De Anglada a Orriols: así se forjó la nueva extrema derecha catalana
La alcaldesa de Ripoll ha hecho crecer Aliança Catalana con mensajes virales de xenofobia y frustración independentista hasta amenazar a la derecha tradicional de Cataluña

Junts ha entrado en pánico. Alcaldes y dirigentes de la formación que dirige desde Waterloo Carles Puigdemont saben que muchos de sus electores darán su voto en las próximas elecciones municipales a Aliança Catalana. Una preocupación que comparten los demás partidos catalanes, ya que las encuestas señalan que, de celebrarse ahora autonómicas, la formación de Silvia Orriols pasaría de 2 a más de 20 diputados. Pero para eso faltan todavía dos años y medio y antes hay elecciones municipales, en las que no sólo Junts sino también ERC y la CUP ven peligrar sus alcaldías por la irrupción de la nueva ultraderecha independentista. ¿Cómo es posible que un partido que en 2023 sólo se presentó en tres municipios ahora se vea como una amenaza que ha provocado que Junts endurezca su discurso sobre la inmigración?
Hasta 2018, España era uno de los pocos países de la Unión Europea en los que la extrema derecha no tenía una presencia significativa en las instituciones. Con una excepción, precisamente en Cataluña, donde Plataforma per Catalunya, el partido de Josep Anglada, obtuvo 67 concejales en 2011, pero fracasó en su intento de dar el salto al Parlament. Una de las causas de su declive fue que el procés desplazó el debate identitario del que se nutre la ultraderecha —si los de fuera son una amenaza para los de aquí— por otro debate también identitario: si los ciudadanos se sentían más españoles o más catalanes, si querían seguir siendo parte de España o vivir en una república independiente.
Aunque fundado en 2013, Vox fracasó electoralmente hasta que Javier Ortega Smith, ahora caído en desgracia dentro de su partido, interpuso diversas querellas contra políticos independentistas, para acabar ejerciendo la acusación en el Supremo, lo que le dio una cuota mediática sin la cual no habría salido de la marginalidad. Vox no dio el salto agitando el miedo a la inmigración ni manifestándose contra el aborto, sino gracias a la visibilidad que obtuvo ejerciendo de acusación contra el independentismo. Una independencia que Puigdemont y Oriol Junqueras mostraban como alcanzable, afirmando que tenían sólidos aliados internacionales y unas estructuras de Estado preparadas para activar la desconexión, incluso si España se negaba a negociar.
Pero el 17 de agosto de 2017, seis semanas antes del referéndum independentista, se produjeron los atentados de la Rambla y Cambrils, ejecutados por un grupo de hijos de inmigrantes marroquíes nacidos o crecidos en Ripoll y captados por un imán del que se publicarán informaciones sobre su condición de confidente de la Guardia Civil y del CNI. Y la evidencia de que unos chicos a los que todo el mundo conocía en Ripoll, hablaban catalán y se consideraban integrados habían cometido esos crímenes monstruosos afectó emocionalmente a la sociedad ripollesa. En dicho contexto se produjo el error de dar voz en la tribuna de la concentración de repulsa por los atentados que se celebró en Ripoll a Hafida Oukabir, hermana de dos miembros de la célula: Moussa, que murió en Cambrils, y Dris, que fue quien alquiló las furgonetas que iban a utilizarse como coches bomba. El 26 de agosto de 2017, ante unas 3.000 personas, la hermana de los dos terroristas hizo un parlamento en el que mostró la radicalización de estos jóvenes como un fracaso de la sociedad ripollesa, más allá de afirmar que el islam condenaba dichas acciones. Acabado el acto, muchas vecinas se abrazaron a ella, llorando y casi pidiéndole perdón, como si la culpa de la radicalización de sus hermanos fuera de los ripolleses. Pero meses después, se filtraron los audios de Hafida en los que hablaba con sus padres, a los que decía que Moussa, como buen musulmán, había seguido la llamada de Alá. Y durante el juicio se difundieron los vídeos de los jóvenes mientras fabricaban explosivos y decían en catalán “os mataremos a todos”. Y Orriols recogió el sentimiento de rabia de muchos ripolleses, quienes pensaban que los partidos y entidades de la localidad habían mostrado más solidaridad con las familias de los terroristas que con las víctimas.
Orriols, mileurista con cuatro hijas y un hijo, había creado el grupo Els Intransigents, que tenía como referente a Daniel Cardona, líder de Estat Catalá, quien afirmaba en los años veinte que “un cráneo de Ávila no será nunca como uno de Plana de Vic” y se enfrentó a Francesc Macià en 1931 porque, tras proclamar la República Catalana, dio marcha atrás y encajó la Generalitat dentro de la República Española.
Orriols sólo obtuvo un escaño de concejal en Ripoll en 2019 pero, cuatro años después, Junts, que gobernaba el municipio, se desplomó. Junts bajó a tres concejales mientras Aliança se convertía en la fuerza más votada, con seis. Aunque Junts rechazó sumarse a un Gobierno de coalición, dijo inicialmente que apoyaría la investidura de un Ejecutivo municipal liderado por ERC, con el PSC y la CUP. Pero finalmente se desdijo y, al no alcanzar la candidata de ERC la mayoría absoluta en el pleno, Orriols obtuvo la alcaldía al ser la fuerza más votada. Ya como alcaldesa, demorando el empadronamiento de inmigrantes o anunciando el castigo a conductas incívicas protagonizadas por foráneos, consiguió una notoriedad amplificada en las redes que se haría viral y de la que no habría gozado si fuese la líder de la oposición municipal.
En la campaña de las elecciones al Parlament de 2024, Orriols desempolvó su segundo argumento: que el procés fue un engaño, ya que Puigdemont, como Macià en 1931, se echó atrás. Y empezó a presentarse como la salvadora de Cataluña, tuiteando que, desde Ripoll, cuna de Cataluña, ella, que nació un 9 de octubre, día en el que el rey Jaume I expulsó a los musulmanes de Valencia liderará la liberación la nación. Y ya desde el Parlament, con intervenciones contundentes que, como cantos de sirena, son virales en las redes, intercala la frustración por la traición de Puigdemont y el rechazo a la inmigración con las críticas al wokismo y al Pacto Verde.
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