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Por qué el archipiélago de Chagos es una obsesión de Trump y un quebradero de cabeza para Starmer

La tensión con Irán lleva al estadounidense a volver a cuestionar la devolución de esas islas a Mauricio

Miembros de la comunidad chagosiana protestan contra el dominio británico de la isla de Chagos en Londres el 20 de junio de 2025. CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

La posibilidad de un ataque estadounidense inminente contra Irán ha tenido el efecto carambola de volver a resucitar la tensión entre Donald Trump y Keir Starmer en torno al archipiélago de Chagos, en el océano Índico. El presidente estadounidense volvió, una vez más, en la madrugada de este viernes, a cargar contar el acuerdo de devolución de ese grupo de unas 60 islas a la nación de Mauricio. Trump lleva meses dando giros y cambiando de opinión sobre este asunto, influido por los halcones más duros de su Gobierno, que nunca estuvieron conformes con la devolución del archipiélago, a pesar de las condiciones impuestas por Londres a su antigua colonia, y de que Washington diera desde un principio luz verde al pacto.

A cambio de que Mauricio recuperara la soberanía sobre ese territorio, los gobiernos británico y estadounidense acordaron, en mayo del año pasado, asegurarse el control futuro, al menos durante 99 años, de la base militar conjunta de la isla de Diego García, en la parte sur del archipiélago. El coste del arrendamiento sería de unos 120 millones de euros anuales. Las condiciones del pago establecieron que durante los primeros tres años la cifra a entregar sería de 196 millones de euros. Del año cuarto al decimotercero, la cantidad pasaría a suponer casi 143 millones. A partir de ahí, el montante se ajustaría a la inflación del momento. El cálculo del Ministerio de Defensa británico situó el total en poco más 4.000 millones de euros. La oposición conservadora eleva la cifra a casi 12.000 millones.

Washington dio su visto bueno al acuerdo, alcanzado en los inicios de una Administración, la de Trump, que tenía por entonces su atención concentrada en otros asuntos. Sin embargo, el presidente estadounidense ha atacado en varias ocasiones, y rectificado después, la decisión, y humillado de paso a su aliado Starmer. En enero pasado llegó a calificar el acuerdo de “estupidez”.

La localización estratégica del archipiélago hace que su importancia aumente o disminuya, a ojos de Trump, dependiendo de la crisis del momento. Washington ha esgrimido la amenaza de ataque contra el régimen de Teherán si no se aviene a negociar un acuerdo que ponga control y límites a su programa nuclear. La base militar de la isla Diego García se encuentra a 5.200 kilómetros de la capital iraní, y sería una más que posible rampa de lanzamiento de futuro ataques contra ese país.

“Si Irán no accede a firmar un acuerdo, puede que sea necesario el uso de Diego García por parte de Estados Unidos… para erradicar un ataque potencial por parte de un régimen muy peligroso y altamente inestable”, escribió Trump en la madrugada del jueves en su red social Truth.

Una historia compleja

Francia cedió el grupo de islas al Reino Unido en el Acta de Capitulación de 1810. Cuando en 1965 Mauricio alcanzó su independencia, Londres retuvo el archipiélago, como parte de lo que denominó Territorio Británico del océano Índico. La decisión contrariaba el derecho internacional vigente, que prohibía desgajar territorios colonizados antes de su devolución.

En la década de los sesenta del siglo pasado, Estados Unidos puso su mirada en la isla de Diego García por su interés estratégico, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Durante las guerras de Afganistán e Irak, desde su base militar despegaron muchos bombarderos de largo alcance estadounidenses y británicos.

A través de un pacto secreto, nunca refrendado por el Parlamento británico, Londres puso a disposición de su aliado, en 1966, el control de la isla por un periodo de 50 años. Por exigencia estadounidense, el Gobierno británico expulsó a los habitantes indígenas del archipiélago, los chagosianos o ilois, unas 2.000 personas, a las que prohibió regresar y envió a Mauricio y las Seychelles. Muchos de ellos se enfrentaron a una situación de pobreza, y luchan desde entonces en los tribunales por su regreso.

En 2019, la Asamblea General de Naciones Unidas votó de manera abrumadoramente mayoritaria a favor de la devolución del archipiélago de Chagos a Mauricio. Países como Francia y Alemania expresaron su apoyo mediante la abstención. El Tribunal Internacional de Justicia sentenció ese mismo año que el Reino Unido debía renunciar cuanto antes a la soberanía sobre las islas.

Pero a la Administración Trump, el destino de los chagosianos le resulta incomprensible, y más un fruto de lo que el presidente define peyorativamente como “wokismo” (la defensa frente a injusticias sociales, raciales o étnicas, entre otras cosas) que una realidad que merezca respuesta.

“Llevo tiempo advirtiendo al primer ministro Keir Starmer, del Reino Unido, que los alquileres no son buenos cuando se refiere a países, y que comete un gran error al negociar ese alquiler de 100 años”, ha escrito Trump en Truth. “El primer ministro Starmer está perdiendo el control de esta importante isla por las reclamaciones de unas entidades de las que nunca antes oímos hablar. Siempre estaremos dispuestos a luchar en defensa del Reino Unido, pero deben permanecer fuertes ante el wokismo y otros problemas a los que se enfrentan”, ha escrito Trump.

Apenas este martes, el Departamento de Estado estadounidense había dado finalmente su respaldo oficial a la entrega de Chagos, que todavía debe ser ratificado por el Parlamento británico. Días antes, Trump había vuelto a mostrar su lado bueno, al admitir que el acuerdo era “el mejor que Starmer había podido negociar”.

Pero al mismo tiempo, Washington está desplegando un importante contingente militar frente a Irán, al enviar a la zona su mayor portaviones, el USS Gerald R. Ford, además de varios destructores, dispuestos a incorporarse a una flota ya poderosa en Oriente Próximo.

En los ataques contra las instalaciones nucleares de Irán que Estados Unidos lanzó el pasado junio, varios bombarderos B-2 fueron enviados a la base Diego García, aunque su propósito real fue usarlos como maniobra de despiste.

De momento, el Ministerio de Exteriores británico ha mostrado firmeza ante la nueva arremetida de Trump. “El acuerdo para asegurar el uso conjunto por parte del Reino Unido y Estados Unidos de la base militar de Diego García es clave para nuestra seguridad y la de nuestros aliados”, ha dicho un portavoz del departamento. “Se trata del único modo de garantizar el futuro a largo plazo de esta base militar clave”, ha añadido.

Starmer, sin embargo, se halla en una posición de suma debilidad, acosado por los conatos de rebelión interna en su propio grupo parlamentario —algunos diputados del Partido Laborista han cuestionado unos pagos desorbitados mientras que el Gobierno lleva a cabo recortes en muchas ayudas sociales— y presionado por la oposición del Partido Conservador, que calificó desde un principio casi como traición la entrega de Chagos.

Hasta Nigel Farage, el político ultraderechista al frente de Reform UK, al que todas las encuestas sitúan hoy como partido más votado en unas hipotéticas elecciones, ha olido la sangre: “Keir Starmer está enemistándose con nuestro aliado más importante al ceder el archipiélago de Chagos, el peor acuerdo en la historia del Reino Unido”, ha escrito en X. “El presidente Trump tiene razón al señalar que el primer ministro está cometiendo un gran error. Starmer debe anular este acuerdo”, ha añadido.

A la presión política se una la presión social de un grupo de chagosianos que se resiste a ser entregados de nuevo a Mauricio. A principios de esta semana, cuatro de ellos desembarcaron ilegalmente en el atolón y se enfrentaron a una patrulla británica.

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