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De ropa de pescadores a símbolo de estatus: la evolución del jersey, la prenda que usa absolutamente todo el mundo

La llegada del frío nos hace prestar más atención a los jerséis, un básico presente en todos los armarios y que ha evolucionado tanto hacia el lujo como a la asequibilidad

Pablo Picasso, con jersey, en 1966.

A juzgar por lo visto durante estas últimas fiestas, ha remitido una moda -que llegó a ser ubicua- de lucir jerséis navideños feos o con diseños estridentes. Aquella era una tendencia anglosajona que a nuestro país no había llegado hasta el advenimiento de la saga Bridget Jones al cine, y que por fortuna resultó bastante efímera. Lo que entonces se vendió como la enésima reinterpretación en clave irónica de un objeto de uso cotidiano, hoy podría leerse más bien como una muestra de los grados de absurdo a los que puede llegar el abrazo acrítico de las dinámicas del mercado. A cambio, el chándal, epítome de la llamada “imagen pobre”, ocupaba el primer plano tras la captura del dirigente venezolano Nicolas Maduro, si bien merece recordarse que los políticos venezolanos acostumbran a utilizar en público ropa deportiva también durante sus momentos de triunfo o en plena campaña electoral (y esto incluye a la dirigente de la oposición María Corina Machado).

Sin embargo, siguiendo la ley del péndulo, en los últimos tiempos también se constata un interés renovado por dignificar el jersey de lana, una prenda práctica y cargada de historia y connotaciones culturales que, de todas formas, nunca ha perdido una dignidad bien cimentada. En el armario masculino, un buen jersey –mejor varios- es un activo insustituible. Y, como en todos los órdenes de la vida, son fundamentales la calidad, el buen diseño y la combinación entre el respeto y el desafío a unas ciertas tradiciones.

La palabra jersey designa tanto un tejido de punto como la prenda de ropa, por lo general cerrada y con mangas, elaborada con este mismo tejido, que puede ser de lana o de otros materiales como el algodón o los acrílicos. Jersey es también el nombre de una de las islas del Canal de la Mancha de donde procedería originalmente este paño, que se utilizaba para confeccionar tanto camisetas interiores como prendas de uso exterior, sobre todo con el fin de resguardar del frío a los pescadores de la región. Por lo tanto, en su origen era una prenda utilitaria y asociada a determinadas clases trabajadoras.

Josh O’Connor durante la promoción de 'Rivales' en París en 2024.
Josh O'Connor en el programa italiano 'Che Tempo Che Fa' en 2024.
Josh O'Connor, de Loewe, en París en 2024.

Desde finales del siglo XIX, con la llegada de unos estilos de vida más dinámicos también para las clases burguesas, fue implantándose como prenda masculina por excelencia en todos los estamentos sociales. A partir de aquí se desarrollaron sus distintas variedades: de tejido fino o más grueso, con o sin mangas (el chaleco de punto), cerrado o abierto (el cárdigan), con cuello redondo, de pico, camisero, alto o vuelto, y empleando distintas texturas y patrones. Destaca por su versatilidad, como indica Àlex González Molner, cuya tienda Boo, en Barcelona, ofrece un amplio repertorio de jerséis de hombre: “Hay mil opciones según la lana, el tipo de punto, la forma o el acabado. Por eso es importante tener buenos jerséis de fondo de armario, que sean piezas de calidad y fáciles de combinar, porque nunca fallan. Un jersey negro de cuello redondo en lana merino o cashmere, o un cuello cisne, son imprescindibles. Mi consejo es contar con varios en colores clásicos, porque te sacan de cualquier apuro”. Lo mismo piensa Goyo Otero, propietario de la tienda de moda masculina Sportivo, en Madrid: “Los jerséis nos gustan tanto porque ofrecen comodidad, personalidad y estilo al vestir, y es indudable cuánto favorecen”.

Julie Charvet Robinne, francesa afincada en Madrid, creó hace diez años la marca de punto sostenible L’Envers, que diseña prendas atemporales, tejidas bajo demanda en un taller familiar de Béjar (Salamanca), ciudad con una larga tradición textil. Su firma realiza piezas tanto para hombre como para mujer, por lo que ella se ha ido formado una idea sobre cómo ambos grupos eligen y perciben el punto. “Creo que sí existen algunas diferencias”, explica. “Las mujeres suelen elegir el punto desde una dimensión más emocional, buscando sensaciones de suavidad y confort, para que sea algo que abrigue pero que también reconforte. Y en el caso de los hombres la relación suele ser más funcional: se valora mucho la durabilidad, la calidad del material, la versatilidad y que sea una prenda fácil, que funcione en distintos contextos. Dicho esto, cada vez vemos más hombres interesados en la historia de la prenda, en cómo está hecha y por quién, lo que acerca mucho ambas miradas, así que esas distinciones son cada vez menos rígidas”.

El entonces príncipe Carlos y Dana de Gales en un posado previo a su boda. La familia real británica siempre ha sido una gran aliada del jersey de lana.
Un hombre posa en las islas Shetland con un jersey típico de la zona.
Un hombre posa en las islas Shetland con un jersey típico de la zona.

Hace un par de años, el vestuario del actor Franz Rogowski en la película Pasajes, de Ira Sachs, incluía algunos jerséis de lana tan originales y atractivos que casi distraían de la trama. Estrellas internacionales contemporáneas como Jacob Elordi, Paul Mescal o, sobre todo, Josh O’Connor, también han lucido diseños particularmente llamativos en cuanto a cortes o combinaciones cromáticas. Pero lo cierto es que, en la calle, lo que con mayor frecuencia se ve son los más tradicionales, en colores básicos, lisos o con dibujos sencillos. “No creo que estemos en una época especialmente atrevida en la moda masculina”, considera Àlex González Molner. “Como mucho veo algunos iconos modernos como Josh O`Connor atreviéndose con los jerseys con intarsia [técnica de tejido que permite combinar distintos bloques de color], que a mí me divierten mucho por ese punto retro y desenfadado, o con las versiones más clásicas inglesas con perros o patos, que aportan humor y mucha personalidad”.

