“Es la primera vez que veo una guerra de cerca”: Abu Dabi trata de mantener su rutina en medio del conflicto
Los destellos en el cielo por el choque de drones e interceptadores se han convertido en una imagen habitual en Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más golpeados por las represalias de Irán

Muchos ciudadanos en Emiratos Árabes Unidos han adquirido estos días la costumbre de apuntar al cielo con sus móviles para captar destellos anaranjados, como estrellas fugaces, y el estruendo en medio de la noche. Lo que ven y graban son interceptaciones de drones y misiles. Lo hacen a pesar de que las autoridades han advertido sobre el riesgo de filmarlas y compartirlas. En el complejo turístico Yas Bay, en Abu Dabi, un trabajador de Ghana muestra un vídeo que grabó días atrás. Y rápidamente aclara: “Es solo para mí. Es la primera vez que veo una guerra de cerca”. A su lado, un colega de Letonia comenta con él las posibles consecuencias del conflicto bélico en Oriente Próximo en los precios, en el turismo y en el funcionamiento de los establecimientos. La preocupación gira en torno a la normalidad cotidiana.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque contra Irán el 28 de febrero y la República Islámica respondió atacando a los países aliados de EE UU en el Golfo, el temor y las precauciones se han instalado en Abu Dabi, una ciudad de 4,1 millones de habitantes que, junto a Dubái, constituye el principal polo económico de los Emiratos. En todo el país —uno de los más golpeados por las represalias de Irán— viven alrededor de 11 millones de personas, y nueve de cada diez son extranjeros. Si Dubái está más orientada al turismo, el comercio y los servicios financieros, Abu Dabi es el emirato más extenso de los siete que integran el país. Concentra gran parte de la riqueza petrolera y es la sede de los grandes fondos soberanos.
Desde el inicio del conflicto se han detectado al menos 268 misiles y más de 1.500 drones sobre el cielo emiratí, según los datos oficiales. La mayoría fueron destruidos en el aire. Suenan unas tres alarmas a diario, sin un patrón fijo: algunas muy temprano, otras de madrugada y otras a media tarde. Para reducir la inquietud de los residentes, el Gobierno modificó el 10 de marzo el tono de los avisos entre las 9.00 y las 22.30 por uno menos estridente.
En los últimos días se han registrado algunos incidentes puntuales en Abu Dabi. El 11 de marzo se controló un incendio en el antiguo aeropuerto tras la interceptación de un dron. Y la víspera otro proyectil hizo arder una instalación del complejo industrial de Ruwais, el mayor del país, a unos 250 kilómetros al oeste de la capital.
Para algunos, sin embargo, la vida cotidiana sigue en gran medida intacta. Jesse Herbert, entrenador personal sudafricano de 29 años, explica que su rutina apenas ha cambiado: “Los clientes que se sienten seguros siguen viniendo”, dice.
“Salgo mucho menos”
Para otros residentes, la situación sí ha alterado más el día a día. Tatiana Berton, gestora de procesos empresariales de 51 años que vive en Abu Dabi y trabajaba habitualmente en Dubái, reconoce que los ataques han cambiado su rutina. “Las interceptaciones por la noche me dejan muy preocupada. Nunca tenemos la certeza de que la interceptación vaya a ser completamente efectiva y de que no caigan restos de misiles o drones donde estamos”, explica. Desde el inicio de los ataques, teletrabaja y ha reducido sus salidas: “Salgo mucho menos, sobre todo por la noche. También duermo peor”.
Las temperaturas durante el verano, de mayo a septiembre, pueden superar los 50 °C en la capital, por lo que los residentes y turistas aprovechan los meses más fríos para actividades al aire libre, caminatas por el paseo marítimo o cenas en restaurantes a cielo abierto. Desde el inicio de la guerra, estas salidas solo son recomendadas mientras no suenan las alertas de la defensa civil.
