalecimiento de los temas de esclavitud y colonialismo en los planes de estudios.
Pero también reconocen que hay mecanismos e ideas que han tardado demasiado en materializarse. En 2023, por ejemplo, se habló de la posibilidad de crear un tribunal internacional para juzgar las atrocidades cometidas durante la esclavitud, como fue Nuremberg tras la Segunda Guerra Mundial, pero hasta la fecha, no hay señales de que el proyecto haya tomado forma.
Una victoria en tiempos de negacionismo histórico
Mientras se avanza en el campo jurídico, hay una victoria que ya celebran en la academia africana. Para Mamadou Diouf, profesor de Estudios Africanos en la Universidad de Columbia e integrante del Instituto de África, la resolución implica una ruptura: “Occidente ya no es dueño de la narrativa”, dice en videollamada con este diario.
“Lo que llamamos el marco jurídico suele ser muy lento. El lugar donde se realmente se libra la lucha [por la justicia reparativa] es el espacio político. Y en ese espacio, es importante permitir que todos los actores narren. La resolución abre ese espacio”, afirma.
Para Motshabi,poner el tema sobre la mesa, hace más difícil que los Estados que se enfrentan a acusaciones relacionadas con la esclavitud puedan “simplemente ignorarlas”. “Esa opción se está volviendo cada vez más impropia y negativa desde el punto de vista de las relaciones públicas y del prestigio internacional”, afirma.
El lugar donde se realmente se libra la lucha [por la justicia reparativa] es el espacio político. Y en ese espacio, es importante permitir que todos los actores narren. La resolución abre ese espacioMamadou Diouf, profesor de Estudios Africanos en la Universidad de Columbia
Philathia Bolton, profesora del Instituto de África, agrega que este también es un triunfo para los descendientes de personas esclavizadas que, actualmente, viven en EE UU. “Hoy nos enfrentamos a un esfuerzo sistémico para borrar la historia: se cierran exposiciones y se desmantelan contribuciones de africanos porque esta Administración cree que esta historia no es adecuada, ni la que se debe reflejar”, lamenta. Por ejemplo, hace un año el presidente Donald Trump acusó al Instituto Smithsonian de enfocarse demasiado en sus museos en “lo mala que fue la esclavitud” y “lo poco exitosos que han sido los oprimidos”. Hace un mes, reinstaló en Washington una estatua de Cristóbal Colón, a quien considera un “auténtico héroe”. En su segunda presidencia también ha firmado un decreto para eliminar los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (los conocidos DEI) del Gobierno federal. “Así que esta declaración de la ONU y el apoyo de todos estos países, supone un reconocimiento enorme y significativo de que la historia no debe ser silenciada”, afirma Bolton.
La discusión, por supuesto, será difícil e incómoda. “Hay quienes temen que se abra la puerta de la reparación, porque dicen: ‘uy, van a pedir millones, billones de dólares’. Pero no hay más remedio que avanzar“, concluye Ouedraogo.
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