La muerte de un sacerdote en Chiapas genera dudas por las versiones encontradas de las autoridades
La versión oficial del fallecimiento del clérigo, un aparente ahogamiento, es recibida por la Iglesia con escepticismo

La muerte del sacerdote Juan Manuel Zavala Pedregal está llena de incógnitas para la comunidad católica y la población de Chiapas. El religioso desapareció el domingo cerca de las ocho de la noche después de oficiar una misa en San Andrés Carrizal, en el municipio de Ocotepec, al norte del Estado. Su destino era Coapilla, una localidad a 18 kilómetros, pero nunca llegó. La sotana blanca y una Biblia fueron localizados cerca de su automóvil.
La alerta por la desaparición del sacerdote se dio en redes sociales y entre el círculo eclesiástico de la región. No había ningún indicio que asomara alguna causa personal para que el prelado abandonara su rutina, lo que encendió aún más los temores sobre su paradero.
Después de 12 horas, la mañana del lunes, el vehículo del líder religioso, un Volkswagen de color oscuro, fue localizado entre matorrales a medio crecer en el camino de terracería a la comunidad San Antonio, cerca de la Laguna Verde, un centro ecoturístico situado a pocos minutos del casco urbano de Coapilla. Lugareños dieron aviso a las autoridades y en cuestión de minutos policías municipales acordonaron el área.
El fiscal estatal, Jorge Luis Llaven Abarca, informó en un mensaje dirigido en Facebook que Juan Manuel Zavala murió por asfixia por sumersión en medio acuoso. Es decir, las autoridades creen que se ahogó en dicha laguna.
“Se realizó la necropsia de ley, no presenta mayores lesiones ni golpes, simplemente la causa de muerte es por asfixia. Se han hecho diversas investigaciones y se logró establecer que el occiso, según refieren algunos testigos, se comunicó a eso de las once de la noche vía telefónica con un colaborador, donde le señalaba que se encontraba extraviado y su vehículo atascado”, dijo Llaven Abarca durante la comparecencia.
Las autoridades mostraron un video donde afirman que el párroco deambula de manera solitaria por calles cercanas a donde fue encontrado muerto. La versión oficial, sin embargo, choca con los testimonios de algunos pobladores que viven cerca de la iglesia católica en Ocotepec, quienes refieren que el religioso utilizaba de manera constante esta ruta, por lo que la hipótesis en torno a que se extravió les resulta inconsistente.
La versión del Gobierno de Chiapas ha sido recibida con escepticismo. La Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez emitió un comunicado en el que señala que confía en que las autoridades competentes realizarán las diligencias necesarias para esclarecer lo sucedido. En respuesta, la Fiscalía ha informado que inició una carpeta de investigación por el delito de homicidio y ahondará en las pesquisas.
Reavivan denuncias contra Pakales y mineras
La extraña muerte del vicario encargado de la parroquia San Marcos Evangelista en Ocotepec, ha despertado suspicacias en torno a la situación actual de inseguridad en la región norte del Estado.
Para el comité de derechos humanos Digna Ochoa, se trata de una zona donde el crimen organizado opera en total libertad, sin actores sociales que denuncien situaciones de inseguridad que a menudo ocurren. “Aunque no se puede establecer relación directa, no es cosa menor que un cura desaparezca después de dar una misa en una región con alta presencia de violencia”, apuntan.
Para Luis Abarca González, coordinador de este comité, es inusual que una figura pública y religiosa cambie la ruta que ya conoce y se dirija a una laguna de noche, pese a conocer las condiciones de inseguridad y a sabiendas que hay que moverse con relativo cuidado. “Hay elementos que permiten presuponer que algo más pudo haber pasado”, sostiene.
Además, en la región la Iglesia ha acompañado manifestaciones y resistencias en contra de mineras y petroleras que han despojado a civiles de sus tierras, tal como lo ha documentado la organización Digna Ochoa desde 2018.
A este esquema de violencia se suma el clamor de justicia de la Provincia Franciscana San Felipe de Jesús de México, que el 5 de febrero denunció a la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal, el grupo élite de policías creado por el gobernador Eduardo Ramírez. Los religiosos señalaban a esta fuerza por perpetrar detenciones arbitrarias, acompañadas de tortura física y psicológica en contra de devotos en el corredor que atraviesa la región norte de Chiapas y pasa por Coapilla, Ocotepec, Pueblo Nuevo Solistahuacán y otras poblaciones.
“Su actuación genera un clima de profunda desconfianza y terror (…) han recurrido al uso excesivo de la fuerza y a la criminalización de personas inocentes", señaló la Provincia Franciscana, quien aseguró que las acciones de los policías de élite significaban un retroceso que vulnera los derechos humanos de las comunidades. En el documento dirigido a autoridades federales y locales exigen la liberación de líderes religiosos detenidos y encarcelados injustificadamente, bajo delitos que afirma nunca cometieron.
La Iglesia en Chiapas ha denunciado desde 2023 la ola de violencia que se apoderó de muchos municipios durante el mandato del exgobernador Rutilio Escandón. En medio de toda la maraña de voces que claman justicia, el nombre de Juan Manuel Zavala Pedregal ha resonado en la lucha colectiva.
La presión de la comunidad religiosa, sus párrocos y obispos, se convirtió en una “piedra en el zapato” para las células delictivas. En octubre de 2024, el padre Marcelo Pérez, un ferviente defensor de los indígenas, fue asesinado cuando salía de oficiar misa en San Cristóbal de las Casas.
La muerte del padre Juan Manuel Zavala ha sido descrita por las autoridades como “no violenta”, pero aún quedan muchos cabos sueltos por escrudiñar.
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