“Ya es insoportable, no sé quién puede vivir en un lugar así”: ¿ha llegado el fin del Dopamine Decor?
Varias expertas analizan el futuro de este fenómeno de la decoración surgido en redes sociales basado en muebles de colores saturados, curvilíneos y formas amables que apelan a la emoción


En 2023, un término comenzó a expandirse a toda velocidad por la parrilla de TikTok. Con la palabra Dopamine, aplicada a la decoración, se gestó en esta red social un estilo exento de discreción en pro de los colores saturados, las formas curvas y cualquier elemento lúdico que fortaleciera la manera de estos prescriptores zetas de acercarse al diseño desde una emoción positiva. Algo parecido a lo que este neurotransmisor genera en el cerebro cuando lleva a cabo actividades placenteras. Una terapia de choque ante la supremacía del color beige, los espacios funcionales y el macrominimalismo que los millennials habían hecho suyo décadas atrás.

Los profesionales en la materia abrazaron con entusiasmo el color para romper con el aburrimiento visual de los últimos años. “Fue tendencia [el beige] durante un tiempo pero ahora resulta monótono y carente de personalidad. Este estilo a menudo dejaba espacios sin carácter”, explicó entonces a este diario el interiorista Fabián Ñíguez.

El impulso del maximalismo ecléctico como tendencia definitoria de ese mismo año, un estilo abierto al juego y la ensoñación que invita a vivir lo heterogéneo y a aplaudir la teatralidad, se convirtió en el mejor escenario posible para que el Dopamine Decor, que en ocasiones roza lo infantiloide, fuera visto por el sector como un camino interesante en sus proyectos, pero siempre dirigido a un público muy concreto. “Ha sido una tendencia muy visible en los últimos años, pero especialmente en redes sociales y en proyectos residenciales y comerciales dirigidos a la Generación Z.”, explica Loli Moroño, Directora Creativa de PF1 Interiorismo Contract, especializada en el sector Hospitality.
Su origen post-crisis, prosigue la experta, es evidente: tras situaciones colectivas difíciles como la pandemia, conflictos bélicos o crisis económicas, el diseño suele reaccionar buscando optimismo, alegría y estímulos positivos. “El Dopamine Decor es un ejemplo perfecto: implica colores vivos, formas divertidas y materiales brillantes diseñados para levantar el ánimo y aportar vitalidad a los diferentes espacios”.

“Como muchas microtendencias, el Dopamine Decor responde a un momento concreto. Surgió como una reacción emocional a una época marcada por la pandemia y la incertidumbre. Decorar se convirtió en una forma de escapar de un mundo serio y lleno de normas, y también en una manera de expresar libertad: rodearse de lo que gusta sin pensar si combina o no”, reflexiona Anna Uchevatova, arquitecta rusa y miembro del estudio de interiorismo Se.Studio.

En paralelo, gigantes de la decoración accesible como Ikea, que ha respaldado el movimiento desde sus comienzos, hacían llegar a un público más amplio los nombres propios del Dopamine Decor. Es el caso de la colaboración diseñada el pasado otoño junto a Gustaf Westman, uno de los ideólogos del movimiento que se hizo viral en Instagram por sus espejos ondulantes, imitados hasta la saciedad y objeto de uno de los ejercicios de bricolaje más replicado en redes de los últimos tiempos. Algo similar a la obsesión por la sección deco de Anthropologie o Urban Outfitters que vivimos en la generación anterior.

El propio apartamento en Estocolmo de Westman es un ejemplo milimétrico de lo que es la decoración Dopamine, orquestado por la obsesión de este treintañero sueco a la hora de convertir los espacios habitacionales en un patio de juegos, rodeándose de juguetes para adultos en forma de muebles y menaje con el mismo brillo plasticoso que el de un mecano. Una zona de recreo que él mismo etiqueta como Chunkiness, término que alude a la forma robusta y voluminosa de sus piezas, y que generó una necesidad vital en toda su generación de conseguir una de las piezas de esta colección. Agotada en apenas unos días, triplicó sus precios en la reventa, como narra la creadora de contenido Isabella Breukers.
El menaje pop de &k amsterdam, las mesas zigzagueantes de Pols Potten, los textiles de Nooma, las velas circenses de Maison La Bougie, o los cojines de bouclé esféricos en un homenaje pastel al grupo Memphis –disponible en el catálogo de Westwing– son otras piezas codiciadas por los amantes del movimiento. Otro ejemplo es la reciente colección Design with love de Flying Tiger Copenhagen, formada por recipientes de cristal coloridos y curvos que ponía en valor su compromiso con un diseño reflexivo, alegre y accesible. Creadas para aportar alegría cotidiana y calidez festiva a cualquier hogar, su objetivo no podía encajar mejor en la filosofías Dopamine.

