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La ONU se juega su futuro en medio de la crisis del multilateralismo

Reafirmar el papel mediador en los conflictos, romper el techo de cristal y ajustar su presupuesto son algunas de las prioridades de la organización ante el relevo de su secretario general, António Guterres

António Guterres, secretario general de la ONU, en la Asamblea General en septiembre pasado.Shannon Stapleton (REUTERS)

Imaginen un organismo con techo de cristal, pies de barro y un corsé que impide el movimiento. Como techo de cristal está el conocido tope al liderazgo femenino; los pies de barro son las deudas, pero también el menoscabo de algunos de sus integrantes, y el corsé, la facultad de algunos de bloquear cualquier decisión eficaz. Es el vivo retrato de la ONU en 2026, cuya representatividad es cuestionada por EE UU y su aliado Israel y sus acciones ejecutivas se ven maniatadas por el derecho de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, un sistema que obedeció al equilibrio de bloques de la posguerra mundial, pero que ya no representa la actual correlación de fuerzas del mundo. Por eso la carrera sucesoria para sustituir a su secretario general, António Guterres, el próximo 1 de enero, ha adquirido una importancia crucial: además de un nuevo secretario general, la ONU se juega su futuro en medio de una preocupante crisis financiera.

Mientras la carrera sucesoria adelgaza de cinco a tres candidatos —la argentina Virginia Gamba se retiró de la lid y el senegalés Macky Sall ha sido puesto en solfa por sus patrocinadores—, las huellas que ha dejado en marzo la presidencia rotatoria de EE UU del Consejo de Seguridad muestran un derrotero muy poco global, circunscrito a sus intereses y los de Israel, con la ONU convertida en plataforma conjunta para justificar sus acciones con la colaboración de aliados como los países del Golfo (artífices de una resolución que condenó los ataques de Irán en la región, sin mencionar los de EE UU e Israel que desencadenaron la guerra).

Trump ya arremetió contra el multilateralismo durante su primer mandato, en 2017, cuando empezó a atacar a la ONU por su burocracia y su mala gestión, pero nueve años después, el contexto de un mundo en llamas, de Ucrania a Irán, Sudán del Sur o Líbano, añade una dosis extra de preocupación. “La ONU ha perdido gran parte de su credibilidad como institución pacificadora en un momento en que las guerras van en aumento y el Consejo de Seguridad se encuentra regularmente estancado respecto a cómo reaccionar ante los grandes conflictos”, apunta Richard Gowan, director del Programa de Asuntos e Instituciones Globales de la ONG International Crisis Group. “El próximo secretario general tendrá que lidiar con numerosos desafíos políticos. Sin embargo, los diplomáticos coinciden en que sus principales prioridades deberán ser la consolidación de la paz y la diplomacia de crisis”, añade.

¿Cómo hacerlo? “El secretario general no puede lograr la paz por sí solo. Sin embargo, un secretario general astuto podría desempeñar un papel más destacado en la diplomacia extraoficial con Pekín, Moscú y Washington respecto a cómo gestionar futuros conflictos”, explica Gowan. Pekín y Moscú, por ejemplo, se abstuvieron en la votación de la resolución que condenó a Irán por sus ataques en la región, y no era la primera vez que lo hacían: también se abstuvieron en noviembre, en la resolución que aprobó el plan de paz para Gaza de Washington, prueba, tal vez, de que las placas tectónicas del máximo órgano de la ONU se están moviendo.

Pero la infinidad de conflictos en curso en el mundo parece requerir más arrojo. “Guterres a menudo ha parecido bastante fatalista en cuanto a su incapacidad para desempeñar un papel significativo en el manejo de guerras de gran envergadura. Los diplomáticos desean que su sucesor asuma más riesgos”, dice Gowan, un veterano analista de la ONU.

Crisis financiera

La retirada de EE UU de varias agencias de la ONU es la punta del iceberg de un abandono que, bajo el radar mediático, se sustancia en una crisis financiera. En 2025, Washington aportó sólo el 4,3% de su cuota del 22%, dejando un saldo pendiente de 4.000 millones de dólares. Hoy ha pagado 160 millones de dólares de los 4.000 adeudados: una miaja en comparación con los 20.000 millones acordados en octubre para el mecanismo de intercambio de divisas con la Argentina de Javier Milei. EE UU es el mayor contribuyente de la ONU, porque las cuotas de membresía son proporcionales a la riqueza de cada país. Pero con Trump, que ha retirado a su país en una treintena de agencias del organismo, la crisis resulta acuciante.

