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La revolución tranquila de Zohran Mamdani cumple 100 días

El alcalde de Nueva York, socialista y musulmán, acomete la tarea de hacer más asequible la ciudad, pero también la de gestionar las grandes expectativas generadas

Mamdani, en un mitin sindical de porteros y conserjes de edificios, el miércoles en Nueva York. Seth Wenig (AP)

Zohran Mamdani, socialista, musulmán y novato en política, llegó en enero a la alcaldía de Nueva York, la ciudad más grande de Estados Unidos y la cuna del capitalismo contemporáneo, con la promesa de arrebatar la ciudad a los fondos de inversión y los grandes magnates para devolvérsela a sus habitantes. Esta semana, al concluir el periodo de gracia de los 100 primeros días, dio un paso para cumplir su palabra: en las redes sociales, su hábitat natural, anunció un impuesto anual a los dueños de segundas residencias de más de cinco millones de dólares, que en Nueva York son muchos: oligarcas rusos, jeques del petróleo y grandes fortunas globales.

Mamdani, de 34 años, ha cumplido en este tiempo otras promesas electorales: una inversión de 1.200 millones de dólares en guarderías, con 100.000 beneficiarios potenciales; la apertura, el año próximo, del primer supermercado público de la ciudad (la cesta de la compra ha subido un 66% en la última década, y lo ha hecho exponencialmente en el último lustro) o la mediación del consistorio entre inquilinos —el 70% de los neoyorquinos lo son— y caseros abusivos.

También ha lanzado una campaña para arreglar 100.000 baches en las calles, y ha echado alquitrán y limpiado nieve a paladas, siempre con el oportuno concurso de las cámaras, igual que cuando casó a seis parejas en el Ayuntamiento en vísperas de San Valentín. Su gestión de las copiosas nevadas —una prueba de fuego para todo alcalde de la Gran Manzana— recibió el aprobado de dos de cada tres neoyorquinos.

Pero el indudable carisma de Mamdani, su telegenia y desenvoltura en las redes sociales y su nueva manera de hacer política —más osada, puede que también más naíf—, tropieza con la realidad de un déficit presupuestario de 5.400 millones para alcanzar su objetivo de hacer la ciudad asequible para sus residentes, especialmente los de clase trabajadora (el agujero asestó un par de reveses a sus propósitos iniciales). Facilitar el acceso a bienes y servicios en una ciudad donde los precios son un atraco a mano armada fue su principal banderín de enganche electoral.

Por eso, además de arrostrar una feroz campaña islamófoba, a Mamdani le quedan muchas promesas en el tintero, como la gratuidad de los lentísimos autobuses urbanos, la implementación de la recogida de basura en contenedores para disuadir a las ratas, para 2031; o los cinco supermercados públicos, uno por cada condado, que pretende abrir durante su mandato.

El presupuesto es la mayor sombra sobre su ambiciosa agenda. Pero para llevar adelante su programa, no está solo ni es completamente autónomo: depende de la gobernadora del Estado, la también demócrata —pero centrista— Kathy Hochul, y de la Legislatura estatal, donde veló sus primeras armas políticas. Ambas entidades ejercen una influencia considerable sobre ciertos aspectos de su agenda. De hecho, Hochul le ha puesto en bandeja el impuesto a las segundas residencias millonarias, alrededor de 13.000 inmuebles en total, con el que se prevé recaudar 500 millones al año (la mitad de lo que costaría la gratuidad anual de los autobuses urbanos).

Mamdani debe surfear el delicado equilibrio entre los progresistas que le llevaron a la alcaldía y figuras enraizadas en el establishment como Hochul. Pero también las embestidas de Donald Trump, con quien se ha reunido dos veces y a quien parece haber seducido. La ciudad (y el Estado) dependen de la ayuda federal para importantes partidas, como infraestructuras, y el republicano suele castigar a las administraciones demócratas cuando le llevan la contraria. Si el alcalde ha conseguido bromear con Trump en el Despacho Oval, cabe esperar que la inicial desconfianza de Wall Street hacia sus propuestas fiscales se modere. Del lado de la ciudadanía, cuenta con el apoyo del 48% de sus vecinos, según la última encuesta.

Famoso en las redes sociales

Mamdani tiene por delante un doble trabajo: gestionar la ciudad, pero también las grandes expectativas que generó su victoria. “Las grandes promesas, las de visión global, siempre van a requerir cierto tiempo, en el mejor de los casos. Y creo que los votantes, en cierto modo, tienen conciencia de ello. Recordemos que fue elegido con el 50% de los votos, y lo que ha logrado desde que asumió la alcaldía es, en cierto modo, mitigar algunas de las inquietudes que albergaban muchos de quienes no votaron por él. Y esto lo ha conseguido, fundamentalmente, porque ser alcalde de Nueva York es, ante todo, un cargo de gestión”, explica Lincoln Mitchell, de la Facultad de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia.

