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La muerte del ‘Charlie Kirk’ francés enturbia la campaña electoral en Lyon

La izquierda teme perder la ciudad tras 25 años de gobierno en las elecciones municipales de Francia del domingo, mientras las tensiones entre ultras siguen vivas

Carteles electorales en un barrio de Lyon la semana pasada y en plena campaña electoral. Samuel Aranda

Grégory Doucet va en bici y en transporte público a todas partes. En cinco años, el alcalde ecologista de Lyon ha embarcado a la ciudad en una transformación radical que ha inundado el municipio de pistas ciclables, nuevas líneas de tranvías y un parque de vivienda pública que sigue todavía en proceso de construcción. “Ese es el problema. A veces la gente sufre con las obras y es difícil ver su lado positivo hasta que no están acabadas”, explica colocándose el casco de su bicicleta, justo después de participar en la colocación de la primera piedra de un nuevo proyecto, y asumiendo el coste electoral que puede tener este domingo en el primer turno de las elecciones municipales en las que votará toda Francia. Una votación enturbiada hace dos semanas por la muerte de un activista de ultraderecha.

Lyon es la tercera ciudad del país. Un municipio burgués, asentado, con una tradición de progreso e industria, pero también atravesado por un sustrato social conservador, marcado a fuego por la presencia de la Iglesia católica. La ciudad es una plaza clave para entender el país y su evolución. Y en el primer turno de las elecciones ―este domingo― podría dar un paso para que la alcaldía pase a manos de la derecha después de un cuarto de siglo ocupada por fuerzas progresistas. El principal candidato es ahora Jean-Michel Aulas, histórico presidente del Olympique de Lyon, que encarna una figura de consenso entre el mundo conservador, justo cuando la ciudad se ha visto envuelta en fuertes tensiones ideológicas tras la muerte de un militante de ultraderecha a manos, presuntamente, de miembros de una organización de extrema izquierda. La tensión es palpable en determinados lugares desde entonces.

El homicidio de Quentin Deranque, un joven de 23 años, nacionalista y miembro de un colectivo de la extrema derecha francesa, causó un terremoto político en Francia. El joven murió tras recibir una paliza el 14 de febrero, cuando acudió a una protesta contra un acto de la eurodiputada francopalestina Rima Hassan, de La Francia Insumisa (LFI), en la Universidad de Sciences Po de Lyon. Lo hizo para apoyar a un grupo de mujeres del colectivo Némesis, una organización racista y autoproclamada feminista, y fue agredido mortalmente por un grupo de extrema izquierda vinculado al partido de Jean-Luc Mélenchon.

La Fiscalía abrió una investigación por homicidio voluntario y la policía detuvo a 11 personas implicadas. Su identificación confirmó las sospechas: la mayoría formaba parte de Jeune Garde [Joven Guardia], ilegalizado el pasado junio. Uno de los detenidos es asistente parlamentario de Raphaël Arnault, un diputado en la Asamblea Nacional del partido de Mélenchon. Hubo confusión, acusaciones y ninguna autocrítica. Y el primer resultado tangible, como si hubiera que equilibrar la balanza, fue que el ministerio del Interior permitió una manifestación de neonazis en el centro de Lyon para, supuestamente, preservar la libertad de expresión. Pero se abrieron otras brechas.

Lyon está empapelada con posters con la cara de Deranque, convertido rápidamente en un mártir de la ultraderecha. Una suerte de Charlie Kirk francés. La Asamblea Nacional guardó un minuto de silencio por su muerte. Pero la víctima formaba parte de grupos políticos cercanos a la órbita neonazi y fascista. “Aulas [el candidato de la derecha] quiso que colgásemos una pancarta con su rostro en el Ayuntamiento, pero me negué”, explica el alcalde. “Fue un drama y una tragedia. Pero cuando hay gente en la ciudad que decide practicar la violencia como modo de acción política y otros que responden, lo peor siempre puede llegar. Y eso es lo que ocurrió”, señala Doucet. “He intentado tener la actitud más respetuosa con la familia, cuando una familia está en duelo, no intentas sacar partido político de ello. Pero muchos han agitado este asunto para convertirlo en algo nacional, político”, critica.

La derivada nacional es inevitable. Y salpica directamente a La Francia Insumisa, que no ha querido desmarcarse de la organización a la que pertenecían algunos de los supuestos agresores. Algo que ha acentuado el proceso de diabolización del partido de Jean-Luc Mélenchon, que ha visto como crece en las últimas semanas el intento de aplicar un cordón sanitario a su formación, tal y como se hizo durante años con la ultraderecha. El partido concurre en estas elecciones en Lyon sola, sin las viejas alianzas progresistas que han quedado rotas en casi todo el país. Pero podría ser clave en la segunda vuelta.

Los sondeos no favorecen a la izquierda. Jean-Michel Aulas, que tiene el apoyo de la mayoría de partidos de centroderecha, encabeza claramente la carrera con el 45% de los votos según las encuestas. El alcalde saliente recogería solo el 29 %. Y detrás, quedaría únicamente la candidata apoyada por La Francia Insumisa, Anaïs Belouassa-Cherifi, que lograría más del 10% de los votos y podría pasar a la segunda vuelta. Su posición será clave para Doucet.

Los conflictos entre la ultraderecha y anifascistas en las calles de Lyon acaban a menudo en los tribunales. Oliver Forray, abogado y miembro de uno de esos colectivos de izquierda, explica en su despacho del multicultural barrio de la Guillotière la derivada que ha adquirido este caso. “Lo que ocurrió es el modus operandi de la ultraderecha. Primero mandan a las mujeres de Némesis [el colectivo que se manifestaba contra la intervención de la diputada Rita Hassan en la universidad], y luego buscan atraer a algunos militantes de extrema izquierda hasta un lugar más apartado y les agreden. Esta vez fue distinto”, señala.

Forray apunta que La Joven Guardia, a quien se acusa de estar detrás de la muerte de Quentine Deranque, no es un colectivo que rechace la violencia activa, como el resto de grupos antifascistas que está acostumbrado a defender. “Normalmente se trata de la autodefensa, pero aquí estamos ante algo más problemático. Golpearon a alguien que estaba en el suelo”, apunta el abogado, que se detiene a explicar la larga historia de estos colectivos enfrentados en la ciudad.

Las elecciones se celebrarán marcadas por el asesinato de Deranque, que Forray cree podría determinar también el grado de tolerancia de la ciudad con estos fenómenos. “Aulas era el presidente de un club en cuyo estadio se encuentran muchos de esos grupos de ultraderecha”, insiste. Muchos activistas de izquierda temen ahora que con su llegada el Ayuntamiento sea más permisivo con estos grupos, que ya desfilaron tranquilamente hace dos semanas cerca del lugar donde Jean Moulin, presidente del Consejo General de la Resistencia, fue torturado por el oficial de las SS Klaus Barbie en esta ciudad.

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