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La brújula europea
Opinión

Islandia y los reveses del partido trumpista europeo

El acelerón del país nórdico en el referéndum para abrir diálogo de adhesión a la UE y las tribulaciones de Orbán son algunas de varias alentadoras noticias para Europa frente al trumpismo

La primera ministra de Islandia, Kristrun Frostadóttir.PAWEL SUPERNAK (EFE)

El proyecto europeo ha sufrido múltiples reveses en los últimos meses, entre ellos el reciente -enésimo- palo entre las ruedas de Viktor Orbán, que bloquea la puesta en marcha del préstamo por 90.000 millones de euros a Ucrania y el vigésimo paquete de sanciones a Rusia. Hay más. Ello no debe sin embargo ocultar que también hay perspectivas prometedoras para todos aquellos que creen en la unión entre europeos como camino de progreso y buscan derrotar al partido trumpista europeo -la galaxia que va de Orbán a Vox, y de Meloni a AfD-.

Una muy interesante procede de Islandia. El país ha dado un acelerón y celebrará en los próximos meses un referéndum para decidir si abrir negociaciones de adhesión a la UE. El camino no está exento de obstáculos, pero es buena señal este acelerón -anteriormente se barajaba 2027 como fecha- que subraya el atractivo de ser parte del proyecto comunitario en una época como la actual. Cabe recordar que el trumpismo, como afirma explícitamente su Estrategia Nacional de Seguridad, ve a la UE como un organismo que hay que frenar y debilitar cultivando la resistencia contra él. Ojalá consigamos darles de merienda un refuerzo y ampliación del mismo, igual que Putin tuvo que desayunarse la ampliación de la OTAN a Finlandia y Suecia.

Otras noticias interesantes vienen de Hungría, donde los sondeos no sometidos a la presión de Orbán muestran una fuerte ventaja de la oposición de cara a las elecciones generales de abril. De nuevo, no hay que dar nada por descontado, desde luego tampoco que los comicios se celebren y reconozcan en un ambiente pulcro. Pero las maniobras desesperadas del primer ministro, con su delirante campaña para describir a Ucrania como principal enemigo del país, dan pistas de la cruda realidad que afronta.

En Italia, Giorgia Meloni encara turbulencias. Se acerca un referéndum sobre una pésima reforma del sistema judicial que puede perder, agrietando su aura de invencibilidad. Hace pocos días, Sergio Mattarella, el admirable presidente de la República, propinó a su Gobierno un espléndido golpe político y moral, presentándose en la sede del órgano de autogobierno de los jueces -el CSM- para presidir una sesión ordinaria con un gesto extraordinario -porque, aunque los presidentes de la República son presidentes del CSM, de facto no van-. Fue, habló un minuto, suficiente para lanzar una firme y clara respuesta al ministro de Justicia de Meloni, que había acusado al CSM de ser un órgano semi-mafioso. Hay resistencia, en este caso de un gran democristiano que puede ser admirado por quienes nos reconocemos en valores progresistas.

Las tribulaciones, los abusos, los episodios patéticos del Gobierno de Trump en EEUU también son una buena noticia, porque obviamente colocan en una posición incómoda a los filotrumpistas europeos. Los escuadrones del ICE acaban de protagonizar otro acto abominable, al abandonar a un refugiado rohinyá casi ciego -que habían detenido anteriormente- a ocho kilómetros de su casa en una noche fría y de invierno sin avisar a familiares o amigos. Fue hallado muerto después. El alcalde de Buffalo ha definido la acción de “inhumana”. La trumpista madrileña Isabel Díaz Ayuso acaba de entregar a EE UU la medalla internacional de la Comunidad que dirige (concedida también a Javier Milei) “por ser el principal faro del mundo libre”. La cercanía a un proyecto tan espantoso puede dar réditos a sus opositores -como también la presencia del vice de Meloni en el terrible show de la Junta de Paz-.

Hay otras noticias alentadoras para los europeístas: se ha reforzado el empuje político para el control de las cloacas digitales; avanza el pacto de libre comercio con Mercosur; los últimos datos apuntan a una reducción de las compras europeas de armamento de EE UU: 38.000 millones de dólares en 2025, frente a los 76.000 y 77.000 de los dos años anteriores.

Aunque el partido trumpista europeo no es homogéneo, por lo general cada logro del proyecto común y cada trompicón del líder en la Casa Blanca equivalen a un revés de los chamanes del nacionalpopulismo.

En cualquier caso, más allá de las anécdotas, lo que más importa es la conciencia de la necesidad de una lucha existencial por la afirmación de Europa como entidad independiente que se libre entendiendo la conexión estratégica del trumpismo en las dos orillas del Atlántico. La clave es siempre plantar cara: ni apaciguamiento del gigante al otro lado del océano, ni blanqueo o emulación de planteamientos de sus hermanitos en este lado.

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