ChatGPT: el tarotista más caro del mundo
Tiene reputación de científico pero es el mago del efecto Forer


Una temporada que tuve el corazón hecho trizas fui a una tarotista con fama de haber atendido hasta a presidentes del Gobierno. Más adelante la misma amiga que me había dado su teléfono me descubrió que otra muy buena hacía predicciones en YouTube. Estas eran gratis y las esperaba con auténtica avidez. Recuerdo ir por la calle escuchándolas en mis cascos como quien atiende la información en tiempo real de la DGT: completamente convencida de que la probabilidad de acierto era alta simplemente porque quería creerlo. “Esta semana, esa persona tan especial para ti ha estado pensando en lo vuestro y ha estado a punto de escribirte en varias ocasiones. Lo hará”. A pesar de que soy hija de los valores de la Ilustración (todos los de la EGB lo somos) y desconfiada por naturaleza (qué remedio nos queda a las mujeres), hubo unos cuantos meses en los que nadie me hubiese podido convencer de que no había motivo fundado para que esa voz me proporcionase alivio. Si no se hubiese convertido en algo perfectamente común entre personas de todos los sexos y géneros preguntarle por asuntos del querer a máquinas, jamás me hubiese atrevido a hacer semejante confesión en público, pero hoy lo digo sin ambages porque me parece una ridiculez semejante, que a la vez proporciona un alivio parejo. Nadie se inventa escenarios hipotéticos basados en la información personal que uno mismo ha proporcionado de forma más eficaz que ChatGPT. Es el mago del efecto Forer, ese sesgo cognitivo en el que se apoya la carrera de todos los videntes, por el que las personas aceptan descripciones relativamente vagas como si fueran personalizadas y precisas. Antes cuando teníamos dolores del alma íbamos a consultas con olor a incienso y llorábamos ríos. Ahora los secamos, para hacerle preguntas a robots que nunca nos llaman plastas pero que, digan lo que digan Sam Altman y todos sus inversores (seguro que estos también han preguntado alguna vez a un tarotista por sus finanzas), tampoco pueden adivinar el futuro. La persona especial no llamó.
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