Inapelable ‘pole’ de Russell en un GP de Australia que confirma el tremendo impacto del nuevo reglamento
El Mundial que arranca en Melbourne confirma la pegada del motor Mercedes, que copa la primera línea de la parrilla. Alonso es 17º y Carlos Sainz, 21º

Una de las frases que más cachondeo generaron dentro del paddock de la Fórmula 1 durante los ensayos invernales la soltó Fernando Alonso: “Hasta el chef del equipo podría conducir este coche”. El asturiano no se refería ni a la hipotética habilidad al volante que pueda tener el cocinero de Aston Martin, ni a la indudable flojera del AMR26. Alonso resumió el sentimiento generalizado de la parrilla ante los monoplazas que formarán este domingo en la parrilla del circuito de Albert Park (05:00 horas, Dazn), donde se pone en marcha otro Mundial, este, marcado por el cambio en el reglamento técnico más agresivo de las últimas décadas. En resumen, los coches pierden volumen y eficiencia aerodinámica; la parte eléctrica del motor y la de combustión se equilibrarán (50%), y se estrenará un combustible completamente sostenible. Los dos primeros elementos tendrán un impacto trascendental en la naturaleza de las carreras; el tercero, más cosmético. Y en última instancia habrá que ver qué efecto tiene todo ello en los aficionados y en la curva de afiliación a un certamen que está de dulce para gracia de Liberty Media, que no deja de firmar contratos y conseguir imposibles. Lo último, que Apple TV y Netflix, dos plataformas de ‘streaming’ que son competencia directa, lleguen a un acuerdo para que ambas puedan ofrecer pruebas concretas, empezando por el Gran Premio de Canadá, en mayo.
Que el promotor del gran circo ha dado en la diana en las decisiones comerciales que ha tomado desde que estalló la covid es una evidencia. Sin embargo, no está tan claro que el rumbo sea el mismo en lo deportivo, al menos si uno se guía por los comentarios de los pilotos, sobre todo de los que tienen más peso. Casi tan irónico como el asturiano se ha manifestado Max Verstappen. “Diría que los monoplazas se han convertido en coches de Fórmula E, pero con esteroides”, ironizó el holandés, en su intervención en el podcast ‘Up to Speed’, en el que no tuvo ningún filtro en reconocer que esta nueva naturaleza de bólidos le invita a pensar que su trayectoria en el campeonato, después de 11 ejercicios completos y cuatro títulos encadenados, no se alargará mucho más.
“Estos coches no son tan divertidos de conducir, porque, en resumen, todo se basa en administrar”, añade el tetracampeón, víctima de los caprichos de estos nuevos motores: el buque insignia de Red Bull terminó contra las barreras en la primera eliminatoria de la cronometrada (Q1), tras bloquear las ruedas traseras en la entrada de la primera curva, seguramente por haber calibrado los técnicos un reparto de frenada más acentuado hacia el tren posterior, como estrategia para que las baterías recarguen más. Mercedes copó la primera línea, con George Russell en la pole y Kimi Antonelli, el segundo, circunstancia que ratifica la superioridad de las Flechas de Plata que ya vaticinó la pretemporada. Isack Hadjar, compañero de Verstappen, se colocó el tercero, por delante de Charles Leclerc (cuarto). Lando Norris, el actual campeón, no pudo pasar de la sexta posición, justo por delante de Lewis Hamilton. Fernando Alonso se quedó a un paso de pasar a la segunda criba (17º), y Carlos Sainz (21º) ni siquiera pudo arrancar por una avería en su Williams.
Históricamente, la tabla de tiempos se ordenaba a partir del talento, mezclado con la inconsciencia de los corredores llegado el momento de pisar el pedal del acelerador. Hasta ahora, momento en el que esa gestión se ha convertido en el factor determinante para acercarse al éxito. En los últimos años, ese manejo estaba centrado en la degradación de los neumáticos, por aquello de disponer de un abanico más amplio de opciones estratégicas. Ahora todo depende de la administración de la energía eléctrica que el propulsor es capaz de almacenar, en marcha, para después emplearla cuando al piloto más le convenga. Y en eso, el contraste entre unos fabricantes y otros es tremendo en estos momentos, con el nuevo marco normativo recién horneado. Como se evidenció en Melbourne, la punta de la pirámide la ocupa Mercedes, y en el extremo menos favorecido de la cuerda se encuentra Honda, que suministra la unidad de potencia de Aston Martin.
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