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editorial
Tribuna

Más empleo que nunca

España baja del 10% de paro por primera vez en casi dos décadas, aunque sin resolver la precariedad y el desempleo juvenil

Por primera vez desde la crisis de 2008, la tasa de paro en España ha caído por debajo del 10% y ha cerrado 2025 con la creación récord de 605.000 empleos, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que consolidan al país como una de las economías con mejor desempeño en Europa. Nunca hasta ahora España había tenido 22,4 millones de personas trabajando y nunca su población activa (la suma de ocupados y desempleados) había rozado los 25 millones. Estas cifras son posibles gracias a la importante contribución de los ciudadanos extranjeros en los últimos años. De hecho, los trabajadores foráneos ya alcanzan los 3,58 millones, el 16% del total y suponen el 21% si se añaden aquellos con doble nacionalidad.

Este es un factor decisivo para explicar la evolución del empleo en 2025. En los últimos cuatro años, España ha registrado un aumento de población en torno al medio millón de habitantes anual, según la Estadística Continua de Población del INE, hasta rondar los 49,5 millones de habitantes, con datos provisionales de octubre. Pese a que hay más gente en el país, no ha dejado de crecer el empleo. El paro ha seguido reduciéndose hasta superar los niveles previos al estallido de la burbuja inmobiliaria, años en los que hubo un crecimiento desmesurado del empleo en la construcción, que luego se evaporó con dolorosas consecuencias para toda la economía.

Los datos de la EPA no solo prueban el dinamismo de la economía española, que ha venido batiendo ejercicio tras ejercicio las previsiones más optimistas de analistas y organismos internacionales, como el FMI. Aparte de la cifra global de empleados, la reducción del desempleo de larga duración (aunque todavía supera las 900.000 personas) y el descenso en el número de hogares con todos sus miembros en paro indican que la mejora es profunda. La temporalidad cae y se vuelve a situar en mínimos, al menos en el sector privado. Las cifras también desmienten el discurso de quienes advertían del impacto sobre la creación de empleo de las sucesivas subidas del salario mínimo o del desempleo que provocaría la llegada de inmigrantes a España, entre los cuales hay alrededor de medio millón que, gracias al proceso de regularización anunciado por el Gobierno, se van a incorporar a las estadísticas.

Ahora bien, en materia de empleo conviene tener cautela y poner las cifras en contexto. España sigue siendo uno de los países con mayor tasa de desempleo de la Unión Europea, solo por detrás de Finlandia. Mientras celebramos romper la barrera del 10%, la media europea se sitúa varios puntos por debajo (6%). El paro juvenil, aunque ha descendido al 23%, continúa siendo alarmantemente elevado y es muy superior a la media de la eurozona. Esto significa que uno de cada cuatro jóvenes menores de 25 años que buscan trabajo no lo encuentra, una cifra que debería quitarnos el sueño como sociedad y debería ser la prioridad de las políticas de empleo.

Tampoco hay que olvidar el cambio sustancial que se ha producido en los últimos años, en los que tener un empleo ya no garantiza salir de la pobreza. Cada vez son más los que deben tener más de un trabajo para poder cubrir las necesidades básicas de su hogar. La crisis salarial en España es uno de los principales lastres de desarrollo económico del país a medio plazo. En un entorno de máxima incertidumbre y tensiones geopolíticas como el actual, 2025 se ha revelado como un buen año para el empleo en España. Pero ese no puede ser el punto final. El verdadero desafío es convertir ese empleo en prosperidad.

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