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Un ataque con drones mata a tres personas, entre ellas una cooperante francesa, en el este de la República Democrática del Congo

El grupo rebelde M23 señala al ejército como autor de los ataques que tenían como objetivos el mando político y militar de su guerrilla, aunque el Gobierno no se ha pronunciado

Cascos azules de la ONU custodian la casa atacada por un dron este miércoles en Goma, República Democrática del Congo.Moses Sawasawa (AP)

Un ataque con al menos dos drones contra Goma, la mayor ciudad en el este de la República Democrática del Congo (RDC) y capital de la provincia de Kivu del Norte, ha causado en la madrugada de este miércoles tres muertos y un número de heridos sin determinar. Entre los fallecidos se encuentra una trabajadora francesa del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) llamada Karine Buisset, según han confirmado la propia agencia humanitaria y el presidente de la República, Emmanuel Macron. Tanto él como la comisaria europea de Igualdad, Preparación y Gestión de Crisis, Hadja Lahbib, han condenado el ataque y han pedido respeto por el derecho internacional humanitario en sendos mensajes en X. “Los trabajadores humanitarios nunca deben ser objeto de persecución”, ha exigido Lahbib.

Los impactos se produjeron alrededor de las 04.30 de la madrugada, hora local, según medios congoleños, y alcanzaron el barrio de Himbi, donde viven destacados políticos y empresarios, provocando daños materiales además de las víctimas. Se trata del primer ataque que afecta a un barrio no periférico de Goma desde finales de enero, cuando la ciudad quedó bajo el control de la guerrilla M23-Alianza del Río Congo, enfrentada al Gobierno por cuestiones relacionadas con el control territorial y político del este del país africano. Esta milicia está además apoyada por Ruanda, que los arma y financia, según el Ejecutivo congoleño y la ONU, aunque el Ejecutivo ruandés, presidido por Paul Kagame, siempre lo ha negado a pesar de que incluso se ha registrado la presencia de sus soldados sobre el terreno.

La milicia ha culpado al ejército congoleño, pero ni el Gobierno ni las Fuerzas Armadas han hecho comentarios al respecto. Un alto cargo del M23 ha explicado a la agencia Reuters que la casa alcanzada por uno de los drones había sido alquilada por empleados de Unicef y de ECHO, la agencia de ayuda humanitaria de la UE. La vivienda, además, está cerca de una de las residencias del expresidente Joseph Kabila, donde vive su esposa Olive, de acuerdo con Radio France International. Kabila fue condenado a muerte por los tribunales congoleños el pasado septiembre por sus vínculos con el M23. Según el funcionario entrevistado por Reuters, el segundo aparato tenía como objetivo la vivienda de Corneilla Nangaa, coordinador político de la guerrilla, pero acabó estrellado en el lago Kivu.

Posteriormente, Nangaa ha ofrecido una rueda de prensa en la que ha asegurado que no fue una ofensiva común y corriente, sino que su objetivo era eliminar a los “cerebros” de la rebelión: él mismo y también el general Sultani Makenga, pilar operativo del M23. “Ha sido un ataque contra el mando, tanto político como militar”, ha sentenciado.

Radio France Internationale ha informado de que el dron que impactó en la residencia de los trabajadores humanitarios ha hundido el tejado y provocado un incendio. A las nueve de la mañana el inmueble seguía en llamas. A pesar de los daños materiales en el barrio, los residentes están realizando sus actividades normales; las escuelas y comercios han abierto y el transporte público funciona, según distintos testimonios.

Los ataques de este miércoles se han producido tras semanas de intensificación de las operaciones con drones por ambas partes del conflicto. Residentes entrevistados por Radio Okapi, una de las principales emisoras congoleñas, han confirmado esa escalada de episodios violentos y han exigido una solución diplomática al conflicto. “En una ciudad donde simplemente intentamos sobrevivir, no necesitamos el sonido de las armas”, ha protestado en esta emisora una vecina que acababa de dejar a su hijo en el colegio.

El mes pasado, la organización de monitoreo de conflictos ACLED registró el mayor número mensual de ataques aéreos y con drones en la historia de la RDC. El Gobierno está empleando principalmente drones chinos CH-4 y turcos TAI Anka, junto con aviones de combate y helicópteros de ataque. Según Ladd Serwat, analista senior de ACLED para África, tanto el ataque de este miércoles como otros enfrentamientos registrados en las semanas previas en el norte de Goma entre los bandos señalan “la amenaza más grave a la ciudad desde que fue tomada en enero de 2025 y podrían indicar una ofensiva más amplia del ejército congoleño para recuperar zonas de Kivu del Norte”, ha analizado en una publicación en internet.

Desde que el pasado 4 de diciembre firmaran una tregua en Washington los presidentes de RDC, Félix Tshisekedi, y de Ruanda, Paul Kagame, ambas partes se han acusado mutuamente de violar el alto el fuego en más de una ocasión. Este nuevo golpe supone otro palo en la rueda a los esfuerzos internacionales, liderados por Catar, de lograr un acuerdo marco que dirija hacia el fin del conflicto.

Las hostilidades entre el ejército congoleño y varios grupos rebeldes se remontan a 1998 y hunden sus raíces en el genocidio ruandés de 1994. La violencia no ha cesado en estos 30 años pese a los esfuerzos internacionales y al despliegue de la Monusco, la misión de paz de la ONU en el país. Hasta ahora, la violencia se ha cobrado al menos más de 10 millones de muertos en el este de RDC, donde además se encuentra la inmensa mayoría de los casi siete millones de desplazados internos que hay en todo el país, según el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur).

Ataques al sector humanitario

RDC, con más de 120 grupos guerrilleros activos y frecuentes ataques a convoyes, hospitales o campamentos humanitarios, es uno de los países más peligrosos para los trabajadores humanitarios. Entre enero y julio de 2025 se registraron en esta región al menos un trabajador humanitario muerto, dos heridos y varios secuestrados. Pero al menos 265 cooperantes han sido asesinados en todo el mundo hasta agosto de 2025, según la última actualización de Aid Worker Security Database, centro de investigación de referencia mundial para estadísticas sobre ataques contra personal humanitario.

Unicef, por su parte, ha indicado en un comunicado que está recabando información sobre este suceso que, una vez más, ha puesto de relieve la importancia de garantizar la protección de los trabajadores humanitarios. “Karine era una profesional comprometida que trabajaba sin descanso para brindar asistencia a la infancia y a las familias afectadas por conflictos y crisis. En estos momentos de dolor, nuestros pensamientos acompañan a su familia, sus amistades y sus compañeros y compañeras”, añade el mensaje de Unicef. Su directora ejecutiva, Katherine Russell, ha compartido en X un mensaje de condolencias. “Estamos devastados e indignados (...) Mis pensamientos inmediatos están con la familia, los seres queridos y los colegas de Unicef”, dice su mensaje, que también recalca que los civiles y los trabajadores humanitarios “nunca deben ser objeto de ataques”.

El Representante Especial Adjunto del Secretario General de la ONU en RDC y jefe interino de la Monusco, Bruno Lemarquis, también ha condenado esta acción armada y también ha recordado que los ataques contra el personal de las Naciones Unidas podrían constituir crímenes de guerra. “Llamamos a todas las partes a cesar inmediatamente la violencia, a respetar el alto el fuego y a priorizar la vía del diálogo y la solución política para proteger a las poblaciones civiles”, ha exigido.

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