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COCAÍNA
Opinión

México, Colombia y Ecuador: el triángulo de la coca

Las tres partes del negocio criminal han quedado retratadas con el arresto en la capital mexicana de Lobo Menor

Traslado de Esteban Aguilar, alias 'Lobo Menor' en Ecuador, el 20 de marzo.STR (EFE)

Tienen nombres, digamos, menos profesionales que sus socios mexicanos o colombianos. Los Choneros, Los Lobos, Los Lagartos. Suenan a grupos de rock o a clubs de moteros. Desde luego, menos corporativo que Estado Mayor Central o Cartel Jalisco Nueva Generación, que si algún despistado no supiera a lo que se dedican bien podrían pasar por la última sensación en LinkedIn. Las mafias ecuatorianas no tienen tanto caché pero son capaces de asesinar a candidatos presidenciales, controlar minas enteras en los Andes o ser indispensables en el triángulo de la cocaína junto a los narcos mexicanos y colombianos.

Las tres partes del negocio han quedado retratadas con el arresto la semana pasada en la capital mexicana de Ángel Esteban Aguilar, Lobo Menor, que pese al diminutivo, era uno de los líderes de los Lobos, el grupo más fuerte en Ecuador tras desangrar a los Choneros. El trayecto del detenido, de México a Colombia y de ahí a Ecuador, es el mismo pero a la inversa que el de la coca, que vuelve a romper récords tras unos años de estabilidad. Tres cuartas partes de la producción mundial se concentra en Colombia, de ahí a los puertos ecuatorianos del Pacífico, para seguir rumbo al norte, donde las mafias mexicanas se encargan de la logística necesaria para que llegue a Estados Unidos, el líder indiscutible en consumo.

Las conexiones con las mafias ecuatorianas con el Cartel Jalisco Nueva Generación, registradas desde hace al menos cinco años según documentos militares mexicanos, han sido claves para el ascenso de Los Lobos, que tienen una cartera criminal bien diversificada: minería ilegal, explotación sexual, tráfico de personas y de armas. Y un poder de fuego que les alcanzó para asesinar hace dos años a Fernando Villavicencio, entonces candidato a la presidencia en Ecuador.

Detenido en la colonia Polanco, un lujoso barrio de la zona centro de Ciudad de México, Lobo Menor está acusado precisamente de la muerte a balazos de Villavicencio en un mitin al norte de Quito. El asesinato del político vuelve a ilustrar el triángulo: seis de los siete sicarios involucrados eran colombianos. El presidente Gustavo Petro ha señalado incluso sus vínculos con Iván Mordisco, un reciclado señor de la guerra, que hoy es el enemigo público número uno en Colombia, por quien dan una recompensa de más de un millón de dólares. Mordisco, encabeza el autodenominado Estado Mayor Central, que reúne a facciones disidentes que se mantienen armadas y con negocios en el narcotráfico tras salirse del acuerdo de paz firmado a finales de 2016.

En el ascenso de Lobo Menor también juega un papel importante el Cartel Jalisco Nueva Generación. Los narcos mexicanos salieron a ayudar a sus socios ecuatorianos en un momento delicado. En 2022, participaron en una emboscada en una cárcel para liquidar a Leandro Norero, uno de los rivales del Pipo, entonces líder de los Lobos y padrastro de Lobo Menor. Con Pipo detenido al poco tiempo, el hijastro se hizo con el poder. Tanto que paseaba por una de las zonas más caras y exclusivas de Ciudad de México. La duda que aún no se ha despejado es si estaba escondido o de viaje de negocios.

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