Juan Carlos Ferrero: “No he tenido ningún contacto con Sinner. Con otros jugadores sí, pero no con él”
El tenista y entrenador valenciano sabía lo que es ser número uno antes de ayudar a Carlos Alcaraz a llegar a la cima. Tras la ruptura con su pupilo, considera sus opciones


“La sesión está yendo más rápido de lo previsto, vente para aquí ya”. Quién podía pensarlo de Juan Carlos Ferrero (Ontiyent, Valencia, 46 años), campeón de España alevín de tenis y campeón del mundo el mismo año, cuando levantaba unos palmos del suelo. Con el tiempo fue número uno del mundo, campeón de Roland Garros, bicampeón de la Davis, cuatro Masters 1000. Es imagen de Pedro del Hierro, firma con la que posa para el fotógrafo. “Es una ropa que ya conocía, y que me permite ir de sport, casual o elegante; sus trajes, además, son muy finos”, dice mientras se sienta, abre un botellín de agua y mira de reojo al periodista, como preguntándose, un poco aterrado, si vamos a hablar una hora y media de moda. Han pasado tres meses desde una de las rupturas más impactantes e inesperadas del tenis español, la del número uno del mundo, el español Carlos Alcaraz, y Ferrero, que lo entrenó siete años, desde que Alcaraz tenía 15.
Usted fue un niño frágil. No, muy delgadito y sin fuerza, pero no frágil. Más que dominar el punto, lo que hacía era aguantar, correr y meter muchas pelotas. Cuando empecé a tener un poquito más de fuerza, mi estilo fue más agresivo y la derecha empezó a funcionar.
La BBC hizo en 2023 un especial sobre usted. Hablaban de su estrategia: derecha cruzada cada vez más larga intentando que el contrario la devolviese corta para luego matarlo tirando al revés. Era un jugador agresivo, de línea de fondo. Me gustaba dominar más que ser dominado. Físicamente era bastante bueno, muy rápido; me gustaba mandar yo. Normalmente se empieza la jugada con derechas cruzadas para dominar, para que se abra un poquito la pista y tener los paralelos más fáciles, porque es un golpe más difícil que el cruzado. Mi idea era mover al contrario por toda la pista, tanto de derecha como de revés, porque yo tenía un buen revés: le pegaba más fuerte a la derecha, pero el revés era muy seguro y también bastante ofensivo.

¿Qué hacía especial su derecha? El timing. No era un jugador de acelerar muchísimo. Tenía buena derecha y buena aceleración, pero era un jugador de timing: utilizaba la fuerza con la que jugaba el otro para aprovecharla y añadirle mi velocidad. Fallaba más bien poco. Sí, aceleraba la derecha, pero no como Alcaraz o Nadal, con esas aceleraciones tan bestias
Su generación empieza a tomar la pista dura. ¿Cómo se adapta uno cuando domina la tierra batida? Siendo más agresivo y más directo. Y moverse de otra manera: en tierra es todo un poquito más dulce, puedes resbalar. Aunque hoy en día se resbala en todo tipo de superficies.
Es verdad. En pista rápida no resbalábamos. Yo pienso que es mejor llegar sin resbalar para poder apoyar bien. Muchas veces cuando llegas resbalando no llegas perfecto, pero los jugadores se han acostumbrado y miden muy bien, se sienten cómodos.
“Cuando hay una ruptura así te sientes triste al principio y luego te queda una sensación de pena por una relación tan bonita que se termina. Pero cada uno tiene que seguir adelante. Él lo ha hecho y está jugando bien y contento. Yo también estoy tranquilo, trabajando en la academia y viendo nuevos proyectos"
Se pega muy fuerte. Y tienes que resbalar porque el nivel de velocidad de la bola es muy alto. Y los jugadores físicamente son mejores que antes. Ahora se juega más a destruir que a construir, pero tienes que estar preparado para los rallies. Por ejemplo, los partidos de Novak [Djokovic], Carlos [Alcaraz], Jannik [Sinner] o [Taylor] Fritz son de rally. Se juega muy rápido, pero se ve más tenis. No es como cuando juegas contra [Reilly] Opelka o [Jan Lennard] Struff.
