Trump redobla la presión militar en Irán pese al desafío europeo y a los estragos de la guerra en la economía global
El estrecho de Ormuz, vía esencial cerrada de facto por Teherán, se ha convertido en el gran obstáculo del presidente de Estados Unidos para cantar victoria en Oriente Próximo


Una de las grandes paradojas de la guerra de Donald Trump en Irán es que el presidente de Estados Unidos lleva días presionando a sus principales aliados europeos, además de a China, Corea del Sur y Japón, para que formen una coalición militar para reabrir el estrecho de Ormuz, y, al mismo tiempo, defendiendo que no los necesita para nada.
Lo dijo este lunes en Washington, en un acto en la Casa Blanca, en el que se contradijo repetidamente y durante el que presentó esas presiones y amenazas como una suerte de prueba de lealtad: “Tenemos el ejército más fuerte del mundo, con gran diferencia. No nos hacen falta. Quería solo averiguar cómo reaccionaban [esos países]. Porque llevo años diciendo que, si alguna vez llegáramos a necesitarlos, no estarían ahí”, aseguró. “Llevamos 40 años protegiéndoos; ¿en serio no queréis involucrados en algo que tan pequeño?“.
La profecía autocumplida de Trump se materializó este lunes, cuando tanto las capitales por separado como la Unión Europea en conjunto, además de la OTAN, rechazaron que tuvieran planes de sumarse a una aventura de consecuencias impredecibles: deshacer el tapón provocado por Irán en Ormuz. Por esa vía pasa en torno al 20% del tráfico global de petróleo y un cuarto del de gas natural licuado.
El presidente de Estados Unidos afirmó en Washington que había países “en camino” para echar una mano. No especificó cuáles son, pero les prometió que la cosa sería fácil, porque se “dispararán muy pocos tiros”. Tampoco se puede descartar que los que ahora se niegan a hacerlo vayan a cambiar de idea y participar en esa hipotética alianza.
El republicano añadió también que sería Marco Rubio, secretario de Estado y su hombre para todo en política exterior, el que diera detalles sobre la entente. No quedó claro cuándo será eso, porque, dijo, Trump, les “cuesta tiempo llegar” a algunos de esos países. “En ciertos casos, hay un océano de por medio”, afirmó, pero tampoco se supo cuál.
El republicano habló en una comparecencia convocada para hablar de otro asunto: el futuro del Kennedy Center, templo cultural de Washington que lleva un año zarandeando y que planea cerrar durante otros dos después de que su patronato aprobara una clausura que él mismo anunció hace semanas. El protagonismo del acto lo compartió su jefa de Gabinete, Susis Wiles, a la que le han diagnosticado un cáncer de mama “de maravilloso pronóstico”, según anunció su jefe minutos antes de la reunión.

Entre tanta incógnita bélica, algo parece claro. El presidente de Estados Unidos está decidido continuar con la ofensiva militar en Irán, que se ha adentrado en su tercera semana sin un final a la vista. Así lo advirtió este lunes, cuando dijo que sus aviones “seguirían castigando [Irán] con fuerza”. También, que en la disyuntiva entre decantarse por declarar victoria y vender lo logrado hasta ahora −la destrucción más de “7.000 objetivos”, así como la reducción en un 90% los misiles iraníes y en un 95% de sus drones, dijo− o seguir con una ofensiva que ha puesto patas arriba la economía y la diplomacia globales, Trump se queda de momento con la segunda opción.
Ormuz es a estas alturas su gran quebradero de cabeza en esta guerra. Sobre todo, por lo que tenía de previsible esa crisis. Solo una torpe falta de previsión sobre el repertorio de represalias al alcance de Teherán para responder a las bombas de Israel y Estados Unidos pudo ignorar esa posiblidad. Este lunes, fiel a su alergia a reconocer los errores, Trump dijo que “sabía lo del estrecho”. “Tenía claro que sería un arma, algo que predije hace mucho tiempo”, añadió.
