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La generación Z de Nepal presiona para derrotar a la vieja guardia en las próximas elecciones: “Queremos ver caras nuevas”

Las protestas de septiembre forzaron la dimisión el primer ministro K. P. Sharma Oli y abrieron un proceso electoral marcado por el riesgo de nuevos estallidos de violencia

Un manifestante lanza una bomba incendiaria en Pokhara (Nepal) durante las protestas de septiembre de 2025, lideradas por la generación Z.NurPhoto (NurPhoto via Getty Images)

Nepal se ha convertido en una olla a presión en vísperas de las elecciones anticipadas del 5 de marzo, convocadas como consecuencia de las revueltas sociales impulsadas el pasado septiembre por la generación Z ―los nacidos entre finales de los noventa y principios de la década de los 2010―. Las protestas forzaron la dimisión del entonces primer ministro, Khagda Prasad Sharma Oli, y abrieron el camino a un cambio en este país montañoso de 30 millones de habitantes, tras años de nepotismo, corrupción y falta de oportunidades para los más jóvenes. Sin embargo, la desconfianza sigue imperando y pocos creen que se avecine una transformación significativa, al menos por ahora, tras unos comicios en los que se elegirá a los parlamentarios de la Cámara de Representantes, que formarán Gobierno y designarán al nuevo líder del Ejecutivo. El ex primer ministro Oli, más conocido como K. P. Oli, de 73 años, es precisamente uno de los candidatos.

Las agendas de los más de 3.000 aspirantes a ocupar los 275 escaños son muy diferentes. Hay quienes quieren que se restablezca la monarquía y también hay candidatos que provienen del mismo Gobierno que dimitió tras las protestas, que estallaron tras la prohibición gubernamental de 26 plataformas de redes sociales, entre ellas YouTube, Facebook, Instagram y WhatsApp. Por último, está la Alianza Gen Z, que ha recogido las demandas de los jóvenes que protestaron en septiembre.

“La violencia podría estallar en cualquier momento: antes, durante y después”, considera durante una entrevista con EL PAÍS Mahabir Pun, que ocupó durante varios meses el cargo de ministro de Educación en el Gobierno provisional liderado por la expresidenta del Tribunal Supremo Sushila Karki tras la dimisión de Oli. Pun renunció al ministerio para presentarse como candidato independiente al Parlamento. Asegura que, en línea con los colectivos de la generación Z, quiere ver justicia social, desarrollo y el fin de la corrupción.

La cultura del favoritismo es la cruz de la sociedad nepalí
Mahabir Pun, exministro de Educación y candidato a la Cámara

Pun, uno de los favoritos del movimiento que lideró las protestas, es la antítesis de un nepo baby, una expresión derivada de las palabras en inglés “nepotismo” y “niño” que fue empleada durante las manifestaciones para referirse a los políticos, y sus sucesores, que se habían perpetuado en el poder. Durante su etapa como ministro de Educación, instaló su dormitorio en su oficina y se negó a disponer de una secretaria o de un dispositivo de seguridad, salvo en asuntos oficiales. También es conocido en Nepal como emprendedor social: fundó el Centro Nacional de Innovación de Nepal para fomentar iniciativas de base tras instalar wifi en algunas de las aldeas más remotas del país a finales de los años noventa y principios de los 2000. Con 71 años, no descarta concurrir algún día a primer ministro. Ahora, solo es candidato a representante. “El cambio solo llegará cuando votemos a personas con un enfoque diferente del poder y una mentalidad diferente. Esto llevará tiempo. La cultura del favoritismo es la cruz de la sociedad nepalí”, asegura.

Además del ex primer ministro Oli, uno de los rostros más conocidos entre los candidatos a liderar el Ejecutivo es Balendra Shah, de 35 años, rapero, ingeniero y exalcalde de Katmandú, conocido localmente como Balen y uno de los favoritos para ganar entre la generación Z debido a su edad, aunque algunos cuestionan que sus credenciales como ingeniero le hagan centrarse más en las infraestructuras que en la justicia social. También aspira a representante Gagan Thapa, líder del Congreso Nepalí, el partido político más antiguo del país, con una agenda centrada en luchar contra la corrupción.

