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Daniel Avery: “Es una experiencia extraña recibir un correo electrónico de Robert Smith. Aún me resulta increíble”

El músico y productor británico cree que se puede insuflar alma a las máquinas. Y lo demuestra en ‘Tremor’, su nuevo disco

Daniel Avery, retratado para ICON en Madrid.Ayub El Kadmiri

Daniel Avery (Bournemouth, 39 años) insiste en que Tremor, su quinto álbum, es un disco sobre la libertad: “Esa es la palabra que lo define todo”. Aunque lo diga en Madrid, donde ha venido para pinchar, no se refiere al concepto ayusista de la libertad, sino al sonido. “La distorsión tiene vida propia. Cambia, se mueve. Es un ruido humano”, dice. El músico, productor y dj es un obseso de las texturas que pueden formar determinadas notas y habla del sonido como si fuera una materia, algo que se puede moldear, comprimir o dejar respirar.

Avery vive al este de Londres, junto a un tranquilo canal, y es uno de los mejores ejemplos de ese nuevo techno facturado en Inglaterra que une lo oscuro con lo sensible. “Me gusta combinar instrumentos en software digital y encontrar los lugares donde ambos mundos se cruzan”, afirma. Esa cuidada mezcla la trabaja en su estudio, situado cerca de casa: “Es un espacio silencioso, y valoro mucho esa paz en mi trabajo”.

Tremor es electrónica con alma rockera, lo que explica por qué buscó para las voces a un puñado de luminarias de la escena de guitarras más inquieta. Avery modela voces como las de Alison Mosshar, (The Kills), Walter Schreifels (Gorilla Biscuits) o Ellie Rowsell, vocalista y guitarrista de Wolf Alice, una de las formaciones que está revolucionando la escena del rock alternativo en Gran Bretaña.

“Fue increíble, porque me dejé llevar y abrí la puerta a muchas de las influencias que más quiero: shoegaze, electrónica, incluso metal”, apunta un Avery especialmente cómodo con este tipo de músicas. Solo hay que escuchar el remix que firmó hace unos meses para The Cure y que se incluyó en su álbum de remezclas de Songs of a Lost Word. “Es una experiencia extraña recibir un correo electrónico de Robert Smith. Aún me resulta increíble todo”, se sincera. “Me dijo que era un gran fan. Es uno de mis héroes, uno de los músicos más grandes de todos los tiempos”.

La canción en cuestión es Drone:Nodrone, una de las piezas más extrañas y lisérgicas de toda la trayectoria de la banda inglesa. “No me dio ninguna dirección ni ninguna idea concreta. Me dio libertad total para que hiciera lo que quisiera. Lo más surrealista para mí fue tener su voz, sólo su voz aislada. Ese fue un momento alucinante en mi vida. Por eso mismo supe que debía respetar el original, porque me gustaba muchísimo. Todo ocurrió de forma muy natural. Sucedió, además, mientras estaba terminando Tremor. Así que creo que forma parte del mismo mundo”.

Avery discrepa de los agoreros que dicen que la electrónica actual pasa por un bache. “La música electrónica tiene muy buena salud”, afirma. A él, por ejemplo, le reclaman desde todo el globo Le gusta viajar, aunque implica desgaste. “Inspirar, inspira; pero también agota. Los aeropuertos, los trayectos nocturnos y el desfase horario acaban filtrándose en la percepción del tiempo y el sonido”. Por eso, si tuviera que elegir, se quedaría con el estudio. “Los álbumes permanecen. Pueden pasar de mano en mano, incluso de generación en generación”, piensa alrededor de una idea de permanencia que le obsesiona, el disco como objeto, como herencia. “Nada me emociona más que pensar que un álbum mío pueda llegar a otra persona dentro de muchos años”.

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