Para tratar de reconducir la situación, dado que no es posible hacerlo con los 20 millones de barriles de petróleo que cada día cruzan ese cuello de botella, Estados Unidos lanzó el viernes un ataque sobre Jarg, isla en la boca del estrecho en la que Irán concentra sus refinerías de crudo. Según dijo el republicano cuando anunció la operación en su red social, Truth, esta no tuvo como objetivo esas instalaciones sino otras de carácter militar.
El sábado, de nuevo en Truth, Trump pidió que “China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otras naciones afectadas” envíen “buques de guerra” para mantener el paso abierto. El bloqueo de Ormuz ha empujado el precio de la gasolina en Estados Unidos, país altamente dependiente del coche, que acumula, con el barril por encima de los 100 dólares, un alza de casi un 25% desde que estalló el conflicto.
Desde entonces, Trump no ha aflojado en su presión a los aliados, lo que pone sobre la mesa otra paradoja: Estados Unidos pide ahora colaboración a países con los que no contó al principio de la guerra, ni los avisó por adelantado de sus intenciones de pegarle una patada al avispero de Oriente Próximo.
El domingo, declaró a los reporteros a bordo del avión presidencial Air Force One que durante el fin de semana había hablado con siete países −tampoco dijo cuáles− para tratar de forjar una coalición que restablezca el tráfico marítimo en el estrecho. “Exijo que intervengan y protejan su propio territorio, porque [Ormuz] es su territorio”, afirmó. “No olvidaremos si no nos ayudan”, añadió, mirando a la cámara, horas antes de decir que no necesita ayuda de nadie.
En una entrevista con el diario británico Financial Times, el presidente de Estados Unidos se refirió poco después y específicamente a sus aliados atlánticos. “Si no hay respuesta o si la respuesta es negativa, creo que será muy malo para el futuro de la OTAN”, señaló el presidente. “Hemos sido muy amables [con la OTAN]. No teníamos por qué ayudarlos con Ucrania. (...) Ahora veremos si ellos nos ayudan a nosotros. Porque siempre he dicho que estaremos ahí para ellos, pero ellos no estarán ahí para nosotros. Y no estoy seguro de que lo estén”, declaró.
“No es nuestra guerra”
El presidente de Estados Unidos lleva desde antes de su regreso al poder amenazando con sacar a su país de la Alianza Atlántica. De momento, ha obligado a sus socios a aumentar el gasto en defensa hasta el 5%. Solo España se ha negado a hacerlo, lo que la ha colocado en el punto de mira del republicano. La negativa de permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón, en Cádiz, ha contribuido a elevar la tensión entre ambos Gobiernos.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, rechazó este lunes una posible implicación en el conflicto en Oriente Próximo. “Esta no es nuestra guerra, nosotros no la hemos empezado”, afirmó. Países como Italia, Japón y Australia también declinaron enviar buques. El primer ministro británico, Keir Starmer, tampoco piensa sumarse. Londres, advirtió Starmer, adoptará medidas para defender a sus aliados, pero no se involucrará en el conflicto “más grande”. La alta representante de la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, recordó, por su parte, que el corredor está “fuera del ámbito de actuación de la OTAN”.
Trump también presionó el domingo a China, que, como Europa, depende del petróleo del Golfo. No tanto así, Estados Unidos, que, gracias a su apuesta por el fracking, se ha convertido en la última década en el mayor exportador mundial de crudo. “Creo que China también debería ayudar, porque obtiene el 90% de su petróleo del estrecho”, dijo el republicano, y agregó: “Esperar hasta la cumbre sería demasiado tarde”.
A primera hora de este lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, descartó que corriera peligro esa “cumbre”; la próxima reunión de Trump con el líder chino Xi Jinping en Pekín, prevista entre finales de marzo y principios de abril. Aunque sí advirtió que podría posponerse si la guerra sigue. Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino afirmó en Pekín, por su parte, que ambas capitales “mantienen una vía de comunicación abierta sobre la visita a China”.
Horas después, Trump dijo en otra comparecencia que había pedido a Xi retrasar la cita “un mes”. “Me encantaría ir, pero debido a la guerra, quiero estar aquí, debo estar aquí, me parece”, declaró el presidente de Estados Unidos en el Despacho Oval a mitad de otro día que Washington volvió a pasar pendiente de su verborrea.
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