El Skyvan, símbolo de los vuelos de la muerte
La aeronave que se usó para arrojar detenidos al Atlántico es una prueba material del horror. Exhibida en la exESMA, puede convertirse también en un lugar al que ir a llorar a los desaparecidos, porque fue el último lugar donde estuvieron vivos

Un objeto inerte antes volador, un pájaro de metal contrahecho con rasgos monstruosos, acecha en el predio de la ex ESMA —el centro clandestino de detención—, hoy sitio de Memoria. Con el tiempo, el avión Skyvan, el de los vuelos de la muerte, que descansa para siempre en los límites de Buenos Aires, tal vez se transforme en un símbolo de la ciudad, como la Pirámide de Mayo o el Obelisco. O mejor, un contra símbolo, un alerta contra el regreso de la crueldad que el gobierno actual de Javier Milei pretende reinstalar. Parece ahora más amenazante, porque existe un movimiento negacionista o más bien reivindicacionista promovido desde La Libertad Avanza, el partido gobernante, que aborrece al emblemático movimiento de derechos humanos argentino.
Soy una sobreviviente de dos centros clandestinos de detención. Fui detenida ilegalmente por un grupo de tareas a mis diecinueve años y podría haber sido ejecutada en uno de los vuelos asesinos.
Si tuviera que explicar qué encarna el Skyvan, diría que es un refinamiento de la crueldad. Una muestra de que el plan siniestro de la dictadura, además de secuestrar, torturar, asesinar, robar bebés y bienes inmuebles y violar, era hacer desaparecer incluso los cuerpos de los desaparecidos. No solamente nos arrancaban de nuestro entorno, de la familia, de nuestro mundo, sino que una vez que nos mataban querían que no quedara rastro ,que no se pudieran recuperar ni siquiera nuestros huesos. Nos arrojaban al mar para que nunca nadie más pudiera hallar nuestros restos.
Por eso, estoy convencida de que fue importante la localización y repatriación de esta aeronave. Es una prueba material del horror de la última dictadura, pero también un lugar donde los familiares pueden ir a llorar a sus muertos. Se me ocurre que así como se arroja un puñado de flores al agua para las y los desaparecidos, quienes saben que sus seres queridos pasaron por la ESMA pueden ahora dejarles un homenaje al pie del avión. Es el último lugar donde estuvieron vivos. Se usó —tal como comprobó la Justicia— para tirar a las aguas del océano Atlántico a a tres integrantes de Madres de Plaza de Mayo (Azucena Villaflor, María Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco), a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet y a otros siete militantes que se reunían en la Iglesia de Santa Cruz, en el barrio porteño de Boedo. El grupo, que juntaba dinero para publicar un listado de los nombres de las personas desaparecidas, fue infiltrado por el teniente Alfredo Astiz, que para aventar sospechas, llevaba consigo a una falsa hermana, una joven detenida desaparecida en la ESMA. Así se relata en el libro La llamada, de Leila Guerriero.

Los “traslados” ocurrían regularmente los miércoles. El 14 de diciembre de 1977 fue miércoles. Esa fue la última tarde en que fueron vistas las Madres, las monjas y el resto de los secuestrados de la Santa Cruz. En esa fecha el Skyvan PA – 51 hizo un vuelo nocturno y arrojó sus cuerpos al vacío.
Fue Giancarlo Ceraudo, un fotógrafo italiano, quien me consultó si alguna vez me había preguntado dónde estaban las naves que se usaron para lanzar a personas vivas, adormecidas, al Mar Argentino o al Río de la Plata. Una pregunta extraña, un interrogante que jamás me había formulado.
Su presunción excesivamente optimista de que ubicando a los aviones se podría identificar a los hombres que los comandaban, prendió sin embargo en mí y derivó en una búsqueda que concluyó en 2010 cuando encontramos el PA-51 de la Prefectura Naval en Fort Lauderdale, estado de la Florida. Con el avión, se hallaron las planillas de vuelo, material que revelaba información valiosa. Así, se llegó a la condena a prisión perpetua a los responsables. Mario Arru y Domingo D´Agostino, a cargo del vuelo que se llevó al grupo de la Santa Cruz, fueron los únicos que llegaron con vida a escuchar su condena. El tercer piloto, Enrique de Saint Georges, murió antes del juicio, pero detenido. Arru y De Saint Georges eran comandantes de vuelos comerciales de Aerolíneas Argentinas que hacían, entre otras, la ruta Buenos Aires Madrid antes de su arresto.
La repatriación del Skyvan para ser exhibido en el Espacio de la Memoria y Derechos Humanos significa un paso más en el proceso de Memoria, la Verdad y la Justicia que se pretende desacreditar, aniquilar y revertir con una falsa propuesta de “verdad completa”. Porque nada justifica el aniquilamiento masivo de toda oposición con métodos atroces. Nada legitima la transformación de un Estado en terrorista.
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