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PAN
Opinión

El diablo en la apertura ciudadana del PAN

El partido conservador promete que las candidaturas no serán decisiones cupulares. El caso de la candidatura aliancista de Xóchitl Gálvez como aspirante presidencial en 2024, ayuda a cuestionar la oferta aperturista del jefe nacional panista, Jorge Romero

Jorge Romero durante la marcha por el relanzamiento de Acción Nacional, en Ciudad de México, en octubre 2025.José Méndez (EFE)

Hace tres años, la encuestadora Enkoll publicó las preferencias electorales en la Ciudad de México. El eco de esos números resuena hoy que el Partido Acción Nacional promete candidaturas ciudadanas. La dirigencia panista tiene aún mucho que explicar.

Al inicio de 2023 se vivía a tope el ánimo preelectoral en la Ciudad de México. La jefa de gobierno Claudia Sheinbaum estaba en ruta de dejar el cargo. Su siguiente parada, la candidatura oficialista a la presidencia. La pugna por sustituirla estaba desatada dentro y fuera de Morena.

El 15 de marzo de ese año, Enkoll liberó la “Encuesta Suspirantes Ciudad de México”, que incluyó varias preguntas sobre simpatías opositoras. La expectativa favorecía a Xóchitl Gálvez, por entonces senadora de la República.

“De la siguiente lista, ¿usted a quién prefiere como candidato o candidata del PAN a jefe o jefa de Gobierno de la Ciudad de México”, preguntó Enkoll. Xóchitl Gálvez sacaba 30% de preferencia efectiva, dos puntos arriba de Margarita Zavala, diez más que Santiago Taboada, 18 más que Lía Limón y 26 más que Kenia López.

“De la siguiente lista”, decía otro reactivo, “¿usted a quién prefiere como candidato o candidata de la alianza PAN-PRI-PRD a jefe o jefa de Gobierno de la Ciudad de México?”. Gálvez saca 31 puntos de preferencia efectiva, Zavala, 25; Taboada, 15; Limón, 10, y Kenia López ni aparecía.

Otras encuestas de la época coinciden. Buendía y Laredo daba en febrero de 2023 a Xóchitl 30% de simpatías para ser la abanderada de la oposición, con 18 puntos sobre Lía Limón, por entonces alcaldesa de Alvaro Obregón. En junio, por su parte, El Financiero publicó que 18% de la gente prefería que Xóchitl fuera la candidata aliancista opositora contra 14% que preferían a Santiago Taboada. A Kenia López solo la pedía el 8%.

¿Quién terminó llevándose la candidatura? Santiago Taboada, alcalde de la Benito Juárez, integrante del llamado Cartel Inmobiliario y protegido de Jorge Romero, entonces diputado y hoy líder nacional del PAN.

El por qué ocurrió así es una pregunta muy relevante tras de que este sábado la dirigencia nacional del PAN anunciara que rumbo al proceso electoral del 2027 abrirán las candidaturas a las y los ciudadanos, y que las encuestas serán cruciales para definir las mismas.

Gálvez no fue candidata en la Ciudad de México porque todas las señales que recibió de quienes mandan en Acción Nacional es que en la capital el turno al bat deseado por la cúpula era Taboada, o Kenia López, o Lía Limón; y que solo si esa tercia no iba, Gálvez.

Que luego Xóchitl acabara como candidata a la presidencia de la República es otra historia. Pero su toma de decisión al respecto de competir en contra de Claudia Sheinbaum fue un proceso distinto al de la candidatura capitalina, donde le marginaron.

Tres años después, el PAN promete que las candidaturas no serán decisiones cupulares. Y tres años después, el caso de la candidatura aliancista de Xóchitl como aspirante presidencial en 2024, ayuda a cuestionar la oferta aperturista del jefe nacional panista Jorge Romero.

Porque si es cuestionable que el PAN no cuidara sus posibilidades de triunfo en la capital por su afán de favorecer a alguien identificado con el grupo de Romero como lo es Taboada, mucho más se debe ahora preguntar con respecto a qué pasará con los aspirantes ciudadanos.

Se suele decir que la campaña presidencial de Xóchitl Gálvez fue un desastre. Ha sido cuestionado su desempeño en los debates, y su falta de reflejos para salir de algunas coyunturas en las que se vio involucrada en esos meses. La historia, empero, es más compleja.

¿Cuál es el compromiso del PAN de compartir decisiones con los eventuales candidatos? ¿Harán como con Xóchitl que nunca pudo incidir en la definición de una campaña de contraste? ¿Les marginarán del uso del presupuesto electoral como le ocurrió a la hidalguense?

Una campaña es muchas cosas. El o la candidata son fundamentales, sin duda, pero la estrategia y la operación de la misma no puede ocurrir sin que quien más se juega tenga un peso determinante en esos meses de frenesí e imprevistas revisiones de ruta.

Lo anterior no significa que los invitados terminen decidiendo la totalidad de las campañas. Nada menos estratégico que ello. Y por eso el PAN se acaba de echar encima un reto descomunal. No solo la criba de perfiles por los que luego tendrá que responder, sino un mecanismo de selección que garantice que aguanten los rigores de contiendas que son cada vez más sucias.

Por su parte las y los ciudadanos han de cuidarse de que no les vayan a asignar candidaturas condenadas al fracaso, de que les asignen presupuestos realistas y no les condicionen empresas o personas para la ejecución de tareas o labores, y de que les apoyen jurídicamente con demandas que suelen durar años en los tribunales.

Las campañas son carísimas y uno de los secretos mejor guardados es que en México las y los candidatos suelen rascarse con sus propias uñas. Qué ciudadano querría lanzarse por el PAN y en caso de perder enfrentar a nombre propio deudas y reclamos judiciales.

En los próximos días, antes que anuncios bombásticos muy propios de él, Romero debería puntualizar qué han imaginado para acuerpar mucho tiempo a candidatas y candidatos ciudadanos que se jugarán la piel, en demasiados casos literalmente, bajo las siglas panistas.

El dos de junio de 2024 por la noche, cuando era evidente que había perdido, Xóchitl Gálvez quiso salir a reconocer su derrota y a la ganadora morenista. El entonces líder nacional del PAN Marko Cortés se lo impidió y hasta de gritiza se habló.

Así trató el PAN a la última ciudadana que invitaron. No la dejaron llegar en Ciudad de México, la maniataron en la presidencial. Con esas credenciales hoy prometen. Sí, el diablo se esconde en los detalles y en la historia que tiene en Gálvez un antiejemplo del compromiso de la cúpula panista.

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