Ir al contenido
_
_
_
_
COLUMNA

La culpa es de las madres

Bajo la neoinquisición del nuevo ‘maternaje’ subyace lo de siempre: culpar a las mujeres por ejercer su libertad reproductiva

Los bebés criados con biberón son como bollos ultraprocesados. Los hospitales son lugares hostiles para parir. La madre que decide no dar de mamar a su hijo comete un supremo acto de egoísmo. El parto debiera ser un acto placentero, lo más parecido a mantener relaciones sexuales. Tranquilos, no se han equivocado de columna ni de pluma. Ni me ha poseído una integrista de la lactancia y del parto en casa, ni me ha dado un soponcio, ni me estoy inventando nada. Todas estas frases y otras igualmente estupefacientes se han pronunciado desde el estrado de profesores en un máster sanitario impartido por una universidad pública en España, Unión Europea, 2025, ante la callada incredulidad del auditorio. Eso, además del intolerable hecho en sí mismo, es lo insólito. Que señoras y señores graduados no se levantaran a rebatir o protestar porque alguien les endosara sus creencias y opiniones personales en un entorno académico como si fueran evidencias científicas.

Puede haber varias razones para ese silencio, pero una de ellas bien podría ser porque los mantras de esa tendencia que ve la crianza como una nueva religión, con sus propios mandamientos, pecados y herejes condenadas a la hoguera, ha calado lo suficiente para que a nadie le extrañen ya las homilías de sus oficiantes. Herejes, en femenino, sí. Porque, bajo toda esa neoinquisición del nuevo maternaje subyace lo de siempre: culpar y hacer sentir culpables a las mujeres por ejercer en conciencia su libertad reproductiva. A las que deciden ser madres y a las que deciden no serlo. Porque a estas también se las lapida por egoístas, al privar a la sociedad de nuevos contribuyentes y a ellas mismas del verdadero sentido de su vida.

Hallábase una ayer bruxista perdida rumiando en silencio tales disquisiciones cuando le llega al periódico un libro recién salido del horno: ¿Y si el problema fuera tu madre? Método para liberarse de la huella materna, en el que Clémence Biel, una coach experta en “herida de la madre” (sic), dedica 200 páginas a atribuir en exclusiva la culpa del malestar emocional de hijas como ella a las madres que las parieron, y casi se traga una muela. Ni una línea, qué digo línea: ni una sola palabra dedicada a los padres en todo el ensayo. Y, así, mientras nos seguimos despellejando entre nosotras, los señores siguen yéndose de rositas en el cuidado de la prole, como en el Medievo. Qué hartura.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_