La tortilla se resiste al intento de Sheinbaum por gobernar la inflación
El encarecimiento del principal alimento del país golpea con mayor intensidad a los más pobres, mientras tensa la disputa entre el discurso oficial y los productores


México ha puesto sobre la mesa su estrategia para contener el alza de la inflación, un fenómeno que genera dolores de cabeza en la mayoría de los bancos centrales del mundo: una receta de subsidios a los energéticos y diálogos con el sector privado. Sin embargo, un grupo de productos se resiste a esa consigna de control de precios impulsada desde Palacio Nacional, abriendo un nuevo frente de disputa entre el Estado y el mercado. En el centro de esa tensión aparece un alimento siempre presente en la mesa de los mexicanos: la tortilla.
Consumida por el 94% de la población, su preferencia no distingue entre niveles de ingresos o estratos sociales y se estima que cada persona consume entre seis y ocho piezas al día. No obstante, su encarecimiento golpea de forma desproporcionada a los hogares más vulnerables, por lo que se convierte rápidamente en un detonante de descontento social. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) estima que los hogares más pobres destinan entre hasta un 45% de sus ingresos a la alimentación, por lo que si para una familia de clase media un aumento estimado por el Consejo Nacional de la Tortillas de entre dos y cuatro pesos por kilo puede suponer un ajuste moderado del cinturón, para una familia en pobreza extrema se traduce en una caída de consumo considerable.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido enfática en afirmar que no hay razones económicas que justifiquen incrementos en el precio de la tortilla, mientras ha advertido que no permitirá que productores y vendedores se “aprovechen” del contexto internacional derivado de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El Fondo Monetario Internacional recortó esta semana su previsión de crecimiento mundial y elevó sus pronósticos de inflación, advirtiendo incluso sobre un escenario de recesión si el conflicto se prolonga y si el petróleo escala hasta los 110 dólares por barril. Por ahora, el crudo Brent ronda los 94 dólares, en medio del optimismo del mercado porque un frágil diálogo llegue a buen puerto.
El Gobierno sostiene que los precios internacionales de los granos básicos se han estabilizado gracias a una producción récord. Del otro lado de la acera, los productores argumentan que sus costos siguen presionados por la inseguridad, los combustibles y el transporte. A ello se suma la informalidad en el sector que, según el Consejo Nacional de la Tortilla, opera fuera de la regulación fiscal y laboral, lo que distorsiona la competencia.
Las últimas Estimaciones Mundiales de la Oferta y la Demanda Agrícola (WASDE), publicadas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), confirmaron que la producción de maíz, soya y trigo ronda niveles récord, lo que puede beneficiar con costes más bajos a importadores como México, que compra dos veces más a EE UU de lo que le exporta. No obstante, en un reflejo de que los productores locales no logran sortear las barreras a su productividad, las zafras mexicanas se venden casi al doble del precio que reciben los agricultores del vecino norte.
Para el economista Rodolfo Ostolaza, subdirector de estudios económicos de Banamex, un aumento en el precio de la tortilla tendría efectos más amplios sobre la economía, particularmente en el consumo de los hogares, uno de los principales motores del crecimiento. “La tortilla es la base de nuestra alimentación. Un impacto así sería desastroso”, señaló a periodistas.
No es la primera vez que el sector de la masa le toma el pulso al Gobierno. La mandataria se fijó como meta reducir el precio de la tortilla en hasta un 10% durante su sexenio, un objetivo que hasta ahora enfrenta resistencia. En octubre de 2024, el precio promedio nacional rondaba los 23 pesos por kilo; para abril de 2026, se ubica cerca de los 24 pesos, de acuerdo al monitoreo de la Secretaría de Economía. En una muestra de cómo la política se entrelaza con el alimento estrella, Maseca anunció un incremento, aunque marginal, del precio de la harina de maíz de unos 25 centavos por kilo. Mientras su competidora, Minsa, de la familia de Altagracia Gómez, el enlace entre el empresariado y el Gobierno de Sheinbaum, no ha adelantado aumentos.
“El Gobierno de México hace un llamado enérgico a evitar incrementos injustificados en el precio de la tortilla en perjuicio de la población, al considerar que se trata de uno de los alimentos fundamentales en la dieta nacional”, añadieron en un comunicado la Secretaría de Agricultura y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). Los organismos señalaron que la mayoría de las asociaciones nacionales de la industria de la masa y la tortilla y las principales empresas harineras participan en el acuerdo nacional maíz-tortilla, que establece acuerdos voluntarios para mantener la estabilidad de costes.
De cara a las próximas semanas, marcadas por la volatilidad global, los analistas advierten de que las presiones inflacionarias están dando muestras de persistir. Un repunte del Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) en marzo abona en nuevas tensiones en los precios de mercancías, según Banamex. La inflación al productor avanzó 2,8% mensual. En paralelo, Banco Base elevó su previsión de inflación a 4,20%.
A tasa anual, la inflación general se ubicó en 4,59% en marzo, su nivel más alto desde octubre de 2024. Al interior del índice, la inflación no subyacente destacó por el alza en productos agropecuarios, con un incremento mensual de 4,52%, el mayor para un marzo desde 2013. El jitomate encabezó las presiones, afectado por factores climáticos y una menor producción tras la imposición de un arancel del 17% por parte de Estados Unidos a sus importaciones.
Por su parte, el subcomponente de energéticos y tarifas autorizadas por el Gobierno registró una inflación del 0,85%, luego de dos meses oscilando en torno al cero, mientras que los energéticos se aceleraron a 1,06%, tras dos meses en contracción, registrando su nivel más alto para un mes igual desde 2022. “En este contexto, se deben evaluar con cautela los riesgos como impactos cambiarios, ajustes fiscales recientes y posibles factores externos, como las consecuencias de las disrupciones generadas por el conflicto en Medio Oriente en el suministro y precio de energéticos, lo que sugiere gradualidad en el proceso desinflacionario”, coincide la casa de bolsa Valmex.
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