Banana Negra, las ‘frutinovelas’ y el cerebro frito
Los culebrones generados con inteligencia artificial acaban normalizando actitudes tóxicas


Hace un par de semanas, hablé en este mismo espacio de la adicción de jóvenes y mayores a internet y las redes sociales y de la sentencia que por este motivo ha dictado un tribunal de California contra Meta y YouTube. Desde entonces, aunque ya existían, ha explotado en esas plataformas un tipo de contenido que engancha a todo el que lo ve: las telenovelas. Uno de los culebrones que más se ha difundido es el de un hombre que deja embarazada a la mejor amiga de su mujer. Pero no crean que es una telenovela cualquiera: en este caso, los protagonistas son frutas —Banana Negra, Limón y Naranja—, y el invento se ha bautizado como frutinovelas.
En el primer episodio de la serie que ha creado el usuario William Rico, Naranja ofrece a su amiga Limón ducharse en su casa y esta se topa en el baño con Banana Negra, el marido de Naranja, en plena ducha. “Todo ha sido un malentendido”, dicen luego con tranquilidad. Más tarde, Banana Negra se cruza con Limón, que dice que no puede parar de pensar en él. Inician un affaire, y ella se queda embarazada. Limón también está esperando un bebé, y acaban coincidiendo en el hospital. El conflicto estalla cuando dan a luz a dos bebés con aspecto de Banana Negra. El drama continúa cuando la pareja le quita su bebé a Limón. “¡Voy a tener mi venganza!”, exclama Limón al final del capítulo.
La historia lo tenía todo para ser un éxito —personajes que caen bien o mal, líos de faldas...— y así ha sido: más de 600.000 personas ya han dado “me gusta” a esa publicación en Instagram. “No sé por qué me quedé a verlo hasta el final y ahora quiero ver la parte dos”, confiesa una usuaria entre los más de 11.000 comentarios.
El fenómeno se ha extendido, y otras cuentas han querido copiar el éxito de @frutystory y están generando nuevos culebrones. Está la historia de Manzanita, que deja a su novio Banana por el musculoso Sandía. Está Naranja, que deja a Fresa en casa cuando se va al gimnasio y esta última acaba descubriendo que la engaña con otras... Incluso se ha creado La isla de las frutaciones, una copia del programa La isla de las tentaciones, en el que varias parejas “ponen a prueba su amor” y se “tientan” con otros solteros.
@yoyocodsito #parte2 #frutinovelas #algoritmotiktok #viral_video #fyp
♬ Erotic Blues - Leonardo Travensoli
Los vídeos de Banana Negra, los de las frutaciones, así como los de dramas de gatitos humanoides generados con inteligencia artificial son producciones que entran en lo que se conoce como brain rot, que puede traducirse como putrefacción o deterioro mental. La expresión fue elegida la palabra del año por la Universidad de Oxford en 2024. Entonces fue definida como “el supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona tras el consumo excesivo de material (actualmente en internet) trivial o poco estimulante”.
Este tipo de contenidos encaja de lleno en dicha definición. Su consumo exige un esfuerzo intelectual casi nulo —y están, por cierto, plagados de fallos de rácord, porque la inteligencia artificial aún no es capaz de crear relatos coherentes—, ya que repiten una y otra vez el mismo argumento y los mismos clichés. Para más inri, rebosan toxicidad y hacen que se enciendan todas las alarmas: suman hipersexualización de todos los personajes, infidelidades, humillaciones por estar más o menos musculado, racismo, misoginia, violencia machista...
Sin embargo, enganchan. Sus finales abiertos provocan que los usuarios reclamen a los creadores más y más episodios. Al final, las frutinovelas están sirviendo para generar contenido similar o circular, es decir, sobre ese mismo asunto y, sobre todo, para acaparar nuestro tiempo libre, que gastamos fijando la mirada en la pantalla del móvil sin pensar. Y el problema no es solo dedicar tiempo a estos culebrones absurdos con el cerebro frito, sino que, a fuerza de verlos, se puede acabar normalizando o considerando correctas algunas de las actitudes que reflejan.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































