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MEDIOS

Dimite el director del Washington Post tras los despidos masivos

William Lewis ha justificado su salida “para garantizar el futuro sostenible” de la histórica cabecera

El director ejecutivo de The Washington Post, Will Lewis, ha presentado su dimisión este sábado, apenas días después de que, tras dos años de declive bajo su mandato, el periódico anunciase el despido de trescientos periodistas -un tercio de su plantilla- y el desguace de su sección de deportes, de su suplemento sobre libros y de la mayor parte de sus corresponsalías internacionales.

En una carta dirigida al personal del diario, y recogida en redes sociales, Lewis apunta que ha tomado la decisión “para garantizar el futuro sostenible” del periódico. Su mensaje da las gracias a Jeff Bezos, el fundador de Amazon, propietario del rotativo y el hombre que le nombró para el puesto: “quiero agradecer su apoyo y liderazgo durante mi gestión como director ejecutivo y editor. El Post no podría tener un mejor propietario”, escribe.

Lewis, que se verá reemplazado por el director financiero de la publicación, Jeff D’Onofrio, no tiene palabras de agradecimiento para ninguno de los periodistas a los que lideró desde su contratación a principios de 2024 para tratar de resolver la crisis económica en la que se había sumido el Post tras una era de rentabilidad durante el primer mandato de Trump.

El periodista británico declara que durante su mandato se han tomado “decisiones difíciles para garantizar el futuro sostenible del Post” y “publicar notas imparciales de alta calidad para millones de clientes cada día”.

El anuncio del pasado miércoles de los despidos se anticipaba desde hacía semanas. La primera pista había llegado con la cancelación a última hora del viaje a Milán de los periodistas deportivos que iban a cubrir los Juegos Olímpicos de invierno inaugurados este viernes. Ante los rumores y el nerviosismo desatado en la redacción, finalmente se envió a un pequeño equipo. Cuando finalmente llegó el anuncio, se cumplieron los peores temores.

Algunos de sus corresponsales recibieron la notificación, como el equipo en Ucrania, mientras cubrían la guerra. Otros, como los enviados especiales a Milán, mientras se preparaban para la ceremonia de inauguración de los Juegos. Muchos de ellos se lanzaron a las redes sociales para anunciar que acababan de quedarse sin trabajo, llenando internet de sus mensajes y respuestas en solidaridad hacia ellos.

La drástica ronda de despidos abre ahora un interrogante sobre cuál será el futuro del medio de comunicación, en una era en la que los grandes medios tratan de encontrar su camino entre la incertidumbre creada por la atomización del mercado, el papel de la inteligencia artificial y la enorme polarización política.

Bezos adquirió el Post por 250 millones de dólares a la familia Graham, sus propietarios tradicionales, cuando la histórica cabecera, de una tradición de siglo y medio, llevaba una década languideciendo. El prestigio acumulado con 76 premios Pulitzer y noticias bomba como la revelación del escándalo Watergate, que forzó la primera y única dimisión hasta el momento de un presidente estadounidense, Richard Nixon, se había ido deslavazando ante la competencia en internet y la ausencia de un objetivo claro de audiencia.

En su desembarco en el periódico, el multimillonario prometió ser un “padre cariñoso” que firmaría los cheques necesarios para restañar la hemorragia de gastos del medio y relanzarlo como uno de los periódicos más prestigiosos del mundo. En aquellos años, y bajo la dirección de Martin Baron hasta 2021, la redacción se expandió, se abrieron nuevas corresponsalías y se exploraron nuevos formatos. La llegada al poder de Trump en 2017 supuso una era de bonanza para un periódico que había adoptado el lema “Democracy Dies in Darkness” (“La Democracia Muere en la Oscuridad”).

Los cambios sociales y de gasto generados por la pandemia de covid, y la llegada al poder en Washington de una Administración generadora de muchos menos sobresaltos, la del demócrata Joe Biden, llevaron de nuevo al Post al camino del lento declive.

Tras llegar a un techo de suscripciones que se calculan en unos 2,5 millones (la empresa no facilita esos datos), los lectores empezaron a darse de baja. El director ejecutivo, Fred Ryan, una de las figuras clave en el lanzamiento del digital Politico, no conseguía encontrar un camino para recuperar el interés del público.

Lewis nunca consiguió ganarse a la redacción - ni a los lectores. A su llegada, cometió un primer error: bloquear que su periódico informara sobre su conducta al frente de otros periódicos británicos. La insatisfacción con su estilo y con la marcha del periódico hizo que numerosos periodistas se marchasen. En mayo de 2024, anunció un plan para crear una tercera redacción dentro del periódico, centrada en la información de servicio y redes sociales, separada de las tradicionales dedicadas a las noticias y la opinión. Esa reestructuración forzó la salida de la directora, Sally Buzbee.

Otra decisión polémica, el veto de Bezos a que el periódico diera su apoyo a la candidata demócrata, Kamala Harris, en las presidenciales de 2024, supuso un punto de ruptura entre el periódico y buena parte de su público tradicional. Informaciones filtradas entonces hablaron de cancelación en torno a las 250.000 suscripciones, que el periódico no ha recuperado. Para cuando se ha anunciado la ronda de despidos, el Post perdía cien millones de dólares. Y su “cariñoso padre”, que afronta también recortes de personal en Amazon y ha invertido 75 millones de dólares en la filmación y publicidad del documental “Melania” (sobre el papel de la primera dama en las semanas previas a la investidura de Trump el año pasado) había decidido cortar el grifo.

En un comunicado en el que anuncia la marcha de Lewis, Bezos asegura que el Post tiene “una misión periodística esencial y una oportunidad extraordinaria”. “Cada día, nuestros lectores nos trazan una hoja de ruta para el éxito”, ha escrito. Una hoja de ruta que ahora parece pasar por empequeñecer una cabecera gloriosa.

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