Suspender el pleno del Congreso por la Diada: un gesto tonto
Estamos tan acostumbrados a que la casta política nos mienta que tenemos que dilucidar nosotros mismos la verdadera razón para cancelar la sesión parlamentaria del 11 de septiembre


Es un gesto tonto. Una minucia si lo comparamos con que el PSOE haya tenido a dos presuntos mangantes seguidos como secretarios de organización. Una anécdota si pensamos en que se está investigando si le hemos pagado las meretrices a escote en forma de salario público a uno de ellos, todo mientras su partido se decía abolicionista. Es una tontería si reparamos en que el Gobierno ha adjudicado 46 contratos por valor de más de 1.000 millones a la industria militar israelí en los casi dos años de genocidio. Una anécdota si pensamos en las consecuencias nefastas de la ley del sí es sí. Pero es un gesto tonto cargado de significado.
El martes, el PSOE propondrá modificar la agenda parlamentaria para que el día 11 de septiembre no haya pleno. Como sabrán, ese día es la fiesta regional de Cataluña, convertida por los independentistas en el día grande de esa estafa que fue el procés.
Patxi López fue el encargado de anunciar la solicitud de día moscoso por respeto a la Diada. Sí, el mismo Patxi López que defendió mantener la votación del decreto de RTVE un día después de la tragedia de la dana porque no conocía “ninguna empresa que haya suspendido su actividad si no se ha visto directamente afectada”. Se ve que sí sabe de empresarios que echan el cierre con motivo de la fiesta patronal del pueblo de su empleado preferido. “Nuestro trabajo es legislar”, dijo entonces quien ahora defiende suspender un pleno para que unos cuantos diputados se vayan de puente sin remordimientos.
Dice Bolaños que “hay un número elevado de diputados catalanes que desean estar en Barcelona ese día”, por lo que sería “razonable que la Junta de Portavoces tenga en cuenta esa circunstancia”. Aparte de un hombre muy empático, Bolaños es medio manchego, su padre es de Villafranca de los Caballeros. Así que espero que, en lo venidero, cada 31 de mayo se suspenda la actividad parlamentaria; seguro que a los diputados de Castilla-La Mancha les apetece irse a sus casas con motivo del día de su Comunidad.
El gesto, de producirse, sería tonto pero insólito: nunca se ha suspendido un pleno con motivo de ninguna fiesta autonómica. Se uniría a la ristra de gestos (estos mucho menos tontos pero igualmente insólitos) que el Gobierno de Pedro Sánchez ha tenido con sus socios independentistas: una amnistía que el PSOE negaba que fuera a ejecutar y que cuando finalmente ejecutó nos vendió como un logro progresista (aunque puede que no haya nada menos progresista que romper el principio de igualdad ante la ley), una Hacienda propia que se nos trasladó como otro hito de izquierdas (aunque puede que no haya nada menos de izquierdas que fragmentar la caja común), o el acuerdo con un partido “reaccionario, supremacista, xenófobo, ultraliberal y de un nacionalismo extremo” (así lo definía Javier Cercas en este mismo periódico) para ceder competencias en materia de inmigración a Cataluña.
En el pleno del día 11 está previsto convalidar el decreto ley de ampliación de los permisos de maternidad y paternidad aprobados en julio. Estamos tan acostumbrados a que la casta política nos mienta que tenemos que dilucidar nosotros mismos que la razón por la cual quieren suspender el pleno es para no perder esa votación, que se resentiría si Junts se ausenta, cosa más que probable. Sería mucho más digno explicar esto que venir con el respeto a la Diada. Aunque ello implicaría, claro, reconocer la indignidad de unos socios que se plantean poner en riesgo los derechos de las familias para rascar cuatro votos en una manifestación.
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