Pero como en cualquier ciclo natural, y con la fugacidad de contenidos que vivimos en el presente, todo lo que se pone de moda dejará de estarlo tarde o temprano, y parece que ha llegado el momento de decir adiós al Dopamine Decor. Con el recién nombrado Pantone 2026, el primer blanco de toda su historia bautizado como Cloud Dancer que pretende ser un “susurro de tranquilidad y paz en un mundo cada vez más ruidoso”; o el ascenso de tendencias totalmente antagónicas como el japandi, que fusiona el minimalismo japonés con la calidez escandinava, del lujo silencioso, la biofilia o el New Déco (una reinvención moderna del art déco que defiende la opulencia de los metales dorados y el terciopelo bajo un diseño más austero y sostenible), pronostican una perdida del interés por el dopamine en todos sus formatos.

“Es un estilo muy saturado y estas cosas en el medio plazo cansan. La gente apuesta por espacios relajados que ayudan a descansar la mente y la vista. Nuestra vida en general ya es bastante agitada como para llegar a casa y activarnos aún más”, explica Silvia Trigueros. La arquitecta de interiores española, fundadora de su estudio homónimo, apunta al exceso de color, unido a la saturación de los espacios con decoración, como el gran fallo de este estilo decorativo: “Visualmente es agotador pasar mucho tiempo en un espacio así. Es divertido utilizar elementos atrevidos o que contrasten, pero si los combinas con piezas más minimalistas el resultado es mucho mejor” .
Otro de los errores que ha marcado su final, según apunta Uchevatova, fue su escasa base formal. “A diferencia de otros estilos, el Dopamine Decor no se apoya en reglas de arquitectura, ergonomía o equilibrio visual. Su base es la emoción. Y aunque eso lo hace atractivo, también lo vuelve frágil”. Las emociones intensas, prosigue, no pueden mantenerse durante mucho tiempo y terminan cansando. Por ello, muchos interiores creados bajo esta tendencia tienden a saturarnos. “Además, en muchos casos se ha priorizado la imagen sobre la calidad. Piezas llamativas, pero poco duraderas, pensadas más para ser fotografiadas que para acompañar la vida diaria”, apunta.

Virginia Gash, interiorista y nombre recurrente en cada edición de Casa Decor, recalca también la falta de equilibrio en el uso excesivo del color como una de las causas de su final. “La apuesta por la identidad visual por encima de la funcionalidad puede volver estos espacios poco prácticos y confortables”.
“Es un estilo que funciona muy bien en imágenes: es colorido, sorprendente y fácil de reconocer. Por eso se volvió tan popular en plataformas como Instagram”, señala Uchevatova. El público concreto al que va dirigido, sin embargo, también muestra signos de agotamiento. La creadora de contenido Sara, especializada en decoración, así lo anunciaba en uno de sus vídeos de Tik Tok citando los muebles curvilíneos en colores vibrantes, y el diseño de Gustaf Westman en concreto: “Ha molado ver tanto color pero esto ya es insoportable, no sé quién puede vivir en un lugar así”. Más que un estilo pensado para durar, ha sido una forma de expresión visual y personal, incide Uchevatova. “Pero cuando la sorpresa desaparece, la tendencia empieza a perder sentido”.

Cómo abrazar el Dopamine Decor en 2026
Aunque la chispa del color no se extinguirá por completo, la tendencia será apostar por bases neutras que no comprometan la sobriedad del proyecto, como muestra el interiorismo creado para el hotel Eurostars Lisboa Baixa. “Blancos luminosos, tonos terrosos y naturales, azules suaves y acentos joya aportan amplitud, calidez y personalidad”, señala su precursora, Loli Moroño.
Algunos elementos del Dopamine Decor, prosigue la creativa, como los tonos intensos o piezas expresivas que denotan gran personalidad y emoción —en forma de un sillón, una lámpara o un objeto de gran tamaño, por ejemplo—, se emplearán de manera puntual y estratégica dentro de estilos más sobrios. “No forman parte del estilo principal, sino que funcionan como acentos decorativos o herramientas emocionales, aportando energía y dinamismo en puntos estratégicos sin saturar ni alterar la armonía del espacio”.

Diferenciar entre espacios donde prime la paz y la concentración como el dormitorio, un rincón de lectura o trabajo; frente a otros en los que podamos desarrollar una decoración más atrevida –el caso de una entrada, cocina o baño– es para Virginia Gash la clave con la que reciclar esta tendencia en 2026. Contener el color o utilizar una paleta más profunda, añadir texturas que aporten personalidad sin cansarnos o bien objetos decorativos que nos conecten con la naturaleza también forman parte de su etapa futura.
“Al final, el verdadero aprendizaje de esta tendencia es entender que la emoción es importante en el diseño, pero también lo es el equilibrio. La clave está en saber cuánto y dónde”, señala Uchevatova.
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