El tenis ha cambiado. Durante casi todo el año la velocidad de la pista es la misma, a excepción de la hierba. Antes teníamos torneos indoor muy rápidos, Australia era muy rápida, y eso hacía más difícil jugar contra especialistas. Pero ya no hay especialistas de superficie. Todo el mundo juega igual en todas. Hay muy poca gente que haga saque y red. Todo el año se juega a lo mismo.
¿A base de potencia se está perdiendo la estrategia? Si miras el número medio de bolas en un rally, los puntos largos suelen ser de tres golpes. Por eso se juega más a destruir que a construir. Ha aumentado la potencia, la gente le pega muy fuerte a la pelota y el ritmo de bola es muy alto, muchas veces es difícil construir. El jugador que consigue tener un poco de las dos cosas, como Carlos o Jannik, tiene mucho ganado. Hay jugadores más de destrucción y otros más de construcción. Si eres capaz de hacer las dos cosas, estarás arriba.

Y está la capacidad de jugar mejor con presión. Tú ves un partido entre el número 5 del mundo y el número 40. A nivel técnico igual no sabes quién es quién. Pero cuando van 5-4 en el primer set, el 5 generalmente lo va a resolver mejor, por eso es el 5 y no el 40. Lo mismo en un tie break, en una final de Grand Slam o en una Copa Davis, donde los nervios se notan mucho porque estás defendiendo a tu país. En un deporte tan mental, hay jugadores que lo gestionan mejor.
¿Eso se entrena? Con un psicólogo puedes preparar rutinas para intentar no darle más importancia a unos puntos que a otros y jugar todos los puntos de la misma forma. Pero es imposible que llegue una bola de break o un match point y tu cabeza diga que da igual.
¿Qué pasaba por su cabeza cuando en Roland Garros Sinner va dos sets arriba con Carlos y tiene tres puntos de partido? Situación límite total. Y ahí se va punto a punto. Pero yo también pensaba: si se levanta ese juego [0-40, sacando Alcaraz], Sinner puede acusarlo. Y tener que cerrar el partido al saque pensando en todo lo que había perdido antes... Así que era eso: punto a punto. Una vez que ganó Carlos el juego, preparamos el siguiente.
“Alcarez puede ser uno de los mejores de la historia. A nivel de resultados ya está rompiendo muchos récords. Tiene el tenis, el físico y la capacidad mental. Lo único que podría frenarlo sería perder la motivación, algo que puede pasar cuando empiezas tan joven”
¿Hablaron en el 0-40? No, yo estaba en el otro lado. Y de todos modos en Roland Garros estás lejísimos. Para que te escuchen tienes que gritar. Es imposible. Solo puedes hacer gestos: concentración, tranquilidad, punto a punto.
Controlar la euforia, otro trabajo. Es que sigues 2-0 abajo y saca Sinner para ganar el torneo. No te puedes poner eufórico. Lo importante era intentar ganar el primer punto de ese juego nuevo. Si vienes de perder un 0-40 y pierdes también ese primer punto, tu cabeza empieza a pensar demasiado. Así que había que dominar y no dejar que la situación te domine.
Hay un trabajo retorcidísimo en meterte en la cabeza de tu adversario. Es una partida de ajedrez. Tú haces unos movimientos y el otro hace otros. Tu estrategia, la suya, leer los miedos del rival, prever cuándo está más nervioso o cuáles son sus puntos débiles. Es muy importante darte cuenta de lo que el otro está sintiendo, no centrarte solo en ti. Tener una perspectiva general de lo que está pasando en la pista: saber leer el partido, saber en qué momento estás, cuándo tienes que atacar o defender.
Si ve al rival un poco tocado, aguantarle la bola para que falle. Hay que saber cuándo el otro está de bajón y cuándo hay que apretar. Muchas veces ganas un primer set durísimo 7-6 que ha durado una hora y veinte. Si aprietas los primeros 15 minutos del segundo set, el otro puede venirse abajo y puedes ganarlo 6-2. Cuando ganas un 7-6 el cuerpo se relaja un poco y el rival puede salir más despistado. Todas esas cosas hay que saber verlas para intentar aprovecharlas.

