La ONU rebaja a 143 el número de fallecidos en el ataque a un centro de adicciones en Afganistán
El Gobierno talibán había cifrado en 408 las víctimas mortales de un bombardeo que atribuyó a Pakistán. Los familiares aún buscan a pacientes desaparecidos

Afganistán se enfrenta a la incertidumbre sobre la cifra exacta de fallecidos, desaparecidos y heridos en el bombardeo a un centro de rehabilitación de personas con adicción a las drogas en Kabul, ocurrido en la noche de este lunes. La Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (Unama, por sus siglas en inglés) ha cifrado en 143 el número de muertos en el ataque, según ha reportado un funcionario a Reuters. Inicialmente, el Gobierno de los talibanes había afirmado que la explosión ―que atribuyó a Pakistán― había causado 408 muertos y 265 heridos.
Este miércoles, dos días después de la tragedia, familiares de los pacientes del Hospital Omid para el Tratamiento de las Adicciones, aún buscan a sus familiares entre los escombros. Muchos aseguran que aún no saben si sus seres queridos están muertos o si han sobrevivido y han sido trasladados a otro lugar.
Mazar, de 50 años, busca a su familiar, que estaba ingresado por segunda vez. “Revisamos las listas, pero su nombre no estaba en la lista de los vivos. Quizás esté herido o haya muerto”, ha dicho a Reuters.
Otro hombre, que ha pedido hablar desde el anonimato, ha regresado a la zona del impacto tras no obtener información de otro paciente este martes. “No encontramos su cadáver, ni estaba entre los heridos, y su nombre no figura en la lista de supervivientes”, ha lamentado.
El Hospital Omid, ubicado en una antigua base militar estadounidense, era usado como lugar de reunión por muchos drogadictos de la capital afgana, pero en 2016 fue convertido en centro de rehabilitación.
Pakistán ha asegurado que los ataques “fueron llevados a cabo de forma precisa y cuidadosa para asegurar que no se infligía daños colaterales”.
El bombardeo ocurre en pleno conflicto fronterizo entre Pakistán y Afganistán. Islamabad acusa Kabul de permitir que en su frontera se instalen bases de milicianos que amenazan su seguridad. Desde esta nueva escalada de hostilidades, han muerto 289 civiles afganos, incluidos 104 niños y 59 mujeres. La ONU ha reclamado una investigación “independiente” y “transparente” sobre el episodio del centro de tratamiento de adicciones.

La Unama ha hecho un llamamiento a respetar el derecho internacional. “Todas las partes en un conflicto deben respetar y proteger a los enfermos y heridos, al personal médico, a los hospitales y a las ambulancias. Los ataques contra hospitales e instalaciones civiles están estrictamente prohibidos”, ha señalado en un comunicado.
Cadáveres irreconocibles
Un portavoz del Ministerio del Interior de Afganistán ha explicado las dificultades para identificar a las víctimas. “Algunos de los cadáveres no eran identificables y se encuentran actualmente en el departamento forense. Algunos cuerpos estaban intactos y se entregaron a sus familias”, ha relatado Abdul Mateen Qanie. Pero, ha reconocido que “otros estaban completamente destrozados, recogidos casi como trozos de carne”.
Hasta la noche del martes, Medicina Legal seguía sacando cuerpos de entre los escombros. “Algunos cadáveres se han entregado tras confirmarse sus identidades. Sin embargo, un gran número de cuerpos sigue estando en nuestro poder”, ha explicado Najibullah Farooqi, jefe de la institución.
Afganistán ha sido, históricamente, una de las mayores fuentes de opio producido ilegalmente. En cuanto a consumo interno, la mayor parte de ingresos para rehabilitación es por consumo de opiáceos, según un informe de la Oficina de la Onu contra la Droga y el Delito. También se ha documentado el consumo de cannabis, heroína y metanfetaminas.
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