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La feminista marroquí encarcelada por exhibirse con el lema “Alá es lesbiana” corre riesgo de sufrir una amputación

La salud de la activista LGTBIQ+ Ibtissam ‘Betty’ Lachgar se ha deteriorado a causa de un cáncer en una prisión en régimen de aislamiento, según sus familiares

La activista marroquí Ibtissam Lachgar, condenada tras mostrar en redes sociales una foto en la que viste una camiseta con la inscripción: "Alá es lesbiana".

La feminista y activista LGTBIQ+ marroquí Ibtissam Betty Lachgar, condenada a dos años y medio de cárcel por exhibirse con el lema “Alá es lesbiana”, corre el riesgo de sufrir la amputación de un brazo a causa de un cáncer. Sus familiares y abogados han alertado este viernes de que el estado de salud de Lachgar, que padece un cáncer óseo, se ha deteriorado tras haber permanecido encarcelada desde hace seis meses, principalmente en régimen de aislamiento.

La activista marroquí sigue tratamiento oncológico y debe someterse con urgencia a una cirugía en el brazo izquierdo, donde el desarrollo de un tumor le ha obligado a portar una prótesis parcial entre el hombro y el codo. Ghizlane Mamouni, una de sus abogadas, advierte de que la degradación del estado de Lachgar, de 50 años, está siendo “alarmante” después de que su prótesis se haya desplazado al sufrir una fractura de codo en la cárcel de El Arjat, situada en los alrededores de Rabat. La letrada asegura que solo está siendo tratada con paracetamol. Sinan Lachgar, hermana de la detenida, confirma que su salud sufre “un riesgo extremo”, y por ello precisa someterse a una intervención de cirugía especializada en Francia.

Su caso tensó los límites de la libertad de expresión en Marruecos. Una sentencia dictada en septiembre pasado por un tribunal de Rabat le impuso 30 meses de cárcel tras ser acusada de blasfemia por la fiscalía, por “atentar contra la religión islámica” y difundirlo a través de “medios electrónicos”. Había sido detenida un mes antes tras difundirse en las redes sociales una imagen suya en la que portaba una camiseta con el lema “Alá [en árabe] es lesbiana [en inglés]”.

Se declaró inocente. Afirmó que no tuvo intención de insultar al islam, y que no se refería a Alá, sino a todos los dioses en general, en el marco de una acción antipatriarcal feminista internacional. Su defensa alegó que la fotografía de la camiseta fue tomada en 2022 en Londres, y el eslogan que exhibía era una muestra de apoyo a dos mujeres iraníes, activistas de la comunidad LGTBIQ+, que habían sido condenadas a muerte. La Constitución de Marruecos, aprobada en 2011 en plena efervescencia de la Primavera Árabe, garantiza formalmente el derecho a la libertad de expresión.

Una petición global coordinada por Avaaz, organización estadounidense que promueve el activismo ciudadano en asuntos como los derechos humanos o el cambio climático, ha sumado cerca de 380.000 firmas para solicitar al rey Mohamed VI de Marruecos que indulte a Lachgar a fin de que pueda recibir atención sanitaria. Esta campaña, respaldada por ONG como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, ha recibido apoyo en 40 países. “Mantener a Betty en prisión en régimen de aislamiento como si fuera una violenta criminal va en contra de la Constitución y de las convenciones internacionales suscritas por Marruecos”, cuestiona su abogada.

El caso de la feminista marroquí y activista de la comunidad LGTBIQ+ refleja la fractura que vive la sociedad marroquí, donde aún se castigan con hasta tres años de cárcel los “actos de desviación” por mantener relaciones homosexuales, mientras las muestras de diversidad sexual resultan patentes, sobre todo en las grandes ciudades.

Fundadora del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales en Marruecos, la psicóloga Lachgar ha sufrido el acoso de extremistas de los sectores conservadores y religiosos de la sociedad. En las redes sociales recibió amenazas de muerte y violación, así como llamamientos a su linchamiento mediante lapidación.

La imagen de tolerancia hacia la homosexualidad en Marruecos reflejada en la obra de autores como el estadounidense Paul Bowles, en Tánger, o el español Juan Goytisolo, en Marraquech, choca con la represión que sufre el colectivo LGTBIQ+ en el país magrebí si sale de la esfera más privada y osa expresar la diversidad sexual en público.

Homosexualidad invisible

“Los homosexuales son basura”. Con esta tajante invectiva se despachó en 2020 el entonces ministro de Derechos Humanos de Marruecos, Mustafá Ramid, miembro del Partido de la Justicia y el Desarrollo, la fuerza política islamista que encabezó el Gobierno de Rabat entre 2011 y 2021.

Abdelá Taia, un reconocido escritor residente en Francia desde hace más de una década, fue el primer marroquí en salir del armario para proclamar abiertamente su identidad sexual. Su imagen en la portada del semanario Tel Quel bajo el titular “Homosexual, contra viento y marea” supuso todo un aldabonazo. Taia, de 51 años, aseguraba en recientes declaraciones a EL PAÍS que “el Estado no ampara la diversidad sexual” y por ello la comunidad LGTBIQ+ “tiene tanto miedo”. “La homosexualidad no es un tabú en Marruecos”, sostiene, “en tanto no tenga visibilidad en la sociedad”.

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