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Ángel Ortiz, el mariachi inquieto que innova en el género con ‘anime’ y videojuegos

El músico mexiquense experimenta en redes llevando los temas de series a la tradicional música mexicana. Ahora, compagina su trabajo en tres agrupaciones con la suma decenas de miles de seguidores

El mariachi Ángel Ortiz, en una imagen cedida.CEDIDA

Ángel Ortiz recuerda sentarse ante su computadora para grabar cuando tenía unos 15 años. “Con lo poquito que sabía, hacía grabaciones. Tenía intención de compartirlo […] Estoy hablando de hace 20 años, no eran tan comunes las redes sociales en México”, cuenta al otro lado de la pantalla. Esos primeros tanteos fueron los que le llevaron a compartir versiones de banda y de música en inglés en sus redes, una inquietud que le ha llevado a expandir las —en ocasiones inamovibles— barreras del género del mariachi. Los recuerdos de las maquinitas de arcade con las que jugaba de pequeño hicieron que buscara adaptar los sonidos de los videojuegos y del anime al mariachi, un experimento que ha tenido gran aceptación en redes años después. Ortiz (Estado de México, 35 años) cuenta ya con más de 300.000 seguidores en TikTok, 100.000 en Facebook y 50.000 en Instagram.

Habla desde su estudio en Texcoco, Estado de México, el mismo en el que suele grabar su contenido. Es ahí, en ese pequeño cuarto blanco e insonorizado, donde explica que siempre ha subido sus videos a redes por afición, aunque desde hace un tiempo ha logrado monetizarlo: “No es tanto, pero sí te ayuda; te motiva a seguir haciéndolo, porque del amor al arte, técnicamente, no se vive”. Comenzó a subir las versiones del anime hace unos cuatro años, en un momento de inspiración previo. Ortiz había visto como la gente subía versiones de un tema de la cantante británica Adele a YouTube y una idea le pasó por la mente: “Qué padre estaría que se escuchara la voz de Adele con música mariachi”. El video pronto tuvo buena aceptación del público.

Pero no todo quedó ahí. Recuerda que su auge en redes se formó más o menos así: toma su celular y las notificaciones de redes comienzan a saltar: “Oye, haz el tema de Zelda”, “el tema del videojuego Zelda”, “hazlo, hazlo”. Él responde: “Sí, lo voy a hacer un día de estos”. Empieza a escuchar la orquestación del videojuego, y piensa: “Se escucharía bonito con mariachi”. Fue el inicio del bum que ahora vive. “De ahí las reproducciones se fueron a millones en TikTok, en Instagram empecé a subir de seguidores de una manera en la que no había subido antes. Igual en Facebook. Yo creo que sí fueron esos temas de Zelda”, explica.

El músico nació en una cuna de mariachis. “En general es muy común que en esto del mariachi sea como un oficio familiar en que el abuelo le enseña al papá, el papá al hijo, el hijo al nieto y así”, cuenta. Creció viendo como su papá enseñaba el oficio a su hermano mayor, y le llamaba la atención esos sonidos de los instrumentos. “Siendo niño, de repente a uno le gusta más jugar y hacer otras cosas, pero siempre me gustó experimentar con los instrumentos. Tuve que aprender desde muy pequeño a sacrificar algunas cosas que otros niños sí hacían en pos de desempeñarme en esto”, asegura.

Inició las clases de teoría musical y de canto cuando tenía unos siete u ocho años y, como a los doce, aprendió a tocar el violín, su principal instrumento a nivel profesional. Para esa época, Ortiz ya se había estrenado en el oficio, tocando en eventos con sus “diez cancionistas aprendidas”. “Todavía no era mariachi como tal, era un conjuntito con mi papá, mis dos hermanos y yo”, relata.

El experimento de Ortiz fue dura idea en un gremio acostumbrado a clásicos como El Rey, Cielito Lindo o Volver, volver. Cuenta que el público externo al gremio abrazó con fuerza esos tanteos musicales; pero que en el mariachi la situación fue algo más complicada: “Es un gremio muy tradicional, a veces muy cerrado […] Es un poquito complicado que los compañeros acepten o vean con buenos ojos cuando alguien hace algo no tan cercano a lo tradicional”. Aunque considera que no debería ser un tema de confrontación cuando hace “las cosas bien y con respeto”.

Ortiz no ha parado desde su niñez. El músico —que también finalizó sus estudios en Historia— compagina ahora la creación de contenido con su trabajo en tres mariachis: uno junto a sus hermanos; otro con el Mariachi Gama 1.000, una agrupación más experimental que busca mezclar la música y el baile; y como músico con Pepe Aguilar, donde tocan música mexicana al 100%. En ocasiones, al mexiquense le resulta algo complicado sacar tiempo libre. “A veces, es imposible. Ahorita, me tuve que dar un par de días libres por la enfermedad [una leve afección respiratoria] y ya ando con muchos pendientes. Querer abarcar muchos frentes implica sacrificar un poco el tiempo libre o el tiempo ocio”, dice.

La evolución en redes se ha traducido en un fuerte apoyo de su familia en el proyecto. Al principio le preguntaban que por qué se grababa, que por qué se exponía. “Al paso del tiempo, cuando empiezan a ver seguidores, que te invitan a algunos eventos, que reconocen tu trabajo, también ellos se jalan”, explica. En su pequeño estudio con los instrumentos apilados en un rincón ha reiterado varias veces el apoyo de su esposa y sus hermanos como algo esencial para desarrollar su perfil. Es parte de la historia que ha llevado a que, cuando sale a tocar a las fiestas con el mariachi que conforma con sus hermanos, la gente ya le pida temas como Yo soy tu amigo fiel, de Toy Story. “Obviamente tocamos nuestro repertorio tradicional porque a mí me gusta mucho y a la gente también, pero sí tratamos de que exista esa propuesta o esa parte de innovación”, sentencia.

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