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GUERRA CONTRA IRÁN
Análisis

Vergüenza de Rutte, Von der Leyen y Kallas

La respuesta europea a la intervención en Irán cuestiona el liderazgo europeo en Bruselas: en las instituciones y en la OTAN

Ursula von der Leyen (izquierda), junto a Kaja Kallas en Bruselas en junio de 2025.Geert Vanden Wijngaert (AP/ LAPRESSE)

¿Es la tríada formada por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, y Mark Rutte, secretario general de la Alianza Atlántica, el peor liderazgo en Bruselas en décadas? Es muy posible que la respuesta sea afirmativa en el peor momento, con el mundo atrapado en una danza macabra, en un empacho de conflictos bélicos que se asemeja a una guerra civil global. Vimos sobradas muestras de esa baja calidad en las negociaciones comerciales con el trumpismo. En la política del apaciguamiento con Trump, que no ha funcionado y es una suerte de vasallaje feliz. Con la posición impresentable de Europa en relación al genocidio de Gaza. Solo el apoyo a Ucrania se salva. Pero el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que ha puesto la geopolítica y la geoeconomía patas arriba, se lleva la palma.

Rutte salió el lunes siguiente de los ataques con una entrevista en Fox News en la que volvió a sacar a pasear al adulador sin límites que ha sido desde el principio con Trump. La ofensiva era “crucial” para la seguridad de no se sabe quién. Observaba un “amplio apoyo” de Europa a la operación. Elogió a Trump como “líder del mundo libre”, en una de esas genuflexiones que le han hecho tristemente famoso. Y aseguró que la OTAN tenía que estar “preparada para disuadir ”. Cuentan que aquellos días, los reveses que recibió en los cuarteles generales de la Alianza, en Bruselas, fueron memorables. Desde entonces no ha hecho más que matizar y plegar velas. Está prácticamente descartado que la OTAN vaya a meterse en ese avispero, a pesar de las bravuconadas habituales de Trump. No hay apetito entre los grandes países; ni siquiera entre los pequeños, mucho más complacientes con Washington. Las opiniones públicas europeas han hablado alto y claro. Los efectos económicos ya están aquí con pérdida de poder adquisitivo, desaceleración económica y un formidable estrés en el mercado energético. Berlín, Londres y París han sido tajantes (París menos, pero así es Macron) después de unos inicios titubeantes. España lo fue desde el primer día. La credibilidad de Rutte, en fin, está por los suelos.

Von der Leyen se cubrió de gloria con aquel “Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden global, un mundo que ha desaparecido y no volverá”. Su atlantismo desaforado y sus posiciones proisraelíes ya habían provocado tremendos errores. Aquí tuvo que desmentirse a sí misma en solo 48 horas. En estos momentos, su credibilidad está cerca de los niveles de Rutte.

Quedaba Kaja Kallas, un peso pluma en comparación con Rutte y Von der Leyen, incluso con su antecesor, Josep Borrell, que supo construirse una voz densa y poderosa como jefe de la diplomacia europea. La facilidad de la cúpula bruselense para pisar gigantescas pieles de plátano también ha acabado afectando a Kallas, cuya obsesión con Rusia afecta a sus posiciones en otras agendas. Este lunes dio una de cal y otra de arena. Una intervención de la OTAN para proteger el estrecho de Ormuz “está fuera del área de acción de la Alianza Atlántica”: bravo, así es. Inmediatamente después, Kallas sugirió que hay “Estados miembros dispuestos a contribuir”, ya sea en una coalición de voluntarios o en la operación Aspides, para garantizar la seguridad de ese estrecho, absolutamente clave para el mercado energético global: error; en todo caso eso será mucho más adelante, cuando la zona se estabilice. Alemania, que también ha metido la pata en este asunto con un Friedrich Merz incapaz de defender a España en el Despacho Oval, ha dejado clara la postura de Europa. La guerra entre EE UU, Israel e Irán “no es la guerra de la OTAN” ha dicho tajante un portavoz de la cancillería. No existe mandato para que la Alianza Atlántica intervenga en Ormuz; Alemania “no participará” con medios militares en esa operación. Lo mismo dice Starmer en Reino Unido. Y Macron, aunque con calculada ambigüedad por sus intereses en la zona. Y Meloni, una de las grandes aliadas de Trump en Europa. Y por supuesto lo mismo dice España, desde el primer día y con más rotundidad que ningún otro país.

A Trump se le puede atribuir una frase de Shakespeare: “Aquí no hay oscuridad, sino ignorancia”. A Rutte, Von der Leyen y Kallas les viene como anillo al dedo una advertencia del Quijote a Sancho: “Si gobiernas mal, tuya será la culpa, y mía la vergüenza”.

Nuestra es la vergüenza.

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