En las últimas temporadas se ha extendido los tejidos de ochos, a veces con un tallaje oversized, para contrarrestar su asociación con una imagen de “niño bueno”. También han vuelto a estar de moda los jerséis de Aran -así llamados por su origen en el archipiélago de ese nombre, situado en la costa oeste de Irlanda-, que son muy reconocibles por su color crudo y sus combinaciones de relieves y entrelazados. Steve McQueen lo lució con particular garbo en los años sesenta, pero su revival reciente se produjo gracias al también actor Chris Evans, que lo vestía en la película Puñales por la espalda (2019).

Chris Evans y su célebre jersey de lana en 'Puñales por la espalda'.
El actor Peter Lawford (1923 - 1984) en los años cincuenta.

Del mismo modo, se mantiene la vigencia de los jerséis Shetland, que provienen de otro archipiélago, este en Escocia, y en particular de una de sus islas, Fair Isle. En este caso, su elemento distintivo, además del uso de lana de ovejas locales, es la mezcla de colores y los dibujos geométricos dispuestos a modo de cenefas. Existe una leyenda según la cual esta prenda tan inequívocamente británica tiene origen español: en el siglo XVI, un barco de la Armada habría encallado en la isla, y su tripulación enseñó a la población local a tejer este tipo de patrones. Aunque es una bonita teoría, ninguna evidencia histórica la sustenta. Los jerséis Fair Isle se popularizaron en los años 20 del pasado siglo cuando el entonces príncipe de Gales –otro perdurable icono de la moda masculina que después sería el rey Eduardo VIII y aún más tarde el duque de Windsor- se hizo retratar con un conjunto ganador de jersey, corbata, gorra de cuadros y perrito en el brazo.

Francisco Foraster ofrece una amplia gama de modelos Shetland en su tienda de ropa masculina 305, en la calle Barquillo de Madrid. “Este tipo de lana aquí aún tiene la connotación de demasiado natural o poco sofisticada, y algunos dicen que pica: no es verdad, es maravillosa”, asegura. Suele considerarse que el jersey sugiere comodidad, apego a lo terrenal y cierta querencia por el orden y el concierto. Pero, en opinión de Foraster, también permite comunicar otro tipo de actitudes o posicionamientos personales: ”Puede ser una prenda punk como cuando lo vestía Johnny Rotten, de los Sex Pistols, o grunge como el cárdigan de Kurt Cobain en el Unplugged de Nirvana, o también representar la contención y la elegancia como el jersey cuello caja, siempre en azul marino, de Dries Van Noten. La intelectualidad también se ha servido del jersey para reconocerse: el cuello vuelto recuerda a pensadores y escritores. Y siempre se puede llevar un cuello pico sin camiseta, como el Chase Gioberti de Falcon Crest, para ser un galán de telenovela”.

Steve McQueen en 1960 con un práctico jersey negro de cuello pico.

Pero el jersey también puede utilizarse para comunicar estatus, sobre todo cuando se opta por tejidos como la ligera lana merino (la de estas razas de ovejas que, provenientes del norte de África, llegaron a España en la Edad Media, y hoy están muy extendidas sobre todo en Australia y Nueva Zelanda), la alpaca, la vicuña, el mohair (lana de cabras de Angora, esponjosa y de gran brillo) y el cashmere o cachemira (una suavísima lana de cabra que se cría en China, Mongolia, Afganistán y otros países de Asia central). Este último parece haberse impuesto como un fetiche que sugiere lujo o “alta gama”, pero en esto hay que tener en cuenta que su porcentaje en la composición de la prenda puede ser variable, como también lo es su calidad. Así lo advierte Francisco Foraster: “es difícil encontrar cashmere de buena calidad, que es el de triple capa, es decir, con tres hebras de hilo trenzadas”.

Por su parte, Goyo Otero propone una vuelta a los clásicos: “Para mí esta temporada el jersey ganador es el de pico en lana. Es indudable que los diferentes tipos de lana aportan un plus, y yo creo bastante en el Shetland y el merino de Tasmania”. Y Àlex González Molner apuesta por “esos jerséis especiales que, con solo ponértelos, ya hacen el look”. Su propuesta es la siguiente: “Un jersey de punto rústico tipo Aran, en crudo y con ochos, o el clásico jersey bretón de rayas marineras, tan francés. Tienen ese aire atemporal, un poco nouvelle vague, que siempre funciona. Aunque, a nivel personal, me encantan los cárdigans: me parecen elegantísimos y muy fáciles de llevar. Funcionan igual de bien con camisa que con una camiseta sencilla”.

Por último, Julie Charvet Robinne hace hincapié en la adopción responsable y sostenible de las tendencias de moda: “Ya no se trata solo de elegir y vestir una prenda hecha con materiales de calidad, sino también con un origen claro y un proceso transparente. Es cada vez menos una cuestión de estatus y más una decisión de convicción, incluso política: una forma de apoyar un modelo de moda más lento, más humano y más responsable”.

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Sobre la firma

Ianko López
Es gestor, redactor y crítico especializado en cultura y artes visuales, y también ha trabajado en el ámbito de la consultoría. Colabora habitualmente en diversos medios de comunicación escribiendo sobre arte, diseño, arquitectura y cultura.
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