La Francia Insumisa consolida su apuesta por el voto de origen inmigrante en la ‘banlieue’
El gran triunfo de Bally Bagayoko en Saint-Denis, en la periferia de París, refuerza la estrategia del partido izquierdista de Mélenchon para hacerse con el apoyo de los musulmanes


Es día de mercado en Saint-Denis. Los colores, el perfume de la comida y el zumbido de las conversaciones, si uno cierra los ojos, le transportan a Bamako o Argel. En la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, convive la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia con los comercios y las mezquitas. También con las tiendas halal y las viejas avenidas con nombres de mitos del comunismo. Saint-Denis, con 150.000 habitantes, es también el 93, el código postal de Seine-Saint-Denis, la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Y a la vez, la más joven del país. Un cóctel perfecto para quien sepa descifrarlo en el laboratorio electoral.
Según el escrutinio de la primera vuelta de las elecciones municipales, esa persona se llama Bally Bagayoko, francés de origen maliense, candidato de La Francia Insumisa (LFI) y nuevo alcalde de la ciudad elegido con el 50,77%. Pero hay más detrás de esta victoria.
La primera ronda de los comicios, celebrada el pasado domingo, confirmó muchas cosas. Pero una por encima de todas. Cuando la izquierda se despertó, La Francia Insumisa seguía ahí. El partido de Jean-Luc Mélenchon volverá a ser determinante para que las fuerzas progresistas se hagan con las alcaldías de Francia este domingo, cuando se celebra la segunda vuelta. Ya sea por activa, participando en coaliciones o gobernando (como en Lyon), o por pasiva. O sea, retirándose de la contienda, como ha ocurrido en Marsella. Pero, por encima de todo, confirma la estrategia electoral que Mélenchon empezó a desplegar hace casi 10 años. Es decir, la vinculación de su partido con el voto musulmán o de origen árabe y africano desencantado de las banlieues parisinas. El 11% de la población francesa que se declara musulmana (7,5 millones de personas, según la encuesta TeO2 del INED/INSEE, de 2022). Y la teoría dice que si ellos son las clases desfavorecidas, ahí tiene que estar la verdadera izquierda.
Yasin, un vecino de Saint-Denis nacido en Argelia se para delante de un cartel electoral del ya elegido Bagayoko. Lee atentamente sus promesas. Comedor gratis para los niños, una bicicleta para estudiantes al comienzo del instituto, controlar el precio de los alquileres... “¿Qué me parece? Muy bonito, fantástico. Pero a ver quién lo paga", dice sonriendo. “Bagayoko es un buen hombre y representa la diversidad que hay en Saint-Denis. Creo que hará un buen trabajo”, continúa ya en tono más serio.
La contundente victoria de Bagayoko (52 años) ha provocado un terremoto en Francia. También en los platós de televisión donde ha sido invitado el nuevo alcalde, cuyas intervenciones han derivado en bochornosas réplicas de presentadores y colaboradores. “Es un racismo que ni se esconde. En el caso de Bagayoko no es solo que sea musulmán, ¡encima es negro!”, ironiza Olivier Roy, filósofo y experto en el islam.

La victoria de Bagayoko responde a un doble fenómeno: demográfico y social. “Los jóvenes que se manifestaban hace 15 años en la calle, ahora tienen 30, 35 o 40 años. En lugar de una radicalización, ha habido un aburguesamiento. Ahora tienen hijos, una vida profesional, y quieren un reconocimiento. Además, hay una diversificación social. Antes los musulmanes tenían acceso a trabajos de inmigrantes, pero ahora son médicos, abogados, periodistas… educadores sociales. Es una especie de gentrificación de la clase media musulmana”, insiste Roy.
LFI ha presentado su victoria en Saint-Denis como la demostración del éxito de su estrategia de implantación en los barrios populares de la periferia parisina. Aquí fue donde el líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon, obtuvo algunos de sus mejores resultados en las elecciones presidenciales de 2022, a pesar de una abstención récord. En las ciudades de Seine-Saint-Denis, así como en las del Val-de-Marne, del Val-d’Oise o incluso de Essonne, LFI llevó a cabo una ambiciosa campaña destinada a evaluar sus redes de militantes y su capacidad para movilizar al electorado abstencionista de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
El origen del cambio de estrategia tiene unos 10 años. Después de la cadena de atentados de 2015, Francia salió a la calle. Pero muchos sociólogos y politólogos se dieron cuenta de que entre esos cuatro millones de personas faltaban los jóvenes de las banlieues (el extrarradio), a menudo musulmanes marginalizados. El demógrafo Emmanuel Todd lo resumió así en Qui est Charlie? (¿Quién es Charlie?, sin edición en español): “Millones de franceses se precipitaron a las calles para definir como necesidad prioritaria de su sociedad el derecho a escupir sobre la religión de los débiles”.
Mélenchon echó de menos en las elecciones presidenciales de 2017 unos 600.000 votos para alcanzar la segunda vuelta. Decidió buscarlos entre la juventud y los barrios populares, donde vive una parte de los franceses de origen africano y de donde surgieron también una buena parte de sus nuevos diputados. Mélenchon pensó que los votantes de la izquierda se habían convertido en las clases acomodadas y que era muy complicado hablar a las populares. “Así que miró el mapa y se dio cuenta de que quienes se ocupan hoy de la limpieza, de repartir comida, de las reparaciones en los talleres y fábricas, u obreros en paro son, esencialmente, inmigrantes de segunda o primera generación. Debía dirigirse a ellos, pero no tenía muchos temas: el poder adquisitivo, la crítica a Israel… y, por supuesto, la crítica a la laicidad convertida en islamofobia y discriminación", apuntaba el escritor Frédéric Martel.
Roy señala que ha ocurrido en muchas ciudades. “Y aunque los candidatos musulmanes no hayan ganado siempre, es ya muy significativo que fueran cabeza de muchas listas. Pero cuidado, también hay musulmanes en las listas de derechas. LFI tiene ventaja porque tiene militantes que trabajan los barrios en profundidad. Pero mire en Marsella, no lo han logrado. Porque los barrios no han votado. Localmente, hay que ir a buscar los votos”, apunta.
La victoria de Bagayoko subraya también la incapacidad del Partido Socialista de penetrar en determinados ecosistemas. “Es un partido que está agonizando y que nos ha traicionado siempre que ha podido”, criticó en una entrevista con EFE el regidor, en alusión a los pactos legislativos de 2022 y 2024 entre el PS y LFI. De hecho, Bagayoko logró desbancar en las urnas al alcalde saliente, el socialista Mathieu Hanotin.
Las elecciones municipales son las primeras en las que ningún partido que no se considere racista o xenófobo ha podido configurar sus listas sin tener en cuenta esa realidad demográfica. En el municipio fronterizo, en Île-de-Saint-Denis, prácticamente todos los candidatos tienen un origen inmigrante. Incluso en los cabezas de lista de la ciudad de París, Sophia Chikirou (LFI) es parcialmente de origen magrebí. “Localmente, todos los partidos ya han mirado hacia esa gente. También la derecha. Pero nacionalmente, en cambio, se denuncia como islamización de la política. Se les acusa de ser Hermanos Musulmanes. Hay un ataque ideológico para desacreditar un movimiento demográfico”.
Los frutos han empezado a recogerse. A la izquierda siguen sin salirle las cuentas sin La Francia Insumisa. La duda es si en el año que queda para las presidenciales será capaz de sustituirla. Vistos los nombres de los cabezas de lista de muchas ciudades en estos comicios, no parece que vaya a ser el caso.
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