Ir al contenido
_
_
_
_
Lecturas Internacionales
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Sheriff de las Américas, modelo para Putin y Xi Jinping

Detener a un jefe de Estado es una novedad latinoamericana que puede repetirse con otros regímenes

La caída de un dictador siempre es una excelente noticia. No lo es tanto que sea a través de una intervención militar, sin cobertura alguna de la legalidad, es decir, al margen del derecho internacional y de la Constitución estadounidense, sin Naciones Unidas ni el Congreso de los Estados Unidos. Y menos todavía que responda al Corolario Trump de la Doctrina Monroe, formulado en la nueva Estrategia Nacional de Seguridad, que autoriza al actual presidente a actuar en el entero continente americano como si fuera un territorio bajo su soberanía.

La fulgurante y eficaz operación nocturna del ejército estadounidense y de sus fuerzas especiales es un salto cualitativo en el intervencionismo formulado por el presidente Monroe en 1823, apenas medio siglo después de la independencia, cuando la joven y lejana república pretendía mantener a raya a los imperios europeos. Reformulada en 1904 por el presidente Theodore Roosevelt, legitimó su recién inaugurado impulso imperialista, la injerencia en los países latinoamericanos y las intervenciones militares durante el siglo XX en República Dominicana, Cuba, Nicaragua, Haití e incluso el apoyo a los militares golpistas de Chile y Argentina.

La auténtica novedad de la Doctrina Trump viene determinada por el contexto global. Una acción tan drástica y a la vez tan fácil de cambio de régimen en el vecindario próximo de Estados Unidos es una seria advertencia de valor universal. Neutralizar en pocas horas a unas fuerzas armadas sin capacidad de disuasión ni de respuesta, acompañada de la detención del jefe del Estado, es una novedad latinoamericana que puede repetirse con otros regímenes del continente situados en similar inferioridad militar, debilidad económica y deterioro o inexistencia de la base social que los sostiene.

Conociendo el papel jugado en la crisis venezolana por el secretario de Estado y consejero nacional de Seguridad Marco Rubio, de familia cubana exilada, y la fragilidad extrema de la dictadura cubana, hay pocas dudas que el derrocamiento del régimen comunista de La Habana y quizás a continuación la dictadura de Ortega en Nicaragua, estarán en el orden del día de la Casa Blanca. Es dudoso, en cambio, que afecte a Irán, lejos de las Américas, donde no sería posible la repetición de una operación del mismo tenor sin caer en los desastres de Irak o en Afganistán. La indudable alegría que pueda proporcionar la caída en serie de varios dictadores llega empañada por la fuerza autocrática que la impulsa, en este caso la de Trump, el presidente que concentra todos los poderes en sus manos, está deteriorando la democracia en su país y promoviendo una internacional iliberal para llevar a la extrema derecha al gobierno de los principales países europeos.

Si la aplicación en Venezuela del Corolario Trump contiene una amenaza para cualquier gobierno americano adversario de Trump, constituye a la vez un ejemplo y una implícita bendición para las ambiciones de Rusia y de China, superpotencias a las que la Casa Blanca trumpista reconoce sus respectivos ámbitos regionales de hegemonía. También es una simultánea advertencia para que no se inmiscuyan en los asuntos latinoamericanos, ya no en la política, sino en las inversiones o los intercambios comerciales. Taiwán y Ucrania tienen, en cambio, motivos de preocupación ante el agresivo imperialismo regionalizado que resulta de la división del mundo en áreas de influencia exhibido por el trumpismo.

Idéntica preocupación sugiere la regionalización imperialista entre los antiguos aliados de Washington en Asia —Japón, Corea del Sur, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda— y en Europa —los socios de la OTAN y de la UE—, condenados a contener en solitario las ambiciones de unos vecinos expansionistas a los que anima el activismo militar trumpista. El derrocamiento de Maduro es también un duro golpe para la Carta de Naciones Unidas, para la propia organización internacional y su Consejo de Seguridad y para el derecho penal internacional, burlado e incluso perseguido por Trump a través de la represión sobre varios de sus magistrados y funcionarios. Su jurisdicción multilateral universal será sustituida así por el alcance global de una justicia trumpista guiada desde la Casa Blanca por un decisionismo unilateralista.

El momento culminante será la ya anunciada comparecencia de Maduro ante algún tribunal de Estados Unidos para responder por delitos vinculados al terrorismo, al tráfico de armas y al narcotráfico. Será un grotesco sarcasmo que sea un delincuente exonerado por sus artimañas ante los tribunales quien entregue a los mismos tribunales a quien es, finalmente, uno de sus iguales. Con mayor razón cuando son explícitos sus propósitos depredadores respecto a los recursos de los países objeto de sus ambiciones y su nula apreciación por los derechos humanos y las libertades de los ciudadanos de cualquier país, incluido el suyo. El lobo es el caudillo y el juez de este rebaño. Que a nadie le extrañe cuando devore a las ovejas que le apetezcan.

Para leer más:

‘Trump’s Attack on Venezuela Is Illegal and Unwise’

Editorial del ‘The New York Times’, 3 de enero de 2026.

‘To Dare Mighty Things. US Defense Strategy Since the Revolution’

Michael O'Hanlon, Yale University Press, 2026.

‘Dangerous Nation’

Robert Kagan, Atlantic Books, 2006.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Lluís Bassets
Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

_

Últimas noticias

Lo más visto

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_