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La conferencia de Múnich, símbolo de la Europa más atlantista, acusa a Trump de “demoler” el orden internacional

El foro de defensa y seguridad recibirá este fin de semana al secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio en medio de la mayor crisis en la alianza transatlántica

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y miembros de su Administración, durante una reunión del gabinete en la Casa Blanca, el 29 de enero.Evan Vucci (AP)

Cuando Marco Rubio aterriza esta semana a Múnich, entrará en uno de los templos más sólidos de la fe atlantista, hoy en plena crisis existencial. En la Conferencia de Seguridad que se celebra anualmente en la capital bávara, el jefe de la diplomacia estadounidense constatará la gravedad del deterioro de relación entre la primera potencia mundial y sus aliados. Lo expone con crudeza el tradicional informe previo, presentado este lunes en Berlín, que acusa a Estados Unidos de “demoler” el orden internacional y dejar “un mundo en ruinas”.

“El mundo ha entrado en un periodo de la política de la demolición”, arranca el informe, titulado En destrucción y elaborado por los especialistas de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que se celebrará entre el viernes y el domingo. “La destrucción radical, en vez de las reformas cautelosas y las correcciones políticas, está al orden del día”, continua.

Los autores señalan al principal responsable de esta destrucción: los Estados Unidos de Donald Trump. Y subrayan la paradoja de que sea el país que construyó el orden posterior a 1945 el que lidere los esfuerzos para la destrucción.

El diagnóstico, para quien haya estado al corriente de la actualidad desde el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca hace un año, no es novedoso. Pero es revelador del momento crítico en el vínculo transatlántico que lo formule con tal rotundidad la propia Conferencia de Seguridad. Durante más de seis décadas, este foro fue el símbolo de la alianza entre Estados Unidos y Europa como fundamento de un orden mundial en teoría beneficioso para todos. Ahora es el escenario de la mayor crisis entre los antiguos aliados y del ocaso del viejo mundo.

“No está claro si la política de demolición aplicada por la Administración de EE UU despejará el terreno para que una construcción creativa lleve a beneficios para la mayoría”, se lee en el informe. “En vez de esto, parece que lo que queda es un mundo de ruinas”.

La Conferencia de Múnich llega unas semanas después de que Trump reclamase el control de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, y parte de la OTAN. Que el país más poderoso de la Alianza amenazase con quedarse por la fuerza una parte de otro miembro evidenció, por si hacía falta, que EE UU no es un aliado fiable. Hace un año, en el mismo foro, el vicepresidente J.D. Vance desconcertó a los dirigentes de la UE al arengar a los partidos de extrema derecha europeos.

El documento de Múnich describe un mundo en el que se oponen los destructores contra los reformistas. Los primeros llevan ventaja, y esto se explica “por el amplio desencanto con el rendimiento de las instituciones democráticas y la pérdida generalizada de confianza en reformas o correcciones del rumbo significativos”.

Los autores sostienen que la Administración Trump ha golpeado los tres pilares de lo que llaman “el triangulo kantiano de la paz”, por el filósofo ilustrado Immanuel Kant. El primero es la creencia en las instituciones multilaterales y las reglas universales, “que han reforzado, más que restringido, el poder de EE UU”. El segundo es “la convicción de que un orden internacional abierto y una integración económica benefician a la prosperidad y seguridad de EE UU”. El tercero, que la democracia, los derechos humanos y la cooperación entre democracias “son activos estratégicos y deberían guiar la política exterior de EE UU.”

Por eso la destrucción en la que está embarcada Washington “ampliamente se interpreta como un ataque en toda regla a los principios del orden que Estados Unidos construyó y lideró”. Trump lleva años defendiendo que este orden ha sido un mal negocio para su país.

La actual no es la primera crisis transatlántica ni la primera en Múnich, escenario de debates memorables. Por ejemplo, el que enfrentó en 2003, en visperas de la invasión estadoundiense de Irak, al entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, con el ministro alemán de Exteriores, Joschka Fischer. “¡No me convence!“, le dijo Fischer a Rumsfeld. Pero entonces nadie cuestionaba la alianza; ahora nadie la da por segura. Si la demolición, como dice el informe, están en marcha, esta Conferencia de Seguridad servirá para evaluar los daños, y las posibilidades de reconstrucción.

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