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La nueva librería de Malasaña que pone en debate la transformación de un barrio marcado por la gentrificación

El artista Alejandro Cesarco inaugura Lawrence, un proyecto diseñado por Lluís Alexandre Casanovas que aspira a democratizar el arte con una cuidada selección de libros y exposiciones

Las paredes de la librería se distribuyen en tres franjas diferenciadas: una línea inferior con espacios de almacenaje en contrachapado de abedul, una zona central pintada de blanco en la que pueden colgarse piezas artísticas, y una superior que muestra el muro desnudo tal y como estaba antes de la reforma.JOSE HEVIA BLACH

Querido lector. No lea. El título de la exposición que en 2016 le dedicó el museo Reina Sofía al artista, escritor y editor mexicano Ulises Carrión (1941-1989) sugería nuevas formas de entender los libros, formas que diluían las fronteras entre autores y lectores. En la calle San Mateo del madrileño barrio de Justicia, en ese límite también impreciso entre Malasaña y Salesas, acaba de abrir un espacio difícil de clasificar: no es exactamente una galería pero expone arte, y tampoco una librería en el sentido convencional aunque venda libros. Se llama Lawrence y es la nueva iniciativa de Alejandro Cesarco (Montevideo, 51 años), artista uruguayo que desde 2022 vive en Madrid. Se especializa en libros de artista y su muestra inaugural está dedicada a la labor editorial de Carrión, cuyas obras pueden contemplarse en la gran mesa-expositor que ocupa el centro del local.

Lawrence ocupa unos cuarenta metros cuadrados que durante décadas fueron una papelería de barrio y después una galería de arte llamada, precisamente, La Papelería, que cerró el pasado año. Su entorno inmediato conforma uno de los distritos artísticos más activos de la ciudad, con las galerías Elba Benítez (que representa en España la obra de Cesarco), Travesía Cuatro, Ehrhardt Flórez y La Cometa; a ellas se suma The Ryder, recién trasladada desde su antiguo local en Lavapiés. No muy lejos se encuentran también Elvira González, Prats Nogueras Blanchard, Espacio Valverde o Pedro Cera. Nada lejos, donde estuvieron las hoy desaparecidas Soledad Lorenzo y Marlborough, queda la nueva sede de Ivorypress, el proyecto artístico y editorial de Elena Foster, con una librería que presenta algunos puntos en común con Lawrence; de hecho, es casi su versión hipervitaminada.

Hablamos de un territorio donde las tensiones gentrificadoras se han vuelto especialmente visibles: a dos minutos caminando estaba la librería Tipos Infames, que hace unas semanas anunciaba un cierre atribuido a la decisión a la presión inmobiliaria y a los cambios en el barrio. Así que la aparición de Lawrence introduce una nueva variable en un paisaje cultural delicado. Pero Cesarco aclara que el proyecto no responde a un movimiento oportunista o estratégico sino a una continuidad natural de su trabajo: “Mucho de lo que hago tiene que ver con el libro como tecnología: qué permite pensar o sentir, cómo distribuye la información, cuál es el poder de las historias”, explica. “Eso se expresa en mi obra, en la fundación que dirijo en Nueva York y ahora también en este espacio”.

Hace más de veinte años que Cesarco está al frente de Art Resources Transfer, fundación neoyorquina dedicada a publicar y distribuir gratuitamente libros de arte en lugares como bibliotecas y prisiones. Cada año hace circular alrededor de 25.000 ejemplares por unas 600 instituciones estadounidenses. El salto hacia una librería física surgió de la observación de su entorno. “Me llamó la atención que en Madrid no hubiera muchas librerías específicamente dedicadas al arte”, dice. “Hay tiendas de museos o tipo lifestyle, pero no algo como esto”. Pudo ponerla en pie gracias a varios galeristas: su socio es Ricardo Ocampo, con quien Cesarco trabaja en W, su galería en Buenos Aires, y tiene detrás a Garzón (otra galería, uruguaya), pero también cuenta con apoyo adicional de la propia Elba Benítez.

Cuando supo que el pequeño local de San Mateo quedaba libre, Cesarco decidió lanzarse: “Me gustaba esa proporción íntima, que me obliga a hacer una selección de libros muy acotada”. Esa selección responderá a sus propios intereses. Por otro lado, el nombre de Lawrence homenajea al artista conceptual estadounidense Lawrence Weiner, amigo suyo, fallecido en 2021, cuyas obras textuales empleaban una reconocible tipografía: la misma que Cesarco ha aplicado al letrero del local, gracias al permiso otorgado por la hija del creador. El cartel de espejo, por cierto, lo encargó a un artesano especializado.