“Tú puedes prometer esto y lo otro, pero si no eres capaz de gobernar la ciudad con eficacia, el resultado es un desastre. Y él ha demostrado que se toma muy en serio la labor de gestión, y lo está haciendo bastante bien”, añade. En cuanto a las promesas de gran envergadura, “aún es demasiado pronto para que los votantes se sientan decepcionados. No basta con agitar una varita mágica para que, de repente, el metro sea gratuito”.

El profesor subraya la gran pegada de Mamdani en las redes sociales, aunque “esté tropezando con los temas de transporte, algo que podría pasarle factura”. “Se ha desenvuelto tan bien en las redes, y lo suficientemente bien en la gestión, que no ha surgido ninguna crisis real en la que haya cometido un error garrafal o algo por el estilo. Así que me parece que lo está haciendo bien; simplemente es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas”.

Entre los planes que aún no han despegado, muchos vecinos citan, además del transporte, la vivienda, con una renta mensual media, en marzo, de 5.000 dólares en Manhattan: no es de extrañar que uno de sus grandes viveros de votos fuera precisamente el de los inquilinos, que representan el 70% de la población. “El tema de la vivienda será importante. Mamdani, creo, está barajando soluciones basadas en el mercado. El problema en un lugar como Nueva York es que las soluciones basadas en el mercado no generan vivienda asequible”, añade Mitchell.

Amplia base de apoyo

Joanne, que fue voluntaria en su campaña electoral, no se siente en absoluto decepcionada, sino expectante. “Me parece que está intentando encontrar puntos que cuenten con una amplia base de apoyo, en lugar de optar por asuntos con un impacto potencialmente divisivo, porque es consciente de que le votó la mitad de la población”, explica. “No he dado con un solo votante [decepcionado]. Eso podría cambiar para finales de año. Pero, por el momento, parece estar manteniendo el apoyo de su base mientras intenta demostrar a quienes no votaron por él que es una persona seria y que se toma su trabajo en serio. Y está logrando hacer todo eso”, coincide Mitchell.

El mediático aterrizaje de Mamdani en la realidad, un ejercicio de posibilismo no exento de encanto, le ha llevado a reformular el tono y el aliento de su agenda, según Nicole Gelinas, del centro de estudios conservador Manhattan Institute. “El tono optimista inicial, al menos en lo que respecta al presupuesto, ha desaparecido por completo”, apuntaba la experta en un reciente foro, días antes del anuncio del impuesto a las viviendas millonarias. “Creo que lo mejor que podemos decir es que, efectivamente, demuestra cierta capacidad de adaptación y flexibilidad cuando las cosas no se desarrollan conforme a sus teorías, cuando observa que su propia ideología podría desencadenar una crisis inmediata”, concluía, no sin achacarle una excesiva atención a los medios, por ejemplo, sus publicitadas celebraciones del Iftar, la cena que rompe el ayuno del ramadán, con distintos colectivos de la ciudad.

De cara al futuro, el aval que muchos dieron a Mamdani como recambio generacional e ideológico para el Partido Demócrata, e incluso como opción extrapolable al resto de EE UU, se ha desdibujado, porque no era real. “La mayoría de los estadounidenses perciben Nueva York como algo muy distinto del resto del país, y ningún alcalde de Nueva York ha logrado, después, acceder a otros cargos políticos. Este puesto suele verse como una carrera sin salida”, dice Mitchell, “aunque es tan joven que podría ser elegido senador o algo así”... siempre y cuando modere sus comentarios sobre Israel (ha amenazado con detener al primer ministro Benjamín Netanyahu si pisa Nueva York). “Hay mucha gente, judía o no, que cree que sus declaraciones sobre los judíos y sobre Israel van demasiado lejos. Eso podría cambiar, pero a nivel nacional, le va a perjudicar”.

Aun consciente de la impopularidad de esa parte de su discurso, Mamdani no se calla: esta misma semana, criticó en una entrevista televisiva a quienes critican sus políticas sociales. “Que se nos diga que un supermercado administrado por la ciudad es inviable, pero gastar más de 500 millones de dólares al día para matar a personas en Irán y Líbano no solo es viable, sino necesario, es síntoma de un tipo de política rota”.

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