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Tribuna
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El ‘no a la guerra’ de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno se dispone a arrebatar a su izquierda una de las pocas banderas que les quedan

A Pedro Sánchez se le ha aparecido un cisne negro. Se rumoreaba que el Gobierno estaba esperando un suceso sobrevenido para salir de la parálisis política y, de repente, Donald Trump agitó el avispero del mundo. El PSOE organizará este primer semestre una “Conferencia por la Paz”, considerando que será el principal tema de 2026, pero hay una estrategia clara de fondo: el no a la guerra es transversal en la opinión pública española y un gancho para intentar sostener la legislatura bajo el mantra del enemigo externo.

No es la primera vez que Sánchez redirige el malestar doméstico hacia un gobierno extranjero mientras los problemas arrecian en España. Ocurrió con la guerra en Gaza: el Ejecutivo se puso al frente de las protestas contra el Gobierno de Benjamín Netanyahu para reconectar con el sentir de su electorado, muy preocupado —hoy como entonces— por la vivienda y desmovilizado en las encuestas. La Moncloa logró así hacerle de oposición a un Partido Popular reacio a pronunciar la palabra “genocidio”, al tiempo que arrebataba a Podemos y Sumar esa causa. Fueron aquellas semanas en que, pese a tener al exsecretario de Organización, Santos Cerdán, en prisión provisional, el PSOE logró sostener el envite en el plano demoscópico.

Así pues, la Moncloa ha encontrado un contexto para intentar activar a la izquierda, pese a ser más que probable que varios barones del PSOE sufran otro descalabro en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Resulta curioso que el partido no haya emitido una reflexión honesta por el batacazo en Extremadura, mientras organiza una conferencia sobre política exterior. No se ha saldado de forma satisfactoria la gestión de las denuncias por presunto acoso sexual en el partido —600 militantes feministas han firmado un manifiesto para protestar contra Ferraz—, pero los socialistas debatirán sobre Trump y Vladímir Putin.

El caso es que, si el Ejecutivo quiere realmente consolidar alguna alianza en el Congreso, tiene forzosamente que enmendar su política del muro hacia la derecha. El presidente se caracteriza por su unilateralismo en política exterior —por ejemplo, con la cesión del Sáhara a Marruecos—, pero necesitará contar con el PP en la Cámara para aprobar el envío de tropas de paz a Ucrania, si esa propuesta se materializa. Hasta ahora, el Gobierno ha ido incrementando el gasto en Defensa en solitario, vía modificaciones en el Consejo de Ministros. A lo sumo, ello se debatía en el Parlamento para que los partidos a la izquierda se desahogaran, pero sin votaciones que evidenciaran su rechazo en el plano militar, todo fuera por no sellar un acuerdo con el PP.

El problema de fondo es que algunos aliados parlamentarios de Sánchez parecen seguir instalados en el marco mental de la Guerra Fría. Primero, hay una izquierda que hace gala de antiimperialismo solo cuando el imperio es yanqui, no cuando se trata de Rusia o de sus aliados. Varios socios de izquierdas plantaron a Volodímir Zelenski cuando vino a España en 2024 o protestan a menudo por el envío de armas, que sirven a los ucranios para defenderse. Segundo, hoy denuncian la injerencia de Estados Unidos en Venezuela, tras votar en contra —ERC, IU y Bildu— o abstenerse —Podemos— cuando el Congreso instó en 2016 a la liberación de los presos políticos venezolanos. No es que su defensa del Derecho Internacional sea ilegítima —como tampoco su antiamericanismo habitual—; es que a menudo es a eso a lo que se aferran para camuflar ciertas imposturas morales que eran previas. Tercero, algunos incluso se pronuncian de forma tibia sobre la represión del régimen iraní, pese a abanderar el feminismo habitualmente.

Con todo, el único socio a la izquierda capaz de sostener un relato internacional alternativo es Podemos. Afines al partido morado dicen que el envío de tropas europeas a Ucrania es para defender los intereses estratégicos de Estados Unidos. La realidad es que Trump está hoy más cerca de los intereses de Putin que de los nuestros; el propio movimiento MAGA ha decidido dejar de ser el guardaespaldas de Europa. Cierta izquierda lleva toda la vida denunciando que nuestro continente es el “patio trasero de Estados Unidos”, pero cuando Bruselas puede realmente desarrollar una estructura militar propia o una independencia estratégica, también se opone, mientras nos habla de las bondades de China.

En definitiva, la ofensiva por la paz del PSOE suena a un calco del relato pacifista con que se presentó el partido de Ione Belarra a las elecciones europeas de 2024. La diferencia es que la formación morada siempre ha estado más orientada a criticar a Bruselas, que a Putin por su belicismo. El drama es que Sánchez sabe que la paz no depende de nosotros, y menos aún de una UE que no ha hecho los deberes para lograr su autonomía defensiva. Eso sí, el presidente del Gobierno se dispone a arrebatar a su izquierda una de las pocas banderas que les quedan: se ha convertido en la oveja negra de la OTAN por oponerse al incremento del gasto al 5% y no tiene hoy rival político en el campo del antitrumpismo. Otra cosa es que los problemas domésticos sigan exactamente en su sitio, y le continúen pasando factura como hasta ahora.

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Sobre la firma

Estefanía Molina
Politóloga y periodista por la Universidad Pompeu Fabra. Es autora del libro 'El berrinche político: los años que sacudieron la democracia española 2015-2020' (Destino). Es analista en EL PAÍS y en el programa 'Hoy por Hoy' de la Cadena SER. Presenta el podcast 'Selfi a los 30' (SER Podcast).
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