“El próximo secretario general también deberá ser un gestor eficaz, capaz de tomar decisiones difíciles para racionalizar un sistema que adolece de una grave escasez de fondos y que, a menudo, resulta excesivamente burocrático y lento”, subraya Gowan.

Señora secretaria general

Con respecto a la cúpula, y al llamamiento generalizado a que, por primera vez en 80 años de historia, el organismo elija a una mujer como líder, algunas voces advierten de que quienes ven probable ese hito obvian que no sería resultado del progreso, “sino porque la organización está entrando en un periodo de aguda crisis institucional. Cuando las organizaciones se tambalean, nombran a mujeres. Esto no es mera especulación; se trata de un fenómeno bien documentado, conocido como el ‘precipicio de cristal”, explica Jennifer Parlamis, profesora de Gestión y Liderazgo en la Universidad de San Francisco, sobre un fenómeno según el cual las mujeres tienen mayor probabilidad de ocupar puestos de liderazgo precarios cuando las organizaciones atraviesan situaciones de crisis y críticas. Como la ONU en 2026, con sus agujeros financieros y las arremetidas de Trump.

El propósito de quienes abogan por romper el techo de cristal en la ONU, como la plataforma GWL Voices, es más progresivo. Este grupo recuerda que desde 1947 y hasta diciembre de 2025 sólo el 8% de los representantes permanentes (embajadores) ante la ONU han sido mujeres. Durante los primeros diez años de la organización, no hubo una sola embajadora. Entre 1958 y 1998, el porcentaje permaneció estancado entre el 0% y el 5%. Hubo que esperar a 2007 para que la representación femenina sobrepasara el 10%. Desde entonces, el número de embajadoras se ha mantenido entre el 10% y el 30%, sin acercarse al tope. El año pasado, apenas dos de cada 10 representantes permanentes fueron mujeres. Un total de 72 países nunca han nombrado a una mujer embajadora ante las Naciones Unidas desde que se fundó la organización, entre ellos España; otros 63 han nombrado a una sola.

Por eso, habría que felicitarse por la presencia de dos candidatas en la terna de aspirantes a suceder a Guterres, aunque una de ellas juegue con las cartas marcadas, la chilena Michelle Bachelet, a la que el Gobierno de su país ha retirado su apoyo. Demasiado feminista para la actual Administración de EE UU, enfadó a China por el informe independiente sobre la violación de derechos de la minoría uigur con que en 2022 se despidió como comisionada de Derechos Humanos de la ONU, aunque los vínculos comerciales entre Pekín y Santiago podrían prevalecer sobre la animadversión.

Más cerca del establishment y con un perfil más neutro se considera a la segunda candidata con posibilidades, la costarricense Rebeca Grynspan, con una larga carrera política e igualmente veterana en la ONU. El tercer candidato, el argentino Rafael Grossi, puede, en plena guerra contra Irán, tener a favor o en contra su desempeño como director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

La elección de una mujer como secretaria general de la ONU enviaría una señal de renovación a un sur global frustrado y a una sociedad civil escéptica ante la inacción de la ONU en situaciones críticas, como las guerras en curso, por el sistema de veto del Consejo de Seguridad, cuya reforma debería recaer en la agenda del próximo responsable. Así que no se trata solo de que el mundo esté preparado para que una mujer lidere la ONU, sino también de que tenga éxito. El impago de las cuotas de EE UU ha sumido al organismo en una profunda crisis. Bachelet ha propuesto reemplazar el esquema de financiación actual per cápita por un modelo que promueva la inversión pública global, como responsabilidad colectiva, un concepto ajeno al discurso de sálvese quien pueda de Washington.

Multilateralismo a bajo coste

En resumen, son varios los factores que confluyen en la elección del próximo responsable de Naciones Unidas, unos de contexto y otros, déficits estructurales y sistémicos. La apuesta por el multilateralismo es un objetivo claro para los que creen en la necesidad de la ONU. “Las mujeres pueden relanzar el multilateralismo. Cuando una mujer llega arriba, tiende a trabajar en equipo, que es algo que se necesita mucho actualmente”, decía recientemente Susana Malcorra, excanciller argentina, en un acto de GWL Voices en Nueva York.

“Creo que el próximo líder tendrá que convencer a los gobiernos de que es capaz de gestionar el sistema de las Naciones Unidas de manera más eficiente y económica. La ONU tendrá que reducir su tamaño para sobrevivir. El desafío para el liderazgo de la organización consiste en gestionar este proceso de forma racional, con el objetivo de forjar una forma de multilateralismo más eficaz y de bajo coste”, concluye Gowan.

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