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Red de Redes
Columna
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Elon Musk contra la más mínima decencia

Las instituciones no pueden seguir un día más en un entorno en el que la explotación de los más bajos instintos no solo está permitida; está fomentada

Grok es una inteligencia artificial generativa propiedad de xAI, que también es la propietaria de X, antes Twitter. Todas ellas están en manos de Elon Musk, que es el hombre más rico del mundo, considera que la Unión Europea debe ser destruida y está orientando al algoritmo de su red social para que impulse contenidos que coincidan con su visión del mundo racista, tecnosolucionista y tránsfoba.

El generador de imágenes de Grok está sexualizando a petición del usuario cualquier imagen que se encuentre en X, incluyendo las de menores. Según Bloomberg, la semana pasada lo hacía al ritmo de 7.000 imágenes a la hora. La indignación ha llevado a la apertura de investigaciones en varios países, entre ellos España. En Malasia e Indonesia, se ha bloqueado el acceso a la aplicación de Grok (aunque no a X, por lo que, en principio, no se pueden crear imágenes pero sí ver las ya publicadas). La reacción de xAI ha sido la de limitar el generador de imágenes a los usuarios de pago, lo cual es reconocer que no es un accidente sino parte intrínseca del negocio. Musk, por su parte y como es su costumbre, ha acusado a los países que están estudiando más medidas contra los productos de xAI de censurarle.

La columna Alphaville del Financial Times no se anduvo con chiquitas al titular una pieza como “Quién es quién en X, la página de porno deepfake antes conocida como Twitter”, y mostrar las fotos de todos los directivos de la empresa convertidos en payasos cortesía de Grok. Y el titular del FT no es tan duro con X como debería: en el porno, si hay menores vas a la cárcel; y, al fin y al cabo, quien aparece sabe que va a aparecer.

Opinion from Alphaville: Here's a look inside Elon Musk's big tent. ft.trib.al/NM1VE7i

[image or embed]

— Financial Times (@financialtimes.com) Jan 6, 2026 at 21:10

Siendo justos, todas las empresas de IA generativa están palpando los límites de lo ético para atraer al público a sus productos y justificar así sus inversiones multimillonarias. Pero Musk le está dando una patada, otra más, a los límites de lo ético. En el mundo de xAI, la explotación de los más bajos instintos no solo está permitida; está fomentada para burlarse a risotadas de la moralidad que todavía cree que la gente puede y debe ser buena y tener derechos.

Y, como pasó en las ocasiones anteriores en las que Musk puso su empresa al servicio de las peores barbaridades, ha vuelto a encenderse el debate sobre si conviene que X siga siendo la plaza pública oficiosa para la conversación política a gran escala y para la transmisión de información institucional valiosa. Un debate que es sorprendentemente discreto para lo grave que es todo lo que está ocurriendo. ¿Por qué?

Para el analista Laurens Hof, la respuesta es que X “ha dejado de ser una plataforma y ha pasado a ser una cuestión de poder”. “X se ha convertido en la estructura de poder de la pequeña red de élites políticas, del capital y tecnológicas centrada en Donald Trump, con la esfera pública arrastrándose tras ella como un zombi, animada por todos los que todavía tratan a X como si fuera 2015”, explica en un post. Fuera de Estados Unidos, continúa, “otros países tendrán que abandonar la plataforma para liberarse de esta dependencia. Pero cualquier acción será considerada ofensiva por parte del régimen estadounidense, lo que probablemente desencadenará represalias. Ningún país parece estar dispuesto a ser el primero en actuar y, por lo tanto, asumir el peso de la contraofensiva”. Tiene sentido.

Pero la verdad incontestable es que X no es un lugar decente para hacer nada decente. Nuestras instituciones no pueden tener una relación de dependencia con una empresa abierta y orgullosamente inmoral, máxime cuando ahí fuera ya hay lugares decentes funcionando. En Europa, algunas instituciones como los museos públicos de París ya están experimentando con alternativas no estadounidenses en el Fediverso. Entre los países de la UE, España es una de las que pide con más fuerza reaccionar ante el poderío de los tecnooligarcas. Atrevámonos a llevarlo a la práctica.

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Sobre la firma

Thiago Ferrer Morini
(São Paulo, 1981) Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. En EL PAÍS desde 2012.
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