Ha respetado la distintiva carpintería roja de la entrada. En general, las intervenciones de la reforma han sido muy restringidas, por motivos tanto conceptuales como presupuestarios, como señala su responsable, el arquitecto y comisario de arte Lluís Alexandre Casanovas: “Decidimos hacer lo mínimo y trabajar para que fuera a la vez una galería y una librería, que en principio tienen requerimientos muy distintos”. Domina el espacio la gran mesa central con ruedas que exhibe libros y demás obra, y que puede retirarse para organizar encuentros o debates en el local. Las paredes, muy altas, se distribuyen en tres franjas diferenciadas: una línea inferior con espacios de almacenaje en contrachapado de abedul, una zona central pintada de blanco en la que pueden colgarse piezas artísticas, y una superior que muestra el muro desnudo tal y como estaba antes de la reforma.

El proyecto aspira a reunir publicaciones que circulan poco dentro del territorio español. “Hasta ahora, si querías un libro de un museo como Artium, que está en Vitoria, tenías que ir allí”, señala Cesarco. “Pero me interesa que desde ahora quien venga aquí pueda entender qué está pasando en distintas instituciones del país”. Él lo concibe como una forma de difusión cultural y de actividad creativa. “Para mí es una extensión de mi obra. No hay corte”, asegura. “Es como una performance larga. De alguna forma, estoy jugando a ser librero”.

Lluís Alexandre Casanovas invoca una cuestión importante cuando asegura que su obsesión era que su diseño elegante y minimal “no pareciera un café de especialidad”, justamente en una zona en la que abundan estos establecimientos –o los que venden gildas prohibitivas−, convertidos en territorio para una creciente comunidad de expats, como causa y síntoma de los nuevos procesos de gentrificación y turistificación. Pero no es ese su público objetivo. “Queríamos distinguir Lawrence de las mil cosas que hay por aquí y que quieren ser rollo Brooklyn”, afirma. “Por ejemplo, usamos una iluminación menos ambiental, de galería, que no produce sombras, aunque al mismo tiempo resulta agradable para leer. Luego, todos los muebles se han hecho a medida, y van encajados al milímetro, lo que parece fácil pero ha sido un coñazo, por lo irregular del espacio. Los carpinteros lo han construido todo in situ”.

Prosigue Casanovas: “En cuanto a lo de la gentrificación, es un tema complejo, como se vio con el cierre de Tipos Infames. Por las críticas que ellos recibieron, parece como si los barrios ahora tampoco pudieran tener librerías. Y es muy difícil estar en el centro de la ciudad sin participar de estos procesos. Por otro lado, lo que busca el libro de artista que aquí se vende es democratizar la obra de arte. ¿Es esto una exoneración? Pues quizá no, no seamos ingenuos. Pero intentamos hacer las cosas de manera diferente”. A lo que añade Cesarco: “Tipos Infames asociaban su cierre a la gentrificación, pero de alguna manera ellos formaban parte de ese proceso. ¿Yo también lo hago? [Piensa un largo rato]. Puede que sí, pero, ¿cuál sería una alternativa? ¿No abrir una librería? ¿Mejor una mercería, o algún otro negocio costumbrista? El problema es legislativo, estructural y muy serio”. Y por fin retoma Casanovas: “Este es un barrio donde han vivido artistas, así que tiene cierta tradición que la librería prolonga. La entendemos desde una voluntad de aportación; por lo demás, no creo que este vaya a ser un negocio muy lucrativo para Alejandro, francamente”.

Las próximas exposiciones ya están en preparación: una selección de trabajos sobre cuerpo y lenguaje a cargo de la investigadora Mela Dávila, y otra dedicada al diseñador italiano Enzo Mari, en las que Cesarco trabaja en paralelo a la retrospectiva de Félix González-Torres que también comisaría para el Reina Sofía, y que se inaugura en mayo. De momento, Lawrence solo abre tres días por semana —jueves y viernes por la tarde, y sábados por la mañana— aunque el horario podría ampliarse si el proyecto prospera.

“Queremos generar una comunidad, un espacio de puertas abiertas donde haya conversaciones, lanzamientos de libros y otros eventos que no dependan solo de mí y de mi gusto o afinidades”, concluye Cesarco. “Esto no está planteado como un negocio”.

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