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Los 80 años de Al Green, el ‘sex symbol’ al que una tragedia volvió sacerdote

La controvertida leyenda del soul de los setenta, reconvertido en reverendo tras un accidente, acaba de publicar un EP de versiones donde se une a jóvenes talentos como RAYE

Al Green

Al Green (Arkansas, 79 años) intuía que algo malo iba a pasar la noche del 18 de octubre de 1974, cuando llegó a su mansión de Memphis junto a su pareja, Mary Woodson, a quien recogía de la cárcel por fumar marihuana. Durante el trayecto en coche, Woodson miraba a Green a través del espejo retrovisor con semblante serio y tremebundo. El asiento de copiloto lo ocupaba una vieja amiga de Green, Carlotta Williams, una azafata de vuelo que ese mismo día se había presentado sin avisar en el estudio del cantante. Green invitó a ambas a pasar la noche en su morada, dejando claro que los tres dormirán en habitaciones separadas. Al llegar a la casa, Williams se retiró rápidamente a su cuarto, mientras Green y Woodson coincidieron brevemente en la cocina. Woodson había puesto agua a hervir y aprovechó ese espontáneo momento de intimidad con Al para proponerle matrimonio.

Green, sorprendido por lo precipitado de la propuesta -la suya era una relación informal-, decidió posponer la conversación hasta la mañana siguiente, cuando ambos estuvieran descansados. A continuación, se fue a preparar una ducha. Mientras se cepillaba los dientes, en ropa interior, oyó un golpe y Woodson apareció detrás de él con la “olla humeante” en la mano. En ella, Woodson había preparado una espesa pasta de sémola de trigo, cuyo contenido arrojó violentamente sobre la espalda desnuda de Green, sumiéndolo en un dolor insoportable. Carlotta, asustada, salió de su habitación y Green logró llegar hasta el baño, abalanzándose desesperadamente bajo la ducha para echarse agua helada sobre las quemaduras, que pronto desarrollaron ampollas “del tamaño de un huevo”. Cuando estaba a punto de desmayarse, Green escuchó de repente un fuerte golpe, un disparo y, después, otro. Tras la segunda detonación, oyó “algo pesado estrellarse contra el suelo”. Era el cuerpo de Woodson, que se había disparado en la sien, muriendo en el acto.

Al Green, que en el momento de este trágico suceso se encontraba en el pico de su popularidad en Estados Unidos, con ocho singles de ventas millonarias -entre ellos Let’s Stay Together o Tired of Being Alone-, no volvería a ser la misma persona tras aquel incidente.

Pasó dos meses hospitalizado, tratando quemaduras de segundo grado que requirieron injertos de piel.Tras el incidente, descubrió que Woodson había dejado atrás a un marido y tres hijos para iniciar una relación con él. Mary tenía 29 años cuando se suicidó y había sido madre adolescente. Green ya conocía parte del pasado de Woodson y que aquel no era su primer intento de quitarse la vida. No era su primer intento: Woodson trató de quitarse la vida durante su juventud, según contaba su familia en un reportaje publicado en Vibe Magazine en 2004. Sus allegados recordaban que, durante un sonado episodio, Mary disparó a un novio en el pie porque le había sido infiel. Después, volvieron.

En aquella premiada crónica, hermanos y amigos de Woodson compartían sorprendentes declaraciones inéditas sobre la mujer. Describían a una persona consciente de su atractivo, pero emocionalmente impredecible, que disfrutaba intentando seducir a estrellas de la música. Aunque no comprendían por qué se había quitado la vida, la historia de la sémola de trigo les cuadraba perfectamente con su carácter: “Así era ella. Era la sartén más grande y caliente que has visto en tu vida”, declaraba una de sus hermanas.

A la periodista le sorprendía que la gente de Memphis a la que entrevistó para el reportaje conociera la historia del ataque a Green, pero ignorara el suicidio de Mary Woodson. Por alguna razón, su muerte fue borrada del relato popular, y durante décadas solo su agresión a Green quedó en el recuerdo. La persona que realmente murió aquella noche fue olvidada. Tal vez una conversación seria y libre de juicios sobre la maternidad adolescente y la salud mental -Woodson era paciente psiquiátrica- era demasiado difícil entonces.

El primer encuentro entre Al Green y Mary Woodson, según la versión oficial, se sitúa en una cárcel de Nueva York, donde Green cantaba y Woodson visitaba a un amigo. Ambos sintieron una atracción inmediata, aunque Green recordaba que Woodson le expresaba en ocasiones ideas que le resultaban desconcertantes. Por ejemplo, que en el futuro Al Green se convertiría en sacerdote ordenado, algo que él jamás había contemplado. Y acertó.

El sex symbol que se hizo reverendo

Albert Greene, nacido en 1946, se crió junto a nueve hermanos en la más absoluta pobreza, en el seno de una familia de aparceros de Arkansas. A los 18 años su padre -católico devoto- le expulsó de su casa tras pillarle escuchando la música de Jackie Wilson, y el joven muchacho decidió irse a vivir con una trabajadora sexual mayor que él con la que había entablado una cercana relación. Durante esta época, Albert experimentó con la fiesta y las drogas, pero pronto la música llamó a su puerta. Green inició una carrera en la música casi por casualidad, después de telonear a Willie Mitchell en un concierto en Texas en 1968. Ambos formarían un tándem creativo que llevaría a Al Green a la gloria comercial a principios de los setenta gracias a discos como Let’s Stay Together.

