Israel mata al primer ministro del Gobierno hutí de Yemen en un ataque aéreo sobre la capital del país
El grupo, la única milicia pro-iraní que mantiene las hostilidades periódicas contra el ejército israelí, añade que otros ministros fallecieron en un ataque el jueves en Saná

El primer ministro de los hutíes de Yemen, Ahmed Ghaleb al Rahawi, murió el jueves durante un bombardeo israelí en Saná, la capital del país. Así lo ha anunciado este sábado la organización en un comunicado, en el que añade que el ataque también mató a varios ministros del grupo.
Tras casi dos años de conflicto regional, el primer ministro es el líder hutí más destacado que las autoridades israelíes han eliminado en este grupo, que supone la única milicia pro-iraní en todo Oriente Próximo que mantiene sus ataques periódicos contra Israel en una supuesta muestra de solidaridad con los palestinos de la franja de Gaza.
Al Rahawi había ejercido como primer ministro desde el pasado agosto, después de haber sido parte del Consejo Supremo de los hutíes desde 2019. Antes, había ocupado otros cargos dentro del movimiento. Algunos analistas creen que la muerte del primer ministro no tendrá impacto en el rumbo de la organización. El liderazgo político y religioso de los hutíes recae sobre Abdul Malik al-Houthi, quien se encontraba pronunciando un discurso hacia el mundo árabe en el momento del bombardeo. A pesar de eso, que Israel haya logrado apuntar contra dirigentes de primera línea muestra la vulnerabilidad creciente de la organización ante la inteligencia israelí.
El movimiento hutí forma parte de una red de grupos armados que están presentes en toda la región, que comparten la hostilidad hacia Israel y que reciben apoyo económico y militar de Irán. En esta alianza, autodenominada Eje de la Resistencia, están presentes la milicia palestina Hamás, en la Franja; el grupo libanés Hezbolá o los hutíes en el Golfo Pérsico.
Los hutíes controlan Saná, la capital de Yemen, y otros puntos del noroeste del país. Lo hacen mientras mantienen un conflicto armado con el Gobierno yemení, que está desplazado de buena parte del territorio y que, a diferencia de los hutíes, cuenta con reconocimiento internacional. Eso hace que al Rahawi, el primer ministro eliminado el jueves, no sea considerado como tal por parte de la comunidad internacional.
Desde 2014, cuando los hutíes lograron hacerse con el control de Saná, la guerra en Yemen —enquistada desde hace tiempo— ha provocado la que durante varios años se ha considerado la crisis humanitaria más grave del planeta. La toma de parte del país permite a los hutíes controlar algunas de las principales infraestructuras del territorio, como el puerto de Hodeida. A menudo, los líderes israelíes justifican los bombardeos contra esas infraestructuras alegando que los hutíes las explotan para financiar unas capacidades militares que utiliza contra Israel.
En octubre de 2023, cuando la milicia palestina lanzó los ataques contra el territorio israelí e Israel respondió con una ofensiva que mantiene hasta la actualidad, tanto Hezbolá desde Líbano como los hutíes desde Yemen empezaron a lanzar ataques contra Israel. En el caso de los hutíes, esos esfuerzos incluyeron el asalto o la intimidación de embarcaciones en el Mar Rojo, unas aguas que bañan las costas yemeníes y por donde navega buena parte del comercio mundial. Aunque el movimiento yemení asegura apuntar únicamente contra barcos relacionados con Israel, se han registrado ataques contra naves sin vinculación aparente con el Estado judío.
Durante los últimos días, Israel ha lanzado sucesivas rondas de bombardeos contra supuestos puntos de interés militar del movimiento hutí. Esos ataques han sido una respuesta al proyectil que los combatientes chiíes lanzaron contra Israel a mediados de agosto, cuya desintegración en el cielo causó daños en algunas propiedades israelíes, incrementando una sensación de indefensión en tierra israelí que las autoridades de ese país quieren evitar a toda costa.
El pasado domingo, en un ataque anterior al que terminó matando al primer ministro hutí, Israel ya cometió ataques contra centrales eléctricas y un almacén de combustible en Saná. Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, reconoció en esa ocasión que las fuerzas aéreas israelíes también habían atacado el Palacio Presidencial del país, que el israelí describió como un “objetivo estratégico”. “Atacaremos a quien nos ataque. La región entera está conociendo nuestra fortaleza”, dijo Netanyahu. “El régimen terrorista hutí está aprendiendo a las malas que pagará un precio muy alto por su agresión contra Israel”, concluyó.
En Líbano, tras más de un año de misiles cruzados desde el inicio de la guerra en Gaza, el ejército israelí consiguió frenar las hostilidades planteadas por Hezbolá después de eliminar a buena parte de la cúpula de esa organización. En septiembre de 2024, las tropas israelíes mataron a Hasan Nasralá, quien había liderado el partido-milicia durante décadas. Y en noviembre, Hezbolá y el Gobierno de Netanyahu firmaron un acuerdo de alto el fuego que el grupo libanés no se ha atrevido a incumplir, temiendo la reanudación de una ofensiva a gran escala que ha destruido más de 100.000 viviendas en suelo libanés en poco más de un año, según datos del Banco Mundial.
Ahora, los líderes israelíes aspiran a someter a los hutíes de la misma manera. Este sábado, los dirigentes del movimiento yemení han querido asegurar que ese momento todavía no se ha producido. Tras el anuncio de la muerte del primer ministro, la presidencia de los hutíes ha advertido en comunicados a través de al Masirah, televisión afiliada al grupo: “La sangre de los grandes mártires nos alimentará y nos impulsará a continuar por el mismo camino”. Los hutíes aseguran que se mantienen “firmes en el apoyo al pueblo de Gaza”.
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