Bruselas aplicará el acuerdo comercial con Mercosur de forma provisional al considerarlo una necesidad “estratégica” de la UE
La inestabilidad de la relación comercial con Estados Unidos refuerzan el paso que da Von der Leyen tras consultar “intensamente” con los Estados y miembros del Parlamento


La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado la aplicación provisional del acuerdo comercial con Mercosur. Argentina y Uruguay ratificaron el pacto este jueves y un día después, presionada por esta decisión y por la inestable situación internacional, la alemana ha decidido dar este paso sin esperar a la respuesta del Tribunal de Justicia de la UE a las dudas jurídicas que tiene el Parlamento Europeo. “El Consejo de la UE dio poderes a la Comisión para dar este paso en enero”, ha argumentado Von der Leyen este viernes al anunciarlo. La alemana, además, ha defendido que la necesidad “estratégica” de este movimiento en clara referencia a la inestable situación geopolítica y comercial actual, agravada en las últimas semanas por las dudas que surgen ahora sobre el pacto arancelario suscrito con Estados Unidos.
La ratificación en Argentina y Uruguay presionaba mucho a la Comisión Europea porque en el acuerdo comercial se contempla la aplicación provisional una vez uno de los países que integran Mercosur diera ese paso. Faltan por hacerlo Brasil y Paraguay para completar el bloque entero. Pero también el escenario de enorme incertidumbre que se ha abierto otra vez en la relación comercial con Estados Unidos después de que el Tribunal Supremo haya infringido un varapalo a las medidas proteccionistas del presidente Donald Trump. Los últimos compases de la negociación del pacto, que se prolongó durante 25 años, ya estuvieron marcados por el regreso del republicano a la Casa Blanca.
“Esto [en referencia al acuerdo comercial con Mercosur] da a Europa una primera ventaja estratégica en un mundo de fuerte competencia y horizontes estrechos”, ha explicado Von der Leyen, “pero la ventaja de ser los primeros en actuar tiene que materializarse”. Y esa materialización es lo que supone la aplicación, aunque provisional del acuerdo.
Aunque este paso va a tener costes políticos. Y por eso Von der Leyen, en una intervención muy corta, de apenas algo más de un minuto y sin preguntas, ha declarado: “El Consejo facultó a la Comisión para aplicar provisionalmente el Acuerdo a partir de la primera ratificación por parte de un país del Mercosur”. También ha añadido que durante las últimas semanas ha discutido “intensamente esta cuestión con los Estados miembros y con los diputados al Parlamento Europeo”.
Su referencia al Parlamento era necesaria por el revés que dio al acuerdo en enero, cuando decidió elevar dudas jurídicas sobre el acuerdo comercial al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). Los parlamentarios decidieron hacerlo por una estrecha mayoría pese al precedente del TJUE con Singapur, cuando con cuestiones similares no puso obstáculos. Esto mismo es lo que esgrimió el martes pasado ante los eurodiputados de la Comisión de Comercio el comisario responsable de esta cartera, Maros Sefcovic, antes de señalar que esta decisión le parecía “un tipo de táctica dilatoria”.
“El acuerdo con Mercosur es uno de los más importantes en la primera mitad de este siglo. Es una plataforma para un compromiso político con socios que ven el mundo como nosotros, [...] socios que entienden que el comercio abierto y basado en normas ofrece resultados positivos para todos”, ha defendido. Detrás de estas palabras, se esconde la estrategia real emprendida por la UE ante un escenario internacional que ha cambiado radicalmente desde que Trump volvió a la Casa Blanca.
Los acuerdos comerciales, estratégicos y políticos que está suscribiendo la Comisión en los últimos meses −y van bastantes: modernización de los pactos con Chile y México, acuerdo de comercio electrónico con Corea del Sur y Singapur, pactos comerciales con la India e Indonesia, revitalización de las negociaciones con Australia− persiguen tejer una red que compense el terremoto geopolítico que ha provocado Trump. Todos estos pactos no pueden sustituir la relación comercial transatlántica entre Estados Unidos y la UE, pero sí pueden amortiguar su efecto y, además, dar más certidumbre a las empresas. A estas casi les perjudica más la falta de predicibilidad de las decisiones que toma el Gobierno norteamericano que la subida de aranceles en sí, explicaba este mismo viernes a primera hora una fuente diplomática europea que concluía diciendo sobre Mercosur: “Lo necesitamos”.
Y ese mismo verbo es el que han utilizado los portavoces de la Comisión después de las palabras de Von der Leyen. Bruselas estima que el acuerdo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay podría eliminar unos 4.000 millones de euros de aranceles a las exportaciones de bienes de la UE, lo que lo convierte en el mayor acuerdo de libre comercio de la historia del bloque en términos de posibles reducciones arancelarias. Un estudio del Centro Europeo para la Política Internacional (ECIPE, por sus siglas en inglés) calcula que entre 2021 y 2025 la UE dejó de exportar al bloque de Mercosur unos 183.000 millones de euros y eso restó casi 300.000 millones de euros al PIB europeo.
El acuerdo comercial entre la UE y Mercosur implica la creación de la mayor área de libre comercio del mundo si se toma la suma del producto interior bruto de ambas regiones, no así si se mira a la población porque le supera el que tienen suscrito China y el bloque de países asiáticos de la ASEAN. Entre las dos regiones comerciales de ambos lados del Atlántico suman más de 720 millones de habitantes.
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