Al Green dejó huella porque su interpretación tímida y suave lo diferenciaba de los vocalistas estridentes de la época. Su voz derretía a los oyentes, pero en sus letras era él quien anhelaba cariño y amor, quien se derretía por la otra persona.

En aquel momento nadie podía imaginar que Al Green acabaría convirtiéndose en sacerdote, aunque las primeras señales empezaban a emerger. En 1973, un año antes del suicidio de su novia, Green ya había experimentado un despertar espiritual durante una visita a Disneyland, en California. Cuando Woodson se quitó la vida, Green decidió que debía cambiar radicalmente su existencia. Un accidente durante un concierto en Cincinnati, en 1978 y que él interpretó como un mensaje divino, reafirmó su postura. A partir de entonces, Al Green se pasó al góspel, fundó una iglesia y se convirtió en pastor, tal y como Woodson había presagiado. Pasó de ser un sex symbol que extasiaba a sus seguidoras insinuando su pecho peludo a través de una camisa desabrochada hasta el ombligo, a llamarse a sí mismo reverendo: el Reverendo Al Green.

Un historial de violencia

Este conflicto entre lo secular y lo sacro ha acompañado siempre al icónico Al Green, que en 2026 echa la vista atrás a sus 80 años tras una vida extraordinariamente peculiar, marcada por diversos y sonados episodios de violencia que contrastan con la imagen de macho sexy y suave que promovía su discográfica. En aquel episodio de la sémola de trigo, Green sufrió esa violencia literalmente en sus propias carnes. Pero su vida también estuvo marcada por la violencia que él mismo ejercía sobre otras personas, principalmente mujeres, en una época en la que la violencia doméstica estaba tristemente normalizada.

Su primera esposa, Shirley Green, una antigua corista, denunció al músico en 1978 por malos tratos continuados (él la contrademandó por “trato cruel e inhumano”). En uno de los incidentes, Shirley alegó haber sido golpeada por Green en la cabeza con una bota tras negarse a mantener relaciones sexuales con él. Aunque Green negó inicialmente la agresión, después la admitió bajo juramento. En 1983, el divorcio se formalizó. Ese mismo año, Green había publicado el cuarto de sus numerosos discos de góspel, que acabarían conformando el grueso de su discografía. A I’ll Rise Again le siguió un álbum navideño, White Christmas.

El perfil público de Al Green ya se había complicado en 1974. Ese año sonreía en la portada de su icónico disco Al Green Explores Your Mind, que incluía el single Take Me to the River, famoso por la versión de Talking Heads. En torno al lanzamiento del disco, Green fue demandado por su exsecretaria, Linda Wills, por agresión y lesiones. Wills alegó que el cantante la había atacado tras reclamarle una serie de impagos. Aunque la demanda fue desestimada por “testimonios contradictorios”, se alcanzó un acuerdo extrajudicial de 100.000 dólares. “Quizá no tiene tanto amor y felicidad”, ironizaba una noticia de la época.

Ante semejante ristra de eventos traumáticos, Al Green se refugió en la religión. En 1976 compró la iglesia Full Gospel Tabernacle Church de Memphis y se convirtió en pastor de su propia congregación, iniciando un camino espiritual que continúa hoy. Aunque discos como The Belle Album (1977) ya incluían mensajes religiosos, a inicios de los 80 su discografía vira hacia el góspel. Obras como God Will Guide the Way (1980) o Trust in God (1984) dominan su catálogo. Uno de esos discos, Soul Survivor (1987), da título a la autobiografía que Green publicó en el año 2000, aunque el texto, según un periodista de The Guardian, omitía toda referencia a su primer matrimonio.

Al Green rehabilitó su imagen gracias a la religión, pero también al prestigio adquirido en la historia de la música. En la escena final de la película de 1988 Los fantasmas atacan al jefe, la canción Put a Little Love in Your Heart, interpretada por Annie Lennox y Al Green, suena en el momento culminante de la cinta. Su primer disco secular en 15 años, Your Heart’s in Good Hands (1995), fue bien recibido por la crítica, y en 2008 la modernización de su sonido en Lay It Down le valió dos premios Grammy, que se sumaron a los once que acumula en total.

El recuerdo bonito de aquel cantante romántico que marcó la música popular de los setenta continúa vivo hoy. Aunque su discografía no ha experimentado un revival como el de Kate Bush gracias a Stranger Things, Al Green sí ha tenido su pequeño momento viral. A finales de 2025, su versión de How Can You Mend a Broken Heart (1972), original de los Bee Gees, se popularizó en redes sociales 53 años después de su lanzamiento por motivos estrictamente musicales, sin coreografías ni retos asociados. Y, en los primeros días de 2026, Al Green está de plena actualidad tras publicar un EP de versiones de Bee Gees, Lou Reed, Velvet Underground y R.E.M. Para Perfect Day, su adaptación del tema de Reed, cuenta con la colaboración de RAYE, referente del pop británico actual. Al Green pone así un pie firme en el siglo XXI el mismo año en que celebra ocho décadas de una vida marcada por una identidad en permanente conflicto.

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