Andalucía, un ecosistema político diferente: allí Moreno agita el miedo a Vox
El barón popular ofrece la marca “Juanma”, con atributos propios y por encima de las siglas del PP


Pedro Sánchez lideró el fin de semana pasado en Barcelona una cumbre de progresistas de todo el planeta que tenían como enemigo común el auge de la ultraderecha, el gran argumento que le sirvió para su remontada de 2023 pero que ahora su candidata no utiliza como reclamo en Andalucía. No es un despiste ni un volantazo improvisado: el miedo a Vox que engordó entonces a Pedro Sánchez lo agita ahora Juan Manuel Moreno para arrastrar voto útil. Andalucía, con una gran tradición de coincidencia de sus elecciones con las generales, se ha constituido en un ecosistema autonómico diferenciado.
Por contradictorio que pueda parecer, Moreno Bonilla cuenta con que en esta campaña le sume lo que sumó a Pedro Sánchez en 2023. Lo saben en el PSOE, que se ha cuidado mucho de que Montero centre sus mensajes en el regreso de Vox a los gobiernos de Extremadura y Aragón. De hecho, quien utiliza en negativo esos pactos es el barón popular, que, sin rodeos, responsabiliza a los electores de ponerle en “el trance” de tener que tragarse los sapos que tragan sus compañeros si no le salen las cuentas.
Moreno se coloca en un marco que da por fijado: la prioridad es que el sanchismo y todas sus criaturas sean erradicados como un virus maligno. A partir de ahí, y dando por hecho que los líderes del PP sí tienen bula para gobernar a cualquier precio, el presidente de la Junta viene a decir que la única alternativa pasa por él: por él, en versión moderada, con una cómoda mayoría absoluta; o por él, convertido en lo que Vox quiera, como en otros territorios.
La singularidad andaluza hasta ha alumbrado un neologismo político: el “lío”. El “lío” es un concepto que insinúa mucho sin decir casi nada y permite a Moreno una estrategia atrapalotodo. Con mohín de fastidio, Moreno habla del “lío” sin tener que mojarse en líneas rojas con Vox. El “lío” es un “lío”, explica en bucle, sin molestar al ala más dura de la derecha por hacer ascos a los ultras ni asustar al centro dando pistas de hasta dónde está dispuesto a claudicar. Moreno avisa del “lío” para que estemos avisados, que quien avisa no es traidor, pero no se mete en detalles que compliquen su relato electoral mientras besa y abraza a potenciales votantes en procesiones, ferias y romerías.
Este “lío” que ni ofende ni compromete en el contexto andaluz es un torpedo en la línea de flotación de los proyectos de María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco. Porque esto no ha hecho más que empezar: los populares necesitan a los ultras para sus investiduras, pero también para dar estabilidad a las legislaturas de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y, mirando hacia adelante, el “lío” puede tener efecto bumerán para Alberto Núñez Feijóo: todas las encuestas dicen que, sin “lío”, sin Vox en la ecuación, no hay suma posible para que sea presidente. Y eso Sánchez sí puede rentabilizarlo en las urnas usando los argumentos de Moreno.
En definitiva, la movilización a la contra puede funcionar en distintas direcciones en autonómicas y generales porque la percepción de la utilidad del voto es distinta en cada convocatoria. ¿Se puede dar el caso de que un mismo votante elija la papeleta del PP en Andalucía y la del PSOE en las generales? Eso esperan los populares andaluces para alcanzar la mayoría absoluta. Para facilitarlo, su oferta electoral es “Juanma”, una marca con atributos propios, que supera el espacio del PP en una tierra donde las siglas del PSOE resistieron todo tipo de adversidades. Estas pasan por su peor momento y, a pesar de todo, siguen siendo un activo que reivindica María Jesús Montero para afianzar su base electoral.
La de Andalucía va a ser la gran batalla antes de las generales, pero se juega con candidatos, circunstancias y narrativas que no son extrapolables a las generales; por mucho que las lecturas del día después sean en clave nacional. Andalucía tendrá un peso muy importante, indiscutible, cuando Pedro Sánchez llame a las urnas, pero esa partida se jugará con unas cartas diferentes a las que ya están repartidas para la cita del 17 de mayo.


























