Un país de jóvenes

Los activistas de la generación Z Sudip Seth y Ashutosh Jha se encuentran entre los escépticos. Dudan de que el cambio esté a la vuelta de la esquina, incluso con Balen en el poder. Ambos ingenieros, que pertenecen a uno de los 13 colectivos que forman parte de la Alianza Gen Z, participaron en las protestas de septiembre y en la redacción del acuerdo de 10 puntos que posteriormente firmaron los miembros de la alianza y el Gobierno provisional. Este acuerdo exige que se rindan cuentas por las muertes causadas por las autoridades durante las protestas [más de 50 según la ONG Justicia, Verdad y Dignidad] y una reforma sistemática que dé oportunidades a los grupos marginados y a los jóvenes. Seth, junto con otros miembros de la Alianza Gen Z, ha estado presionando a los partidos políticos para que incluyan estos 10 puntos en sus respectivos programas.

Si quien llegue al poder no respeta el acuerdo de 10 puntos y el diálogo no funciona, la única salida volverá a ser la protesta
Sudip Seth, activista de la generación Z

Si las condiciones no cambian en Nepal, el país se verá reducido a “un país de ancianos”, según el manifestante Roshan Khatri. Un 56% de la población tiene menos de 30 años, según el censo de 2021. Pero miles de jóvenes abandonan Nepal en busca de oportunidades en el exterior.

Solo en 2024, más de 741.000 personas tramitaron permisos para trabajar en el exterior, de acuerdo con un informe del Ministerio de Trabajo. El 77% de los solicitantes tenían entre 18 y 34 años. Toda esta fuerza laboral en el extranjero envía en remesas el equivalente al 26,2% del Producto Interno Bruto (PIB) de Nepal.

Por eso, el país clama por oportunidades para sus jóvenes. El 20,8% de las personas de 15 a 24 años estaba desempleada en 2024, según el Banco Mundial, que describe Nepal como una de las economías más pobres y de más lento crecimiento de Asia. El salario medio de un profesor de la escuela pública oscila entre 120 y 240 euros al mes. Otros salarios son tan bajos como 60 euros.

¿Un nuevo estallido de violencia?

“Si quien llegue al poder no respeta el acuerdo de 10 puntos y el diálogo no funciona, la única salida volverá a ser la protesta”, dice Seth a EL PAÍS, aunque añade que ni él ni Jha están a favor de la violencia.

“Las protestas se descontrolaron porque no había un líder único. Los muertos por la policía el 8 de septiembre en Katmandú agravaron aún más la ira y entonces miles de personas más salieron a las calles”, afirma.

En el segundo día de las manifestaciones, tras la dimisión del primer ministro Oli, se incendiaron edificios gubernamentales como la oficina del primer ministro, junto con la sede del Tribunal Supremo, comisarías de policía, tiendas de lujo, el Hilton y residencias privadas, incluida la de Oli. Los pocos policías que aún quedaban fueron despojados de sus ropas y apedreados mientras corrían hacia el río Bagmati para escapar de la turba, según contaron los activistas a EL PAÍS. Al menos tres de ellos murieron.

El problema, según explica el analista político Chandra Dev Bhatta a este periódico, es que “la política en Nepal ha sido secuestrada por la misma camarilla de políticos profesionales durante 30 años”. “Se ha convertido en un juego de las sillas: todos quieren tener la oportunidad de ser primer ministro”, sostiene.

“Queremos ver caras nuevas”, insiste Jha, que actualmente ayuda a Seth a crear un partido de la generación Z con la vista puesta en las elecciones locales y provinciales de 2028 y el objetivo de atraer a figuras afines, como Mahabir Pun. Cuando se le informó al exministro del plan de los jóvenes, respondió: “Estaré encantado de unirme a cualquier partido de personas que quieran trabajar juntas por el desarrollo de Nepal”.

Según Deb Bhatta, el resultado más probable es que “las elecciones darán lugar a una coalición, y las coaliciones siempre han fracasado en el pasado”. Por eso, augura, “la probabilidad de que haya más protestas es alta”.

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