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Parques infantiles
Opinión

14 cosas que debe tener un parque infantil para que disfruten los niños y sus padres

Instalaciones de juego seguras, bancos, baños públicos, vegetación y otras peticiones de un progenitor que ha calentado mucho banquillo mientras sus hijos están en los columpios

Los parques infantiles deberían tener diversas variedades de suelo para conseguir distintas respuestas sensoriales de los niños.Mayur Kakade (Getty Images)

Hasta que a tus hijos les llegue la adolescencia, pasarás con ellos infinidad de horas en un montón de parques. A veces serán lugares majestuosos, llenos de vida, verde e imaginación, y otras veces tendrán solo un triste tobogán oxidado y un columpio con el asiento roto. En algunos te habrás achicharrado al sol y en otros habrás ido rondando metro a metro buscando un rayito que caliente esa tarde eterna y aburrida. Sea como sea, seguramente habrás pensado o comentado con otros padres: “¿Quién demonios ha diseñado esto? Porque parece que nunca haya visto jugar a un niño”.

Como he dedicado muchas horas a hacer de sombra de mis hijos —y los años que me quedan—, aquí tengo una carta a los Reyes Magos —o a quien competa— de cómo debería ser el parque ideal. No son peticiones ni de arquitecto ni de pedagogo, sino de padre que ha calentado banquillo en parques infantiles.

Y ya basta de pensar “bueno, total, es para que los niños se cansen y después no la líen en casa” o “montaremos cualquier cosa, porque total, es para niños y de entrada gratis y nadie se va a quejar”. Los parques infantiles no caen de los árboles, se pagan con nuestros impuestos y merecen el mismo rigor que el de cualquier equipamiento público.

Así que si conocéis a gente en ayuntamientos, pasádselo a ver si se inspiran un poquito en las necesidades reales de las familias.

Así es el parque ideal

  1. Tiene instalaciones de juego seguras, con protecciones pensadas para niños pequeños. Una cosa es ser padre helicóptero agobiado por todo y la otra no ver que en una especie de conglomerado de tobogán transformer de tres metros de alto necesitas poner barandillas en todos lados para que no se caiga ningún crío. Si el diseñador de juegos cree que los niños suben de manera ordenada y de uno en uno y se esperan arriba sin empujarse, o sin pelearse, es que ha estado en pocos parques o que es un sádico.
  2. Está preparado para el calor, con toldos (fáciles de retirar en invierno) que permitan jugar durante medio año sin sentir que estamos en el planeta Arrakis de Dune.
  3. Cuenta con bancos y sillas para padres y abuelos, porque también nos cansamos vigilando a los críos o esperando a que se despidan con drama de sus amigos.
  4. Tiene, por lo menos, una fuente —y ya es la leche cuando encima la fuente funciona y tiene agua—. Y si por diseño se puede evitar que beban a morro palomos o perros, mejor.
  5. Está libre de perros sueltos y de meados y defecaciones de animales. Esto es tan fácil como poner carteles grandes y alguna multa de vez en cuando.
  6. Puedes encontrar lavabos públicos, que los niños pequeños siempre pueden orinar en cualquier árbol, pero los mayores ya no, y no siempre hay bares cerca abiertos. Si el temor oficial es que se metan yonquis en el lavabo, en muchos parques ya se drogan en la zona infantil sin remordimientos, así que el peligro para los niños está igual. Si el miedo es que alguien deje el lavabo hecho un asco, solo hace falta pasear por cada parque para ver cerca de donde juegan los niños regalitos de dueños y perros incívicos.
  7. Hay vegetación y no asfalto y, por tanto, ese parque se parece más a una selva que a una autopista. Aspiremos a esto no solo por la sombra de los árboles, sino porque los niños, mientras escalan o se esconden detrás del árbol, crecen conviviendo con un poco de naturaleza.
  8. No le faltan lugares de juego simbólico. Llámame clásico, pero un minirecinto que recuerde a una casa o un barco, como se ve en ciertos parques, es mucho más reconocible y jugable que estructuras gigantescas abstractas.
  9. Tiene diversas variedades de suelo para conseguir distintas respuestas sensoriales de los niños y también distintos tipos de arañazos y heridas. Bromas aparte, el caucho al sol es horroroso, y la arena húmeda también. Y, según a qué jueguen los críos, la gravilla sale disparada y te va a los ojos. Una triple combinación ideal para fomentar una infancia rica en sensaciones.
  10. Es accesible e inclusivo para todos los niños, que puedan jugar y convivir en el mismo espacio, sea cual sea su condición y edad.
  11. Cuenta con variedad de elementos, para que críos de todas las edades se sientan interesados. Ni un parque para bebés ni uno para “mayores”, a menos que las dos áreas estén relativamente cerca (y un mismo padre pueda vigilar los dos sitios a la vez).
  12. Tiene mesas de pícnic para poder merendar tranquilamente o incluso montar algún cumpleaños sin que las familias se vean obligadas a alquilar una sala de fiestas y gastar dinero.
  13. Y ya puestos, también he visto que son un éxito las mesas de ping pong o los tableros de ajedrez. No tienen una rotación de niños muy alta, pero resultan opciones muy interesantes y poco típicas para todas las edades.
  14. Y para acabar, con las farolas y focos, presenta una luz amable y cálida para las tardes de invierno, y así el parque no parece un polideportivo decadente o un patio carcelario.

Y tú, ¿cómo imaginas tu parque infantil ideal? Nos leemos en los comentarios.

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