¿Qué partidos recuerda como los más duros psicológicamente de su carrera? Muchos. Uno muy difícil de aceptar fue perder la final con Lleyton Hewitt en Shanghái en 2002, la final del Masters. También el US Open y muchos partidos de Copa Davis. La final contra Lleyton Hewitt en el Palau Sant Jordi fue de muchísima tensión. Y luego tu primera gran final muchas veces se juega más pensando en no perder que en salir a ganar. Todas esas situaciones se tienen que ir aprendiendo.
Tuvo una relación especial con la Copa Davis. Hay dos tipos de jugadores: los que valen para jugar la Davis y los que no. Los que son más fríos y controlan mejor las emociones, son capaces de dar su mejor nivel en situaciones extremas. En la final contra Australia, cuando la ganamos por primera vez, había una tensión enorme porque éramos superfavoritos. El primer día perdimos el primer punto, Albert Costa contra Hewitt, y te puedes imaginar lo nervioso que estaba yo para jugar contra Rafter. La gente pensaba que íbamos a ganar fácil, pero Hewitt era número uno del mundo y Rafter era top ten. Los dos primeros sets fueron muy igualados y en ese tipo de situaciones es difícil jugar tu mejor tenis por los nervios. La Copa Davis es una competición muy complicada.
¿Cómo se ve el tenis siendo oficialmente el mejor jugador de tenis del planeta? Se te pasan por la cabeza todos los momentos que has vivido: los difíciles, los bonitos, todo lo que has pasado con tu familia, con entrenadores y con las personas que te han ayudado. Es un objetivo tan difícil que no lo saboreas del todo, pero con el paso del tiempo sí. A día de hoy todavía lo puedes saborear. Mucha gente me pregunta si notas que los demás te ven diferente. Creo que sí, que te ganas el respeto de todos los jugadores del mundo, de los que realmente saben lo difícil que es. También cuando ganas un Grand Slam entras en un club muy selecto, donde no hay muchos jugadores. Ser número uno y ganar un Grand Slam te mete en un club histórico.
“Hay dos tipos de jugadores: los que valen para jugar la Davis y los que no. Los que son más fríos y controlan mejor las emociones, son capaces de dar su mejor nivel en situaciones extremas”
¿Cuándo empezó a pensar que era posible? Con 12 años fui a Roland Garros a verlo con mi padre y pensé que algún día podría jugar allí. Después, cuando te vas metiendo en el circuito y vas subiendo posiciones —30, 20, 10 del mundo— sueñas con el número uno. Pero hasta que realmente no tienes la oportunidad es difícil. Puedes estar tres o cuatro del mundo, pero hasta el número uno hay mucha diferencia.
Lo van a tener difícil los que compiten contra Alcaraz y Sinner. Los otros saben que tienen que mejorar para poder luchar contra ellos. La gente intenta adaptarse y crecer más rápido. Si todo estuviera muy igualado te podrías confiar, pero cuando sabes que necesitas subir el nivel te motiva a mejorar. El otro día [Andrey] Rublev decía que por primera vez sentía que había competido de tú a tú contra Carlos en Doha. Los jugadores buscan eso: jugar contra los mejores y acercarse a su nivel. Cuando vean que están más cerca, intentarán dar un paso más. Esto funciona así.
¿Qué fue lo primero que le llamó la atención de Carlos Alcaraz? La mentalidad y el dinamismo. Tenía 12 o 13 años cuando lo vi por primera vez en un torneo en mi academia. Ya me habían hablado de él y me habían dicho que jugaba muy bien, pero me sorprendió su frescura y su dinamismo: podía hacer una dejada, un globo, subir a la red, pegar fuerte, pegar flojo, todo en un mismo punto. Ese dinamismo no se suele ver. Los jugadores suelen tener un estilo: jugar de fondo, ser agresivos o ser más defensivos. Él tenía todo. Desde pequeño hubo que ordenar todo ese arsenal de golpes, pero también es su mayor virtud. Es un jugador capaz de volver loco al rival porque no sabes lo que va a hacer. Esa imprevisibilidad marca mucha diferencia.
