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Portugal celebra elecciones presidenciales con un candidato ultra como favorito para pasar a la segunda vuelta

El ascenso del populista André Ventura en seis años muestra el giro radical del país. Tres candidatos de derechas, un socialista y un almirante en la reserva pugnan con opciones por el cargo

Entre la votación de este domingo y la que eligió por primera vez a Marcelo Rebelo de Sousa como presidente de la República de Portugal no solo han pasado diez años. La historia parece metida en una lavadora y atrapada en la función de centrifugar. En el mundo y en Portugal. Aquí va un relato revelador del profundo giro dado por el país, visible en la histórica fuerza de la derecha en el Parlamento (casi el 70%). Casi más llamativo que el cambio de protagonistas políticos, es el cambio de los tiempos.

En 2021, Portugal se convirtió en el único país que ofreció su solidaridad a Ahmad Sarmast, el director de la escuela de música de Kabul (Afganistán) que solicitó ayuda internacional tras la vuelta al poder de los talibán. Alemania, el Reino Unido y Canadá, más grandes y más ricos, ignoraron su petición de auxilio. A finales de ese año, 273 afganos amenazados (la música, ya saben, es un peligro) aterrizaron en Lisboa. Con una parte de los exiliados se ha rehecho la Joven Orquesta Afgana, con sede en Braga, en el norte de Portugal, invitada a menudo a giras internacionales.

El mismo país que acogió a los músicos afganos hace cuatro años es el que hace unos días ha rechazado recibir a 420 solicitantes de asilo, alojados en centros de Italia, Chipre, Grecia y España, aunque para ello el Gobierno tenga que pagar 8,4 millones de euros. Es también el mismo país donde André Ventura, el candidato del partido de ultraderecha, Chega, plantó grandes carteles discriminatorios (“Esto no es Bangladés” y “Los gitanos tienen que cumplir la ley”). Hace una década, Chega ni existía y los analistas se hartaban de repetir que la sociedad no permitiría un proyecto populista que amenazase la democracia que tanto tardaron en conquistar.

Ventura es hoy uno de los favoritos para pasar a la segunda vuelta de las elecciones, que se celebrará el 8 de febrero. En diciembre, una juez le ordenó retirar los carteles contra los gitanos tras la denuncia presentada por varias asociaciones por fomentar “la intolerancia, la segregación, la discriminación y, en el fondo, el odio”. Ventura sustituyó las vallas por otras que decían: “Las minorías ‘de costumbre’ tienen que cumplir la ley”.

Ser condenado por un tribunal no parece que vaya a penalizarle en las urnas entre sus fieles. Comprobar si aumenta la base de 1,4 millones de votos (22%) que conquistó en las elecciones legislativas de hace siete meses, donde también era candidato, es una de las incógnitas de la jornada.

El otro favorito es una sorpresa de última hora. El socialista António José Seguro comenzó la carrera como un candidato débil. Su propio partido, que pasa por el peor momento de su historia tras ser relegado a tercera fuerza parlamentaria, le había escatimado durante meses su respaldo y era una figura casi olvidada tras una década de alejamiento de la política. Su único error fue rehusar definirse como de izquierdas en una entrevista en Público, según sostiene la periodista de ese diario Ana Sá Lopes.

Por lo demás, ha esquivado el fango que pisaron otros y ha mantenido la moderación —o insipidez, según se mire— durante la campaña, favorecido por las sucesivas pifias de sus adversarios. Si hace un mes tenía un respaldo del 16%, en uno de los últimos sondeos había subido hasta el 23%, solo un punto por detrás de Ventura (24%), el candidato que ha tenido un apoyo más regular.

Son las elecciones más abiertas en la historia de la democracia. Nunca tantos candidatos (cinco de los 11 que se presentan) tuvieron tantas opciones de alcanzar la presidencia de la República. En el pasado, la carrera casi siempre fue una disputa con un favorito claro, que se imponía en la primera votación (más del 50% de votos). Solo en una ocasión, en 1986, se celebró una segunda vuelta (Mário Soares contra Diogo Freitas do Amaral). Esta vez, en la que nadie supera el 25%, se da por segura la segunda ronda. La cuestión es quiénes estarán en ella porque la fragmentación, tanto a derecha como a izquierda, no ayuda a clarificar de antemano el escenario.

La disputa por la hegemonía del espacio de la derecha, acentuada desde que Chega se convirtió en segunda fuerza parlamentaria en 2025, es visible en esta carrera con tres candidatos de otras tantas formaciones. Luís Marqués Mendes, que partió siendo favorito y cuenta con el apoyo del Gobierno de Luís Montenegro, se ha desinflado en los sondeos (del 20% al 14% en un mes) después de que sus rivales le afeasen sus negocios privados y le dibujasen como un lobista repleto de intereses. “No ha conseguido explicar como, no ejerciendo como abogado, facturó 700.000 euros netos en dos años prestando servicios de consultoría para un despacho de abogados”, resumió el escritor Miguel Sousa Tavares en Expresso.

El asunto, que evoca las aguas revueltas entre política y negocios que causó la última crisis debido a la actividad de la empresa familiar del primer ministro, Luís Montenegro, dañó las expectativas de Marques Mendes pero no ayudó a las de Henrique Gouveia e Melo, que le zahirió por el asunto más que nadie. Gouveia e Melo es el primer militar que aspira a la presidencia desde 1980, se presenta como el único apartidista, capaz de concitar apoyos a derecha e izquierda y el hombre fuerte que se necesita para tiempos recios. La popularidad que había conquistado como responsable de la campaña de vacunación en pandemia, sin embargo, ha ido enfriándose conforme le salpicaba el barro de la política (su respaldo en encuestas pasó del 18% al 14% en el último mes). El debate entre Gouveia y Marques Mendes se asemejó a una lucha de sumos.

Nadie esperaba que un quinto en discordia se colase entre los primeros: João Cotrim de Figueiredo, eurodiputado liberal, fue ganando terreno hasta que ocurrieron algunas cosas. Confesó que en una segunda vuelta entre el ultra Ventura y el socialista Seguro, apoyaría al candidato de extrema derecha. Recibió tantas críticas que se desdijo: “No sé dónde tenía la cabeza”. A esto se ha sumado la divulgación de una denuncia contra él por acoso sexual, difundida sin consentimiento de la víctima que ha comenzado a recibir amenazas. El caso se resolverá en los tribunales. Los últimos sondeos le colocan en tercer lugar (un 19%), solo por detrás de Ventura y Seguro, aunque las proyecciones demoscópicas en Portugal han fracasado otras veces. Cuando António Costa conquistó la mayoría absoluta en 2022, habían vaticinado su empate con el centro derecha.

Este domingo serán casi 11 millones de electores los que deberán resolver una cuestión importante, que resumió mejor que nadie hace unos días el candidato militar: “¿A quién le gustaría tener como compañero al atravesar un valle oscuro?“.

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Sobre la firma

Tereixa Constenla
Corresponsal de EL PAÍS en Portugal desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera de temas sociales en Andalucía en EL PAÍS y en el diario IDEAL. Es autora de 'Cuaderno de urgencias', un libro de amor y duelo, y 'Abril es un país', sobre la Revolución de los Claveles.
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