La guerra también ha modificado la agenda de Bruno Torres. Este piloto brasileño de 37 años comenta que su trabajo depende del calendario de vuelos, que cambia por la inestabilidad geopolítica. “Algunas tareas que debía hacer en mis días libres requieren reorganización por los tiempos de amenaza”, señala. Las alertas nocturnas y los sonidos de las interceptaciones también le afectan al sueño.
Impacto económico
En los locales comerciales la afluencia es la habitual normal, aunque se perciben pequeños ajustes de seguridad. En el café de uno de los gimnasios del complejo turístico Yas Bay, cerca de Al Raha, varias sillas y mesas han sido agrupadas y rodeadas con una cinta que delimita una zona de seguridad. Esa área ya no está disponible cuando suenan las alarmas: los clientes no pueden sentarse ni comer allí en ese tiempo. Las autoridades recomiendan permanecer en interiores o dirigirse a zonas seguras dentro de los edificios. Muchos optan por bajar a los aparcamientos o buscar espacios protegidos con varias paredes entre ellos y el exterior.
En las calles, algunos signos del peligro se hacen más visibles: patrullas de policía circulan con las luces encendidas después de las alertas. La vida religiosa también se ha intensificado. Además de las cinco oraciones diarias habituales para el islam, en algunos edificios se congregan pequeños grupos de cristianos para cantar himnos y rezar juntos, buscando consuelo mientras en el cielo aún resuenan los ecos lejanos de las interceptaciones.
El impacto económico, por ahora, es limitado. Se han registrado subidas de precio en algunos productos como tomates y cebollas, pero el Ministerio de Economía asegura que se trata de ajustes puntuales y temporales derivados de la crisis regional y que ya se han suministrado cantidades adicionales para estabilizar el coste. Otros productos básicos como aceite, huevos, lácteos, arroz, azúcar, carne de ave, legumbres, pan o trigo no pueden subir de precio sin la aprobación previa del Gobierno. El precio de la gasolina, que también requiere de autorización estatal, se mantiene en 0,7 dólares por litro (0,6 euros).
La reputación del país
Para Ahmed Sultan Al Shamari, responsable de ventas de Palladium Prime Real Estate, la reputación de los Emiratos Árabes como país estable y con un entorno económico bien regulado continúa ofreciendo confianza a los inversores internacionales. “En Dubái el mercado sigue activo, aunque en los últimos días se observa un ritmo ligeramente más cauteloso, sin que haya una desaceleración. Las transacciones siguen realizándose, pero algunos clientes se toman un poco más de tiempo antes de tomar decisiones definitivas. Esta es una reacción natural ante la incertidumbre geopolítica”, explica.
Esta percepción de estabilidad también se refleja en el sector tecnológico. Dmitrii Gartung, empresario chipriota de 38 años y fundador de la empresa de robótica industrial OneSun, con sede en Dubái, sostiene que las tensiones regionales no han afectado directamente a sus operaciones. “Los Emiratos siguen siendo estables, pero la demanda del mercado ha cambiado: los fabricantes quieren más autonomía en sus operaciones y menos dependencia de cadenas de suministro imprevisibles y de la mano de obra manual”, afirma.
Algunos espacios turístidos o culturales han cerrado temporalmente, como el templo hindú BAPS Mandir, la Abrahamic Family House o el NYU Abu Dhabi Arts Center. Hoteles, museos y parques temáticos continúan funcionando. En la isla de Yas, destinos como Ferrari World, Warner Bros. World o SeaWorld siguen recibiendo visitantes. Los colegios sí se han visto afectados: el Gobierno decidió adelantar las vacaciones de primavera, de modo que escuelas y universidades permanecerán cerradas, al menos, entre el 9 y el 22 de marzo.
La normalidad persiste, aunque cada señal en el cielo recuerde el inicio de las hostilidades. Mientras los ecos del conflicto llegan a Dubái y Abu Dabi, la vida continúa, adaptándose poco a poco a una realidad en la que rutina y alerta conviven.
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