Políticas de nuevo orden
El bombardeo de Venezuela rompe un poco más el mundo de normas con el que nos regíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y es un aviso a navegantes


El año 2026 no ha cumplido una semana y ya hemos vivido el primer momento histórico. El bombardeo de Venezuela y la sonrojante rueda de prensa de Donald Trump vanagloriándose de romper el orden internacional para que las empresas estadounidenses controlen el petróleo venezolano apoyándose en las estructuras chavistas se han asomado a nuestras pantallas como un espectáculo de luces y artificio a mayor gloria del presidente, a mayor descrédito de su legitimidad. Un movimiento que rompe un poco más el mundo de normas con el que nos regíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y un aviso a navegantes. Nadie está libre de ser el siguiente. Una decisión que nos lleva un poco más a ese nuevo orden mundial con el mundo dividido en áreas de influencia dominadas por una potencia con libertad para actuar en función de sus impulsos e intereses.
Que todavía nos sorprenda esta visión impúdica de la política como campo de negocios internacional, muestra la solidez de los principios que, a modo de ficción útil, han primado en las últimas décadas. Frente a los matones y a los análisis cínicos cuya lectura simplista se resume en un “así es la vida, el cambio de ciclo es imparable”, es precisamente esa solidez la que debería marcar el camino. La vulnerabilidad de la UE en este contexto, convertida de manera progresiva en periferia, sin capacidad defensiva propia y con un socio protector que ha pasado a ser la principal preocupación, obliga a convertir el miedo en acción. Es tiempo de reforzar redes con los países que también han pasado a ser vulnerables. De Canadá a Australia. De América Latina a Corea del Sur. Y también con quienes defienden posturas contrarias a las de Trump en Estados Unidos. Porque ningún mandato es eterno.
Frente a la política internacional agresiva, el poder blando y la legitimidad democrática deben ser la bandera europea en la acción exterior. Y en la interior, ni una concesión a la desinformación y a quienes desde dentro y desde fuera desestabilizan el sistema. España tiene mucho que decir en un enfoque así, a pesar de la cortedad de miras de quienes en una crisis internacional de esta envergadura se limitan a soñar con que aparezca la Delta Force para llevarse a Zapatero y a Sánchez.
Mientras, estaría bien que los ciudadanos y ciudadanas recordásemos que nuestro voto importa y que no todas las opciones son iguales. Porque quien se presenta amenazando y presumiendo de que va a romper cosas, si tiene oportunidad, es probable que las rompa.
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