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Con la bañera en el salón y el Atlántico dentro de casa: la singular reforma de un minúsculo apartamento de Las Palmas

Leticia Romero y Ancor Suárez, de Xstudio, firman un proyecto ubicado en Las Canteras, una de las zonas más demandadas de la ciudad canaria, donde arriesgan para ganar amplitud en esta vivienda de solo 32 metros cuadrados

Con la habitación a un lado, la cocina a otro y sin apenas tabiques, el apartamento ganó en espacio.David Rodríguez

Tras vivir media vida en Estados Unidos y largas etapas en países como Mali, Ancon Nam, de 42 años, decidió que era el momento de volver al lugar que le vio nacer, Las Palmas de Gran Canaria. “Pasé mucho tiempo fuera, pero volví a reconectar”, relata. Supo que quería volver a casa y que, además, lo haría en Las Canteras, una de las zonas de costa más reconocidas de la isla. En 2024 encontró un pequeño apartamento de 32 metros cuadrados, oscuro y antiguo, pero con unas increíbles vistas al océano. Hasta allí llevó al equipo de Xstudio, que diseñó una reforma luminosa que amplía el espacio a partir de compactar los servicios. Y que cuenta con elementos singulares como una bañera fuera del cuarto de baño, un fregadero que ejerce a la vez de lavabo y un juego de espejos que invitan al Atlántico a entrar a casa. “Son soluciones atrevidas, pero correctas y aptas para un lugar así”, cuentan los arquitectos Leticia Romero y Ancor Suárez, que firman el proyecto.

Con tres kilómetros de arena dorada, Las Canteras es una de las playas más apreciadas por los isleños. Como otras muchas zonas, vivió un fuerte episodio de desarrollo urbanístico en los años sesenta —e incluso antes— al ritmo que mandaba el turismo, entonces nacional. Ahí se enmarca el edificio de nueve plantas levantado en 1968 donde Nam encontró el rincón que buscaba. Cuando los arquitectos palmenses Leticia Romero y Ancor Suárez lo visitaron por primera vez encontraron un lugar pequeño, ni triangular ni rectangular, con poca luz debido a los muchos tabiques que tenía, un dormitorio sin vistas y un aspecto muy envejecido. “Para ver el mar había que acercarse mucho a las ventanas”, recuerdan. “Yo quería un diseño que diera amplitud. Y, sobre todo, que no fuese el típico apartamento de Las Canteras, porque aquí tienen todos el mismo look. Buscaba algo más singular y los trabajos previos que había visto del estudio me gustaron, precisamente, por su originalidad”, explica el cliente.

El equipo de Xstudio aceptó el reto. Y lo hizo con experiencia previa, puesto que ya habían trabajado en lugares mínimos en más de una ocasión desde su fundación en el año 2016. Aplicaron la misma filosofía que ya habían utilizado entonces que coincidía con la que quería el propietario: maximizar el espacio existente. “Queríamos deconstruirlo. Liberar todo lo posible la sala de estar y que se adaptara a los distintos usos que puede tener a lo largo del día. Ya fuese para trabajar, ver la tele o comer con amigos”, afirma Romero. Para conseguirlo, se olvidaron de habitaciones y tabiques. Prefirieron ubicar en un lateral toda la franja técnica —baño y cocina, sofá— y a su lado colocaron la zona descanso, con la cama como principal elemento acompañada de sitios de almacenaje. El salón obtenía así amplitud y, también, mucha luminosidad porque unía los dos grandes ventanales de los que dispone la vivienda. “Es como una habitación grande de hotel”, apunta Suárez.

La zona de instalaciones arranca junto a la entrada con el baño, que reinventa el que ya existía anteriormente que, según Nam, parecía el de un avión de tan estrecho que era. Bajo la nueva fórmula, la habitación cerrada quedó con inodoro, bidé y lavadora secadora. Fuera, en un lateral de la sala de estar, se colocó la bañera, que sustituía al antiguo plato de ducha. “A mí me encanta darme algún baño, pero no quería hacerlo en un sitio oscuro. Y esta fue una gran alternativa”, relata Nam. “No sería una propuesta para una vivienda con varios dormitorios, pero aquí el hándicap de la intimidad no existe: por su tamaño es un sitio para una persona o una pareja, así que te da esa posibilidad”, subraya Suárez, que señala que otro factor que lo ha hecho posible es la inexistente mirada de vecinos desde afuera. Para completar la jugada, los arquitectos colocaron un espejo que refleja el Atlántico y permite verlo incluso desde lo más profundo del apartamento.

El lavabo también quedó fuera del baño, esta vez utilizado igualmente como fregadero. “Hoy las casas son más pequeñas y simultanear usos es una forma de conseguir espacio”, exponen los arquitectos. La cocina, fabricada por la carpintería Lomo el Marco, es pequeña, compacta y cuenta con griferías y mecanismos Icónico. El frontal donde suele haber azulejos aquí cuenta con un gran espejo que agranda el interior a la vez que introduce el paisaje en la vivienda. Otro recubre los cuatro lados de la campana extractora para aumentar la luminosidad y jugar con los destellos. “Así se cumple la idea original de meter la costa en toda la vivienda, porque ahora la presencia del horizonte es constante mires donde mires”, cuentan los arquitectos. El lateral se completa —bajo la misma línea de diseño— con un banco que, además de asiento ejerce de almacenaje.

La otra zona, la de noche, está compuesta por una cabina de color verde con cortinas. Tras ellas hay una cama de 2x2, que tiene en el cabecero un área más para guardar cosas. Este rincón incluye otro pequeño ropero y una zona de lectura, que permite la entrada de luz desde el mínimo ojo de patio del bloque. “Es como un regate en corto, todas las funciones están unidas”, añade Suárez, quien matiza que el verde de este rincón es fruto de una larga tarea de pruebas de color y materiales. “Nosotros normalmente apostamos por bloques de tonos y aquí había que hacer combinaciones. Costó: hubo que hacer muchas pruebas para ver cómo influía la luz. El resultado es el final de un proceso de mucho descarte”, subraya el arquitecto. La cocina y la sala de estar tienen un rosa pálido que casi parece blanco. Y la pureza de los muebles a medida dialoga con las imperfecciones del techo.

Tras compactar los servicios en dos franjas, el salón quedó liberado. Es fresco gracias a la renovación de las ventanas y el uso de estores que difuminan la luz directa. El mobiliario —escaso y elegido en su mayoría por el cliente en conversación con los arquitectos— completa la propuesta. El aparador es de HAY, el sillón amarillo suave es de Zanotta, sillas de Nooma y luminarias de & Tradition, de Jaime Hayón. Un soporte móvil de Pedestal permite mover la televisión de un sitio a otro para verla o apartarla en caso de reunión de amigos. “Cuando comes ahí junto a las ventanas es increíble, porque ves el mar prácticamente en una vista panorámica”, celebra el propietario, que aún no lleva un año residiendo en su nuevo hogar y asegura que el minimalismo del apartamento también le da calma. “Me encanta”, sentencia.

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