¿Hubo algún cambio técnico decisivo en su adolescencia? El saque ha sido el golpe que más ha costado mejorar. Siempre ha sido el que más necesitaba trabajar y sigue siendo el golpe que más margen de mejora tiene. También estaba el tema físico. Era un jugador muy delgado y había que mejorar físicamente, pero con 15 años no puedes poner a un niño a hacer pesas sin control. Hay que respetar los procesos de crecimiento y medir muy bien el trabajo para evitar lesiones.
Todo está muy medido. No puedes equivocarte y provocar lesiones. Si vas demasiado rápido, mal; si vas demasiado lento, no aprovechas todo el potencial. Hay que medir muy bien todo y tener experiencia. Haber sido jugador también ayuda a entender por dónde tiene que ir el proceso. Yo he pasado por muchas cosas que ahora vive Carlos y puedo hablar con él sobre lo que puede venir.
Viendo algún partido entre Sinner y él cuesta pensar cómo o en qué puede ser mejor el tenis del futuro. El tenis evoluciona siempre. Si comparas los primeros partidos entre Carlos y Jannik con los de ahora, hay grandes diferencias. Los dos han mejorado muchísimo en los últimos años porque se han retroalimentado. Después de cada enfrentamiento analizas qué ha hecho el rival y cómo puedes contrarrestarlo. Así vas evolucionando.
¿Hay superficies donde el duelo sea más complicado? La hierba es la más complicada para Carlos. Se le da muy bien, pero el juego de Jannik es muy específico para esa superficie: está muy bajo de piernas, pega muy fuerte y muy plano. En hierba Carlos tiene menos tiempo para usar su juego más variado con bolas altas, bajas o con efecto. Pero seguro que seguirá mejorando.
¿Temía que el cambio de entrenador pudiese afectarle? A nivel mental una ruptura siempre cuesta cuando has trabajado tanto tiempo con una persona. Pero a nivel tenístico no lo creía. Carlos es muy bueno. Samuel López es un entrenador con mucha experiencia y con una forma de trabajar muy parecida a la mía, así que sabía que no le iba a afectar demasiado.
Dijo usted después de la ruptura que estaba triste primero, luego apenado. Sí. Cuando hay una ruptura así te sientes triste al principio y luego te queda una sensación de pena por una relación tan bonita que se termina. Pero cada uno tiene que seguir adelante. Él lo ha hecho y está jugando bien y contento. Yo también estoy tranquilo, trabajando en la academia y viendo nuevos proyectos.
Se habló de la posibilidad de que entrenase a Sinner. Rumores. Yo no he tenido ningún contacto con Jannik. Con otros jugadores sí, pero con él no.
Será raro verle en otro box contra Carlos. Pasa mucho en el deporte. Un entrenador ha estado en un equipo y luego entrena a otro rival. Si se rompe una relación se abren otras posibilidades. Yo me llevo bien con todos los jugadores y equipos del circuito. Cuando llegue el momento de entrenar a alguien otra vez, ya veremos quién es.
¿Ha vuelto a hablar con Carlos? Sí. Le escribí en Australia y también al equipo. Luego en Doha le volví a escribir. La relación ahora es diferente. Hay más distancia y ya no hablamos como antes, pero seguimos en contacto.
Se ha especulado mucho sobre las razones de vuestra separación. Es algo privado. No coincidíamos en la misma idea de cómo seguir y cada uno decidió tomar su camino.
Va con él cuando juega. Claro. Le tengo mucho cariño y le quiero mucho. Ni él ni su entorno me han hecho nada malo como para desearles otra cosa.
¿Tiene techo? Ahora mismo, no. Puede ser uno de los mejores de la historia. A nivel de resultados ya está rompiendo muchos récords. Tiene el tenis, el físico y la capacidad mental. Lo único que podría frenarlo sería perder la motivación, algo que puede pasar cuando empiezas tan joven. Pero siempre le he dicho que cuando se acaba la motivación, tiene que empezar la disciplina. Mientras siga disfrutando y jugando como lo hace ahora, tendrá una carrera muy larga.
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